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   Capítulo 521 ¿Quieren convertir este ejército en un circo

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 10712

Updated: 2019-07-26 11:19


ʺBuenos días, Soy Rocío Ouyangʺ. Cuando sonó el teléfono, Rocío contestó sin revisar en la pantalla quién estaba llamando. Tenía los ojos fijos en su computadora, leyendo la última información recibida acerca de las pruebas con misiles y no los despegó al momento de contestar.

ʺSoy yo. ¿Estás libre al mediodía? ¿Te gustaría que almorzáramos juntos?ʺ, Leo finalmente se había decidido a llamar a su hija. No podía confiar en ninguna información proporcionada por terceras personas, así que decidió conseguir el ADN de Rocío él mismo.

ʺ¿Qué pasó?ʺ, Rocío finalmente despegó la mirada de su computadora y escuchó con atención la voz al otro lado del teléfono. Preguntó en tono mordaz: ʺ¿Almorzar juntos? Debes estar bromeando, la última vez que nos vimos quedamos en muy malos términos. ¿De verdad crees que tendría ganas

De ir a comer contigo?ʺ. ʺ¿Por qué no me permites que te lleve a almorzar? No seas grosera conmigoʺ, replicó Leo. Rocío había decidido guardar distancia con su padre, lo cual a él le había molestado mucho, ya que según sus creencias, su hija debía mostrarle el debido respeto como su mayor que era.

ʺLa tensión entre nosotros es más que evidente. ¿Crees que podríamos almorzar en paz?ʺ, cuestionó Rocío. Era ridículo que Leo pensara que Rocío estaba siendo grosera. Hacía algunos años que él la había negado como hija suya e incluso la había echado de su casa. Dadas las circunstancias Rocío creía firmemente que su padre no merecía ningún respeto. Su amargo sufrimiento le había destrozado el corazón y había tenido que renunciar a su figura paterna, por lo que nada la obligaba a ser amable con él.

ʺ¡Sólo dime si tienes tiempo y ya!ʺ. Leo no tenía la intención de discutir con su hija, pero lo que le había dicho lo había hecho enfurecer. Sentía su corazón latir con fuerza y la cara enrojecida de rabia.

ʺNo creo llegar al mediodía. La base del ejército está bastante lejos del centro de la ciudad y tengo mucho trabajo esta tarde. Pero podríamos cenar juntos. Donde tú me digas está bien. No tengo motivos para negarme a verte, tú sabes que soy de buen corazónʺ, contestó Rocío en tono sarcástico. Ella podía intuir que su padre estaba tramando algo y la lastimaría de nuevo.

ʺDe acuerdo. Nos vemos en el Westin Western Restaurant. Te estaré esperandoʺ, dijo Leo y colgó el teléfono inmediatamente sin esperar la respuesta de Rocío, pues temía que fuera a cambiar de opinión.

Por un segundo, un gesto de desprecio ensombreció el rostro de Rocío. Dejó el teléfono a un lado y siguió con su trabajo, deshaciéndose rápidamente de todos los pensamientos que tenían que ver con su padre. Su mirada tranquila parecía sugerir que nunca había recibido esa llamada.

ʺ¡Coronel, le tengo malas noticias! Nuestros soldados están peleando con los de Hankʺ. Rocío estaba totalmente concentrada en su trabajo cuando Marco entró corriendo en su oficina, visiblemente agitado.

ʺ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué diablos le pasa a ese tipo?ʺ, preguntó Rocío mientras se ponía de pie. Como le había dicho a Hank anteriormente; ella podía ser muy comprensiva con él, pero era incapaz de evitar cualquier demérito que él se ganara. ¿Por qué los habría inducido a pelear esta vez?

ʺHank no

or qué los comandantes de compañía y los líderes de pelotón también se unieron a la pelea en lugar de detenerla?", preguntó Rocío enojada mientras se secaba el sudor de la frente. Parecía agotada, su cabello estaba un poco desordenado y le costaba trabajo recuperar el aliento. Afortunadamente pudo detenerlos a tiempo.

Los soldados continuaban mirándose unos a otros pero no se atrevían a responder. Después voltearon a ver a los comandantes de su compañía y a los líderes de pelotón, esperando que ellos pudieran encontrar una excusa que convenciera a Rocío, de lo contrario sufrirían las consecuencias de sus actos en los siguientes días.

ʺ¡Digan algo! ¿Les comió la lengua el ratón?ʺ, preguntó Rocío con frialdad. Los soldados bajaron la cabeza, no se atrevían a mirar a Rocío a los ojos.

ʺCoronel, nosotros merecemos ser castigados. Los soldados no tuvieron nada que ver. Nosotros comenzamos el problemaʺ, dijo un comandante de compañía en tono serio, saliendo de la formación. El moretón junto a la boca arruinaba su imagen impecable y titubeaba inseguro.

ʺEs bueno que admita su error. ¿Creen que se podrán librar del castigo? Pero antes de jugar a echarse la culpa, díganme por qué estaban peleandoʺ. El comportamiento de Rocío solía ser serio y tajante frente a los soldados. Su rostro siempre lucía inexpresivo y ese día no fue la excepción.

ʺCoronel, ¿podríamos escribir las razones en el informe?ʺ, preguntó el comandante de compañía tímidamente. Al parecer le avergonzaba decirle a Rocío los motivos que habían desatado la pelea. Había tenido algunas diferencias con otros comandantes de compañía, y eso los había hecho enfurecer. Los soldados no tenían ni idea de lo que estaba sucediendo, pero se unieron para ayudar a sus respectivos comandantes, por lo que la pelea se había salido de control. Nadie estaba dispuesto a admitir su derrota, afortunadamente Rocío había llegado a tiempo, de lo contrario la pelea hubiera continuado. Al escuchar al comandante de compañía negarse a explicar las razones que habían desencadenado la pelea, Rocío puso los ojos en blanco; todo indicaba que ese sería un largo día.

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