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   Capítulo 397 ¡Ahí no! Más abajo (Segunda parte)

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 6807

Updated: 2019-07-02 00:12


"¿Dónde? ¿Aqui?". Rocío no esperaba que Edward se burlara de ella en este momento, porque realmente creyó que estaba herido. Ella, muy obediente, siguió sus instrucciones y movió sus manos más abajo, cuando llegó a su cinturón, de repente se dio cuenta de que algo andaba mal. Se sonrojó y al instante retiró sus manos como si se hubiera quemado. Sin dudarlo, levantó la pierna e intentó darle una patada, pero Edward lo anticipó esta vez y se apartó habilmente para esquivar el ataque de un suspiro. '¡Sigue siendo tan violenta como siempre!', pensó. Por suerte, estaba preparado esta vez.

Aunque había subestimado la ira de su esposa, ya que le lanzó un puño a la cara tan pronto como él esquivó su patada. Edward no podía creer que esta mujer violenta y despiadada era la misma persona que hacía unos minutos estaba apoyada sumisamente contra su pecho y besándolo tiernamente.

Muy bien, tal vez fue demasiado lejos. Edward se movió hacia un lado para evitar su golpe.

"Epa, la cerdita se convirtió en una gata salvaje". Sabía muy bien que sus palabras solo la molestarían más, pero no pudo evitar burlarse de ella. Quería ver su cara de enojada, pues a pesar de que amaba su lado dulce y gentil, también le gustaba verla tan enérgica y salvaje.

Como era de esperar, Rocío lo golpeó de nuevo, pero esta vez rápido y duro. Si no fuera porque el espacio era demasiado limitado, podría haberse preparado para una buena lucha contra él.

"Bien, bien, para, estoy cansado". A veces, rendirse no significaba perder, y era solo otra forma de obtener lo que quería.

"No te atrevas a burlarte de mí así otra vez". Tan pronto como Edward dijo que estaba cansado, Rocío se detuvo abruptamente y lo miró. Sabía cuánto había trabajado su esposo hoy, y aunque aún estaba enojada, no intentó atacarlo de nuevo.

"No me atrevería, salgamos de aquí y cenemos, luego te llevaré a una subasta". Por fin dejó de burlarse de Rocío. Estaba cansado después de un largo día en el trabajo, pero descansó después de jugar con su esposa.

"¿Una s

a muy ocupado hoy, no se atrevió a irse primero. En caso de que algo inesperado surgiera y su jefe necesitara su ayuda.

"Gracias, Ana, puedes irte a casa ahora. Iré a la subasta con Rocío, no tienes que enviar a alguien más". Edward era conciente de que si asistía o no a la subasta de caridad, igual tendría que gastar una fortuna. También quería llevar a su esposa, en caso de que pudiera encontrar algo que le gustara, pues si así fuera, tal vez el dinero estaría bien gastado.

"Está bien, ya me iré. Que tenga una divertida noche, señor Mu, señora Mu". Ana respondió con una delicada sonrisa, mientras admirada sorprendentemente la belleza y elegancia de Rocío. No se le hizo extraño que su jefe se hubiera casado con ella, definitivamente era única.

"Gracias, cuídate", dijo Rocío, que le tenía cariño a Ana porque no era arrogante ni ambiciosa, y siempre que la veía, estaba tranquila y confiada. A los ojos de Rocío, tanto Ana como Belén eran grandes mujeres de negocios.

"Igualmente. Adiós." Ana sonrió y asintió a ambos, caminando hacia el ascensor. Rocío notó la elegante y atractiva figura de la secretaria de su esposo.

"Creo que deberías darle un aumento a Ana, ¡mira lo trabajadora que es! Se quedó horas extras para esperar tus instrucciones". Después de verla entrar en el ascensor, Rocío miró a Edward con una sonrisa pícara.

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