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   Capítulo 484 La responsabilidad de ser tu esposo (Primera parte)

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 8271

Updated: 2019-07-18 21:06


Kevin lanzó un profundo suspiro mientras esperaba, intentando guardar la calma. Entonces tocó a la puerta con delicadeza y dijo: "Natalia, por favor, ábreme. Discúlpame por lo que dije; pero créeme que no era mi intención. Puedo explicarlo. ¿Puedes abrirme la puerta, por favor?".

Kevin no había tenido la más mínima intención de culpar a Natalia. Solo había elevado su tono de voz porque estaba preocupado por ella, una hermosa joven caminando sola durante la noche. Fue un error haberle dicho palabras tan descorteses sin haber reflexionado antes, y no se imaginaba ni remotamente que lastimaría los sentimientos de su esposa.

En la habitación, Natalia continuaba en silencio todo el tiempo. Ella tampoco sabía qué le estaba pasando. ¿Por qué estaba tan enojada y triste solo por algo que Kevin le había dicho? Sabía que no estaba molesto con ella y que tampoco había intentado regañarla. Natalia siempre había sido una chica generosa, que nunca había guardado rencor hacia las personas que no habían pretendido herir sus sentimientos. Pero ¿por qué ella actuaría así? ¿Porque se trataba de Kevin?

"Natalia, si no me abres la puerta, me temo que tendré que tirarla. Recuerda que soy un soldado, y esta puerta no me detendrá si quiero entrar".

Recargado en la puerta, Kevin intentaba guardar la calma tanto como podía. De hecho, no había dormido bien durante dos días completos. Casi al borde de sufrir una crisis, estaba demasiado cansado como para pelear con Natalia. Solo esperaba que ella accediera a abrir la puerta y a escucharlo, y después tal vez podría dormir un poco.

"Yo... Estoy bien. No te preocupes por mí. Solo quiero estar sola un rato. Por favor, no me molestes", dijo Natalia entre sollozos entrecortados, intentando reprimir sus ganas de estallar en llanto. Tuvo que inventar una excusa improvisada por si acaso Kevin entraba por la fuerza, como había amenazado. No sabía cómo enfrentarlo a estas alturas. Su cabeza era un caos; no quería utilizar la culpa ni el recelo para resolver lo que había sucedido entre ella y Kevin.

"¡Estás llorando!", dijo Kevin, después de escuchar la voz entrecortada de Natalia. Se quedó pasmado por un segundo. Y entonces se puso aún más ansioso. Pensó que Natalia cerró la puerta simplemente porque estaba molesta y no quería hablar con él, por lo que había dicho abajo. No se esperaba ni remotamente que Natalia llorara por eso. Había puesto cara de enojo, pero no supo expresarse y más que nada, no había sid

á en la distancia, cubierta de neblina.

Tal vez estaba realmente agotada, o tal vez se estaba diciendo a sí misma que necesitaba quedarse dormida para ayudarla a olvidar cosas en las que ya no quería pensar. De cualquier modo, Natalia estaba cansada, física y mentalmente. Se quedó dormida de forma inusitada. Solo en sus sueños podía olvidar los pensamientos perturbadores, el fuerte dolor en su corazón y la profunda tristeza que no encontraba salida. Y peor aún, solo en sus sueños, Natalia podía evitar afrontar a Kevin o dejar de pensar en lo que sentía exactamente por él.

Después de escuchar las palabras de Natalia, en lugar de esperar afuera e intentar nuevamente convencerla de abrirle la puerta, Kevin decidió respetar sus deseos y darle algo de espacio como quería. Había demasiados problemas entre ellos, y lo que realmente necesitaban era una conversación sentados, cara a cara, en lugar de leerse la mente a través de una puerta cerrada. Guardarse las cosas para uno mismo no les serviría de nada como pareja a largo plazo. Kevin sabía que necesitaban hablar, pero ahora no era un buen momento. Natalia estaba un poco sensible y molesta, así que era mejor que esperara a que se tranquilizara. Después de haber tomado la decisión, Kevin se dio la media vuelta bruscamente y bajó las escaleras. Fue directo a la cocina para preparar unos fideos para Natalia y para él. Podía intuir que su esposa no había cenado nada, igual que él. Aunque no estaba seguro si Natalia lo perdonaría y se comería los fideos que había preparado, decidió probar suerte, porque no podía quedarse ahí sentado y dejarla con hambre, al menos no en su casa.

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