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   Capítulo 305 Pero cariño, estás llorando (segunda parte)

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 5921

Updated: 2019-06-13 00:35


"Cariño, ¿sucede algo?", Edward tomó las manos de Rocío y las sostuvo entre las suyas, quería volverse hacia ella y ver qué le pasaba. ¿Por qué estaba ella en su oficina a esa hora? Recordó que tenía un informe que escribir y quizá ya lo había terminado.

"No te muevas, quiero quedarme así por unos instantes". Rocío sintió que se movía para intentar volverse y apretó más los brazos alrededor de su cintura, cerró los ojos deleitándose con el suave aroma de jazmín que emanaba de él. Se dio cuenta de lo reconfortante que era saber que tenía alguien en quien podía confiar cuando algo le afligía. Era como si no importara nada más y sentía que todo iría bien mientras él permaneciera junto a ella.

"Pero ¿qué fue lo que pasó?", preguntó Edward con la voz más suave que nunca y sin moverse, tal como ella le había pedido. Se dio cuenta de que era la primera vez que ella se mostraba vulnerable frente a él, y aquello era muy raro ya que siempre parecía firme y decidida. Se preguntó qué habría sucedido en la base militar. ¿Se habría metido en algún problema a causa de un mal informe? ¿O alguien le volvió a arrebatar su ascenso? La última vez que ella llamó a Julio y lloró al teléfono fue a causa de esto, pero no tenía sentido, los ejercicios militares acababan de terminar y aunque no estaba familiarizado con el funcionamiento del ejército, sabía que era demasiado pronto aún para que se supieran ya los resultados. Entonces, ¿qué demonios estaba pasando?

"No preguntes, no quiero hablar de ello". No sabía cómo decirle que había sido acusada por alguien, especialmente porque había prometido que no haría nada que pudiera interferir en la investigación. Y además, no estaba segura de que Paula estuviera detrás de todo esto y si Edward llegara a enterarse, seg

eo por dentro, algo increíble y conmovedor. Él estaba allí, frente a ella y con un beso suave había saboreado su tristeza y la había llenado de un profundo afecto. El contacto cálido de sus labios le trajo una clase de dicha que nunca antes había experimentado y

en el instante en que alcanzó su boca, ella se rindió completamente la dulzura de aquel beso. Se comportaba con tanta delicadeza hoy que ella podía sentir cómo sus labios temblaban levemente. ¿Se sentía triste por ella? ¿Acaso la compadecía? No era capaz de descifrar sus sentimientos, pero nada de eso tenía importancia en ese momento, porque lo único que deseaba era sucumbir a la tentación y ahogarse en su amor.

Edward no podía ser más cuidadoso en aquel momento. Recorrió sus labios y su lengua con decisión y, sin embargo, no había lujuria en su beso, lo único que quería era ahuyentar sus lágrimas y devolverle la felicidad. Ella siempre tenía un espíritu de lucha y nunca se mostraba en una posición vulnerable y aquella cara débil le resultaba extraña a Edward. La extrañeza le llegó tan de súbito que por un instante se quedó en blanco mientras algo inusual se extendía sin control por todo su cuerpo.

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