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   Capítulo 346 No te odio (Segunda parte)

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 5530

Updated: 2019-06-19 11:19


"Brian, es solo un pequeño malentendido. Olvídalo. Me encargaré de eso". Leo intentó consolar a su hijo. No tenía intención de explicárselo todo, pues pensaba que aún era demasiado joven para entenderlo.

"¿Un malentendido?", Rocío esbozó una amarga sonrisa; parecía devastada y exhausta. '¿Es eso lo que piensa de mí y cómo justifica lo que hizo? Un simple malentendido. ¿Por qué lamentarme por no tener un padre, especialmente cuando el mío es tan despreciable? No vale la pena', pensó Rocío para sí.

"Papá, me decepcionó la forma en que tratabas a Rocío cuando era niña. Por favor, no hagas que te odie. Un malentendido, ¿en serio? Ya entiendo. No se me hace extraño que la última vez que nos encontramos, Rocío haya fingido no conocerme. ¡Esa fue la razón!". Brian trató de aguantar las ganas de llorar. Sabía que las cosas no serían tan simples como parecían; sin embargo, nunca esperó que la verdad fuera así de horrible. En ese momento, ni siquiera sabía qué podía hacer.

Edward no dijo nada, y tomó a Rocío con mucha fuerza. Ella no le había dicho que ya conocía a Brian. Al ver su feliz encuentro, Edward pudo notar que realmente amaba a su hermano menor. Y, aún así, la ultima vez que se encontraron, tuvo que fingir que no lo conocía. Para Edward, no fue difícil imaginar lo doloroso que había sido todo para ella. Pero aun así lo hizo, ¿no? De nuevo, su valentía le rompió el corazón a Edward.

"Brian, ¿cómo pudiste hablarle así a tu padre? ¡No sabes nada!". Yasmina, duramente, interrumpió a su hijo. No tenía la menor idea de que Leo hablaría con Rocío nada más que se giró, simplemente se alejó un poco porque, por una parte, se sint

a burlarse. ¿Lo acaba de amenazar esta bruja? ¿Sabía acaso lo que le esperaba?

"Cariño, no le hagas caso. Vámonos. ¿No tienes muchos clientes para atender?", con voz cansada, Rocío detuvo a Edward. De repente se dio cuenta que Edward había sido testigo, una vez más, de su fracasada vida. Hubiera querido que no lo hiciera. Deseaba que la amara por lo que era y no porque sintiera lastima por ella.

"Los clientes no son importantes, ¡tú sí lo eres!", le dijo sinceramente. No le importaba que los oyeran y los envidiaran. Había perdido mucho tiempo sin darse cuenta de lo que era importante para él. Finalmente había encontrado el tesoro invaluable de su vida: su esposa y su hijo.

El único momento agradable que Brian había sentido en toda la noche, fue cuando se reconcilió con Rocío. Por lo tanto, cuando Edward se fue con ella a saludar a otros invitados, sin dudarlo, el chico se retiró de la fiesta. Se había dado cuenta de muchas cosas en una noche, y necesitaba tiempo para pensar. Brian pensó entonces en la promesa que había hecho al niño; se dibujó en sus labios una tierna sonrisa.

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