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   Capítulo 449 Juntos hasta que la muerte nos separe

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 9486

Updated: 2019-07-10 10:00


Marco torció la boca en un gesto inconsciente. No sabía si Edward estaba halagándolo o humillándolo. Nadie elogiaría a Edward, el maestro de los cumplidos sarcásticos. Primero te elogiaba y luego te hacía un desplante.

"Marco, sal tú primero", ordenó Rocío, frunciendo el entrecejo. Al parecer, Edward estaba decidido a obtener una respuesta hoy. Así que ella decidió contárselo, ya que siempre se dejaba llevar y acababa diciéndole de todos modos.

"Sí, coronel". Marco sonrió de forma discreta y se marchó. Estaba acostumbrado a ello, su coronel siempre cedía ante Edward. Últimamente eso pasaba todos los días. Lo que le generó confusión fue el giro de 360 grados que dio, pasó de ser una dura oficial a una dócil mujercita. Y Edward era en gran parte el causante de esa transformación. De hecho, el amor poseía una magia que asusta. Marco preferiría no experimentar el amor por miedo a terminar como Rocío.

"Así que... ¿Qué quieres saber?". Rocío acercó una silla a la cama y se sentó, miró fijamente a Edward y decidió decirle lo que él quisiera saber.

"¿Quién te abofeteó? Déjame adivinar, fue Leo, ¿verdad? Por eso no lo esquivaste ni te defendiste".

Los ojos de Edward eran tan agudos como los de un águila. Con un simple vistazo supo que la hinchazón en el rostro de Rocío se debía a una fuerte bofetada. Pero Rocío no iba a permitir que eso sucediera, a menos que estuviera dispuesta a recibir la bofetada. ¿Pero quién le provocaría a ella tal reacción? Debe ser alguien que significa mucho para ella. Así que, naturalmente, Edward pensó que fue Leo quien la abofeteó. Sabía que aunque Rocío era dura, siempre anheló el amor de su padre.

"¿Cómo sabes que fue él? Debes pensar que soy estúpida, ¿verdad? Sé que no me quiere, pero espero que algún día cambie de opinión y me acepte como su hija". Rocío se mordió el labio con tristeza, burlándose de sí misma. Se veía triste y solitaria. Debería haber comprendido que Leo no la veía como su hija desde que la echaron de la familia Ouyang hace doce años. Pero siempre recordaba lo mucho que Leo la mimaba en su infancia. En secreto ella deseaba que su actitud distante fuera solo un mal sueño, y que en el fondo él todavía la amase.

"Sí, eres estúpida. Pero también eres amable y dulce. ¿Aún te duele?". Cuidadosamente, Edward acarició su rostro inflamado, su mano temblaba, tenía miedo de lastimarla. Luego le acomodó el cabello detrás de las orejas, como solía hacer. Ese movimiento tan sutil hizo que los ojos de Rocío se enrojecieran.

"Al principio me dolió, no físicamente, sino mentalmente. Pero cuando te vi despertar, ya no me dolió más. Tenerte es como tener el mundo entero".

Rocío tomó la mano de Edward, y frotó suavemente su rostro contra su gran palma cálida. Sus ojos estaban llenos de felicidad. Sabía que aunque lo perdiera todo, todavía lo tendr

ico magnífico. Entonces, ¿qué está pasando?'. Edward sintió brotar un torbellino de pensamientos en su cabeza. Una multitud de suposiciones surgieron en su mente.

"Desde que te dispararon hasta ahora, han pasado veinte horas. ¿Por qué lo preguntas? ¿Tienes algún otro lugar en el que necesites estar además de aquí?", Rocío contestó y revisó su reloj. Eran como las 6 p. m. . Edward se despertó media hora más tarde de lo que Pol esperaba, pero se despertó de todos modos. Eso era lo que importaba.

"Oh. Por nada. Pensé que había pasado un año". Si no fuera por el dolor en el pecho, realmente pensaría que ha pasado un año. Después de todo, Rocío actuaba de una forma poco habitual. Por fortuna, sólo habían pasado 20 horas. No le gustaría haber perdido un año de su vida feliz junto a ella.

La respuesta de Edward hizo que Rocío frunciera los labios. ¿Qué le hizo pensar eso a Edward? ¿Quizás fue porque hoy estaba ella demasiado extrovertida? ¿Quizás a Edward no le gustó eso?

"¿Crees que mi cambio es demasiado extraño?". Rocío cerró los ojos avergonzada. Ella misma también pensó que se desviaba demasiado de su comportamiento habitual. Actuaba de una manera un poco diferente, a decir verdad. Pero había prometido no volver a ocultar su amor por Edward. Aunque Edward, inconsciente, no sabía nada de su promesa, ella debía cumplirla de todos modos. No quería arrepentirse de no haberle mostrado su amor si lo volvía a perder.

"No. Sabes que te amo sin importar en qué clase de persona te conviertas. Siempre poseerás la parte más importante de mi corazón. Además, me encanta tu cambio. Ahora estás más animada y vivaz. Me gusta eso".

Edward sostuvo la cabeza de Rocío en sus brazos y besó su cabello con mucho cariño. Aunque estaba un poco cansado, no la soltó. En sus ojos sólo se veía amor. Eran el ejemplo vivo del juramento: "Juntos hasta que la muerte nos separe".

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