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   Capítulo 313 De gata salvaje a gata de carbón (Segunda parte)

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 5389

Updated: 2019-06-14 05:42


Él besó sus labios suavemente, su habitual indiferencia había desaparecido y ahora su débil cuerpo era una imagen delicada, ella era como cualquier otra mujer, suave y frágil, lo cual casi rompía el corazón de Edward.

'Mi gatita salvaje, ¡pronto estarás bien! No puedo acostumbrarme a tenerte a mi lado tan silenciosa, prefiero que uses toda tu furia sobre mí, al menos estarías animada. Supongo que sólo soy un sadomasoquista, pero me encantaría tenerte encima de mí todo el día, dime, ¿estoy siendo demasiado insaciable?', pensó él.

Edward no comió mucho durante la cena, probablemente porque estaba preocupado por su esposa, después de unos cuantos bocados, subió con ella y dejó a Pol solo con una mesa repleta de comida. El invitado no estaba contento, murmurando para sí mismo que gracias a Dios, Rocío sólo tenía fiebre, si fuera una enfermedad grave, él hubiera tenido que darse por vencido y enviarla a un hospital.

La noche se le hizo eterna a Edward, le estaba dando medicamentos a su esposa, cambiando la ampolleta intravenosa y limpiándose el sudor mientras respondía a sus murmullos espontáneos. Apenas tuvo un momento para relajarse, pero Pol no apareció ni una sola vez mientras Edward no lo llamara, este supuso que debía haberse quedado dormido en la habitación de invitados.

Cuando la temperatura del cuerpo de Rocío volvió a la normalidad, Edward estuvo demasiado cansado para continuar, así que le cambió cuidadosamente su pijama, abrazó a su mujer, cerró los ojos y se quedó dormido por el agotamiento.

El despertador interno de Rocío hizo que se despertara a su hora habitual, ab

cansado de Edward. antes de que Rocío se diera cuenta, su mano ya estaba acariciando el rostro de su marido. A ella no le gustaba cuando él fruncía el ceño, así que cuidadosamente pasó sus dedos entre las cejas de Edward.

"Estuviste ardiendo toda la noche. debes estar hambrienta, te traeré unas gachas de avena, el mayordomo las ha mantenido calientes para nosotros", Edward tomó su mano, pidiéndole a su mujer que comiera algo.

"¡No! Duerme un poco más, claramente no dormiste bien porque estuviste al pendiente de mí, además, debería prepararme para el trabajo de todos modos", mientras hablaba, Rocío trató de levantarse, pero Edward envolvió sus brazos alrededor de su cintura.

"No te vayas, de verdad estás enferma, no puedes ir a trabajar así. Quédate a descansar en casa, ya llamé a la base militar por ti", Edward nunca detuvo a Rocío con su trabajo, fue su promesa desde el principio, pero no podía permitir que descuidara su salud. Edward insistía en esto, así que la noche anterior había hecho que Marco llamara por ella para avisar que estaba enferma.

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