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   Capítulo 559 No me mires así

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 9655

Updated: 2019-08-02 21:52


"¿De verdad? ¿Es así de serio? No lo puedo creer, debes estar exagerando. Mamá, ¿tú qué opinas?". Clara encontraba un poco difícil de creer lo que el policía había dicho. No creía que Rocío pudiera tener una influencia tan grande. Todo el tiempo estaba ansiosa por ser mejor que ella. Pero Rocío había nacido en cuna de plata y estaba felizmente casada con Edward, quien además la amaba tanto. Por otro lado, Clara era una mujer soltera y provenía de una familia pobre. Además, Rocío era una Coronel, mientras que ella era una mujer ordinaria. En resumen, Clara era inferior a Rocío en todos los aspectos. La cruda realidad la devastaba.

"Estamos detenidas en la estación de policía, ¿por qué sigues haciendo la misma estúpida pregunta?". Yasmina respondió con enojo. No debería haber ofendido al abogado del FT Group tiempo atrás, y así no estaría sufriendo amargamente en ese lugar. Pero jamás le pediría clemencia a Rocío. Prefería quedarse ahí que pedir su ayuda. Estaba decidida a mantener su dignidad.

"¿Por qué me gritas? Solo espera y verás. Rocío las pagará todas muy pronto". Clara lanzó una malévola sonrisa. Rocío tenía muchos enemigos, y Paula era la primera de la lista. Siendo así, podrían encontrar la oportunidad para poner a Rocío en su lugar. Tenían que destruirla. De esa manera ya no podría fingir ser pura y noble nunca más.

Yasmina fruncía el ceño mientras miraba a su hija. No entendía a qué se refería, pero la conocía como la palma de su mano. Clara era una persona impulsiva y siempre actuaba sin la menor cautela. Superada por la rabia, haría todo lo posible por conseguir lo que quisiera. Al pensar en eso, Yasmina no pudo evitar suspirar. No le había preguntado sobre su plan y como consecuencia, Clara repetiría su error más tarde.

Rocío detestaba a todos los miembros de la familia Ouyang, pero por el bien de su hermano menor Brian, no quería causar ningún problema. Después de despertarse, llamó a la estación de policía y les pidió que liberaran a Yasmina y a Clara. En el fondo de su corazón, no deseaba que su hermano supiera que tenía una madre tan descarada y despreciable. Eso le rompería el corazón. No podría soportar verlo así, por lo que decidió ocultárselo y protegerlo de la dolorosa verdad. Brian era su único hermano, no podía permitirse perderlo.

"¿Ya las liberaste?". Edward miraba a Rocío con ternura, quien no había abierto los ojos hasta el mediodía, eso le sorprendió bastante. En lugar de despertarla, volvió a acostarse junto a ella. Cuando se despertó, él le pidió que las liberara. Tenía una sorpresa mucho más grande preparada para ellas.

"Dime, ¿Por qué me pediste que las liberara?". Rocío entrecerró los ojos al mirarlo, deseando saber la respuesta. Ella tan solo quería enseñarles una lección, pero esa petición de su marido era contraria a la forma en que normalmente se comportaba, y no sabía por qué le había ped

aba superarse para alcanzar sus metas. Como nunca confió en nadie, temía obsesionarse con ese sentimiento. A pesar de que disfrutaba de las excelentes condiciones que le brindaba su esposo, se sentía insegura constantemente.

Después del baño, la piel de Rocío se volvió carmesí y suave, lo que le dio un aspecto delicado y glamoroso. Además, se veía pequeña con la holgada camisa de Edward. Se sentía como si estuviera desnuda, y eso la incomodaba. Se bajaba la camisa insistentemente, pero no importaba cuánto tirara, la camisa no se hacía más larga. Así que estaba bastante frustrada.

Cuando Edward abrió la puerta en ese momento, se encontró de frente con la cómica escena. Por lo que no pudo evitar echarse a reír. No esperaba que su esposa fuera tan adorable. Esta era una rara y excelente oportunidad para ver cómo la brillante Coronel Ouyang era tan encantadora y adorable en su vida privada.

"¿Necesitas mi ayuda?". Con una suave sonrisa, Edward puso la bolsa de papel que llevaba en su mano sobre la cama. Cruzando los brazos sobre su pecho, miró a su esposa con una mirada pícara en sus ojos. No podía apartarle la vista de las delgadas piernas de Rocío.

"No, gracias. Solo consígueme algo de ropa. No puedo salir así". Rocío se cubrió los muslos con las manos, avergonzada.

"Te ves bien. No te preocupes Nadie se reirá de ti". Edward se acercó a ella y la tomó entre sus brazos. Mirando a la mujer usando su camisa, no pudo evitar plantarle un beso en la frente. Era la primera mujer en usar una de sus camisas. Su mirada deslumbrante lo fascinaba.

"Te estás riendo de mí. No te burles". Ella, enojada, pellizcó la cintura de Edward, quien estaba perfectamente vestido. Pero no había ropa de mujer en el armario, así que tuvo que usar su camisa. Estaba desesperada por ponerse su uniforme militar. Pero como Edward le había arrancado violentamente los botones la noche anterior, ya no podía usarlo.

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