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   Capítulo 514 ¿Quieres que te desnude de nuevo

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 10251

Updated: 2019-07-25 01:04


"¿Te duele el hombro? Déjame ver", preguntó Edward al desabrochar con facilidad los primeros botones del uniforme que ella llevaba. Movió un poco el traje y vio aquellos moretones. En un segundo, la frialdad tomó posesión de sus ojos. Miró a Rocío con intensidad, esperando una buena explicación.

"No es lo que parece, solo son un par de rasguños que me hice durante el entrenamiento. Seré más cuidadosa la próxima vez". Rocío se sonrojó y se acomodó el uniforme para que se vea presentable y en orden. Porque a pesar de que Edward y ella ya habían estado juntos, la mujer aún se rehusaba a estar desnuda frente a él.

"Quédate quieta. ¿Crees que puedo calentarme en un momento así?". Edward la miraba fijamente. En aquel tono de voz se podía ver la ira que estaba escondiendo. Él salió de la cama y se dirigió afuera. Rocío observó cómo su esposo se alejaba, sintiendo algo de incomodidad. No había imaginado que las cosas serían de esa manera. Él era una persona que solía preocuparse mucho por ella. Esa no era la reacción que había esperado cuando su esposo vio los moretones.

Rocío solo atinó a morder su labio inferior y suspiró. Mientras se abotonaba y acomodaba el uniforme, ella se preguntaba qué era lo que había hecho que Edward enfurezca de tal manera. ¡Pero qué hombre tan arrogante y caprichoso! Sin embargo, la razón de la ira de su esposo no le importaba, siempre y cuando, él no le preguntara cómo se hizo los moretones. Ella no sabía cómo explicarlo.

"Dije que no debías moverte. ¿Por qué te has abotonado el uniforme? ¿Quieres que te desnude de nuevo?". En el momento en que Rocío se había levantado, Edward regresó con una botella de porcelana blanca en su mano. Se acercó a su esposa frunciendo las cejas.

"Yo...", Rocío torció los labios sintiéndose equivocada, y tan contrariada que no pudo decir palabra alguna. ¿Debió quedarse sentada con su hombro desnudo? Esa no era ella en lo absoluto y Edward tampoco había estado actuando como solía hacerlo. Él todavía no le había dicho ninguna tierna o dulce palabra. Lo único que sentía era aquella fría ira que era todo lo contrario a su forma de actuar con ella. Ella solo quería alejarse en ese momento.

"Desabrocha tu ropa", dijo Edward con frialdad. No tenía intención de usar aquel tono con su esposa, pero cada vez que las palabras salían de su boca, sonaba como si estuviera de mal humor. Él no estaba molesto por el hecho de que no le dijo nada acerca de la donación de sangre; lo que le enfureció fue que ella nunca tenía cuidado de su propio cuerpo. Cada vez que veía un nuevo moretón en el cuerpo de su esposa, él se sentía inútil por no ser capaz de protegerla. Sin embargo, la profesión de Rocío era única y no había mucho que hacer al respecto.

"Edward, ¿qué pasa? ¿Por qué estás tan enojado? ¿Qué hice ahora? ¿Por qué debo desabotonar mi traje?". Rocío alzó la voz algo intranquila. Toda su atención la había puesto en la expresión que su esposo tenía y no se dio cuenta de la botella que él tenía en sus manos. Ella se había enfadado por aquella petición. Primero, él des

al vientre de su madre.

"Oye, amigo, deja de fingir inocencia. Te conozco". Edward suspiró y soltó a Rocío. Julio mostró una astuta sonrisa cuando su padre lo miró con enojo.

"Mami, papá no quiere responder mi pregunta. ¿Tú puedes contarme?", el niño corrió a los brazos de su madre con una sonrisa.

"No, solo diré lo mismo que tu padre". Julio pensaba que su madre no podía descubrirle, pero estaba muy equivocado. Rocío sabía que el niño fingía ser alguien ignorante.

Entonces Julio solo hizo un puchero. "Mi inocente corazón se ha roto. ¿Qué clase de padres son?". Julio lloró dramáticamente en el hombro de su madre.

"¿Inocente corazón? ¿Qué inocente corazón? ¿Por qué no lo estamos viendo ahora?", Edward preguntó mientras miraba a su hijo. Él disfrutaba de los momento familiares que tenían porque nunca había soñado con algo así antes. Al principio, pensaba que pasaría el resto de su vida cambiando de mujer como solía hacerlo, pero ya no más. Su familia le había traído mucha felicidad.

"Eso es porque ya no me quieren más. Los dos me ignoran". Julio se quejaba de la negligencia que estaban cometiendo. Estaba a punto de cambiar al otro hombro de su madre cuando Edward lo detuvo.

"Sé cuidadoso. El hombro de tu mamá está herido". Edward apartó a Julio de Rocío. Al parecer, él se preocupaba por ella. La actitud fría de la mañana solo la había fingido.

"¿Tuviste hoy alguna misión? ¿O fue Hank quién te atacó de nuevo?", Julio dejó de sonreír. Él supuso que la respuesta era la última. A ese tipo solo le gustaba causar problemas. Desde que ellos se habían mudado a la zona residencial, aquel hombre solo retaba a su madre. Por suerte, ella solo se lastimaba cuando estaba distraída. Hank estaba muy lejos de ser su rival. Pero ¿por qué había sido herida esta vez?

"¿Hank otra vez? Supongo que nunca aprenderá". Edward sonrió cruelmente. Esa era la razón por la cual Rocío había estado evitando su pregunta. Pero ahora había obtenido la respuesta gracias a su hijo. Por ahora, él podría dejar de presionarla.

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