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   Capítulo 362 ¿Tienes las agallas para decirlo de nuevo

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 9916

Updated: 2019-06-23 11:23


Rocío se apoyó débilmente en un árbol que se encontraba a la orilla del sendero y pensó para sí misma: '¿Estaré loca? ¿Por qué me estoy comportando tan emocional?'. No tenía la menor idea de cómo confrontaría a Edward más tarde. Realmente quería escapar, pero temía que Edward se enojara si no la veía ahí. Ella pudo sentir la rabia de él por la forma en que le gritó por teléfono unos momentos antes.

Rocío se mordió los labios mientras se preguntaba: '¿En qué momento me convertí en una estereotipada mujer sentimental? Es un hombre exitoso, debí haber imaginado que no era tan piadoso como lo parecía. ¿Cómo pude hacer brotar su maldad reprimida?'.

Edward aceleró su auto a tope. Afortunadamente no era hora pico por lo que condujo con bastante comodidad. Cuando salió del centro de la ciudad comenzó a bajar la velocidad para evitar cualquier contratiempo. Lucas iba manejando como loco detrás de él para no perder de vista su auto.

Ojos azules, nariz respingada, labios suaves y una barbilla escultural; su hermoso rostro lucía atractivo incluso cuando estaba enojado. Edward movió los labios con dificultad y comenzó a sentir una punzada en el corazón. '¿Acaso ella me estaba culpando?', pensó para sí mismo. 'Quizás me desprecia. ¿Pensara que soy soy un hombre lascivo porque me he acostado con innumerables mujeres?'.

Sin embargo, lo que Rocío no sabía era que aunque su marido solía aparentar un mujeriego, solo se había acostado con algunas de esas mujeres. El resto eran solo una tapadera para confundir a la gente y creyeran que era un donjuán promiscuo.

En realidad Edward había hecho todo eso para llamar la atención de sus padres. Y a pesar de saber que estaban viajando por todo el mundo, Edward también sabía que lo estaban vigilando. Llevaba deliberadamente una vida disoluta para que se preocuparan por él. Pero al final todo fue en vano porque se demostró que para ellos ese comportamiento no tenía la menor importancia.

Edward nunca dudó del poder del verdadero amor; y sus padres eran la prueba viviente del amor eterno. Nunca antes había conocido a alguien que pudiera jalarle las riendas, de tal forma que el tema del amor estaba fuera de discusión. Sin embargo, una buena mañana hacía unos meses, Rocío apareció de repente, sin saludos, sin explicaciones, incluso sin mirarlo; simplemente le dejó a Julio y se fue. Ella era arrogante y distante como un dulce y frío invierno. Edward se sintió atraído por la personalidad de Rocío, y justo en ese momento notó que algo en su corazón había cambiado.

Poco a poco comenzó a acercarse hacia ella, y con cada paso sentía como si el corazón se le fuera a salir. Hizo todo lo necesario para mantener a Rocío en su vida; incluso renunciar a su estilo de vida anterior. Al poco tiempo su amor se volvió tempestuoso; como si él hubiera caído en una trampa tendida por ella. Sin embargo Edward no tenía planeado escapar de allí. Por el contrario, él estaba dispuesto a ser prisionero de ese

simismada en sus pensamientos, de tal forma que no se dio cuenta cuando él bajó. Era difícil adivinar sus pensamientos a través de la profundidad de su ojos, pero el sarcasmo en su bello rostro era bastante evidente.

Edward creyó que Rocío se le acercaría para explicarle su arrebato por teléfono. Ya había esperado bastante tiempo, pero ella no se movió. Finalmente él decidió actuar a pesar de que sus pies aún se sentían un poco adormecidos. Afortunadamente, pudo recargarse en la puerta del auto. Edward realmente quería arreglar las cosas con Rocío, quien aún parecía estar molesta.

El hombre se rió de sí mismo y pensó: 'Edward, gracias a Rocío, has experimentado miles de primeras veces; te tragas tu orgullo, valoras sus lágrimas; controlas tu actitud, te pones frenético, sientes angustia, das el primer paso, amas, odias y disfrutas cada instante de todo eso'.

"Me dijiste por teléfono que me quedara donde estaba". Rocío murmuró con una mirada inocente en su rostro. Tenía miedo de hacer contacto visual con los afilados ojos de su marido, así que solo jugaba con la punta del zapato con una pequeña roca que estaba en el suelo. Ella no sabía por qué le tenía tanto miedo a Edward. Aunque ella era coronel y se suponía que no debía sentir miedo, siempre seguía y cumplía todas sus órdenes. Quizás eso se debía a que Rocío lo amaba intensamente, ¿cierto?

"¡Puff! Rocío, ¿estás segura de que no le jugaste al tonto para obtener tu título militar? No puedo creer que hayas obedecido una orden tan estúpida. Nunca te había visto comportarte tan respetuosamente como lo has hecho hoy", dijo Edward y sonrió; esa fue la primer sonrisa relajada en su rostro desde que había llegado. Todas sus quejas y su desconfianza se habían desvanecido gracias a las cándidas palabras de Rocío. Esas palabras también le recordaron el porqué se había enamorado con tanta desesperación de una mujer tan fría y terca. Estaba fascinado con la ingenua mirada en el rostro de Rocío.

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