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   Capítulo 577 Casi un buen hombre

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 8963

Updated: 2019-08-05 16:44


ʺ¿En qué piensas?ʺ, preguntó tranquilo Edward y después se mordió los labios. La resignación en su rostro era más que evidente. Había sido un hombre orgulloso toda su vida, pero frente a ella, siempre había sido paciente y disfrutaba ser de esa manera.

ʺ¡Oh! Gracias, mi Señor. Solo lo dije para saciar tu arroganciaʺ, bromeó Rocío. Como el hombre excelente que era, tenía mil razones para ser arrogante. Las mujeres que lo habían pretendido estaban fascinadas con él.

ʺEstás de traviesa, ¿verdad? ¿Quieres ir a ver el mar? Allí podrás caminar por los tranquilos senderos, disfrutar de la hermosa vista, ver los arroyos y escuchar el canto de las aves. ¿No te parece genial?ʺ, dijo Edward con una sonrisa. El lugar no estaba tan lejos de la ciudad, solo a tres o cuatro horas en automóvil. Cuando llegaran, sería medianoche a lo sumo. Todavía les daría tiempo de dormir un poco y luego ver el amanecer. Le emocionaba de tan solo pensarlo.

ʺSí, suena genial. Pero necesitamos tiempo para preparar las cosas", dijo Rocío un poco preocupada. Estaba ansiosa por ir al mar, pero también estaba un poco preocupada.

ʺNo tenemos que hacerlo. El dinero lo compra todoʺ, dijo Edward con una sonrisa arrogante. Eso era cierto; el dinero podía comprar todo. Excepto el amor. El amor que se podía comprar con dinero no era amor verdadero, era solo un apego a la riqueza. Y Edward detestaba ese tipo de relaciones.

ʺ¿Traes tu cartera?ʺ, Rocío le preguntó a Edward, quien estaba vestido casualmente. Al salir corriendo para alcanzar a su esposa seguramente se le había olvidado cambiarse de ropa. Y Rocío se imaginó que quizás Edward había dejado tanto su teléfono como su cartera en casa.

ʺLucas la tiene. No te preocupes cariño, no te venderé para conseguir dineroʺ, dijo Edward negando con la cabeza. Rocío era demasiado ingenua. No podía siquiera imaginar cuánto su esposa debió haber padecido en los últimos años. Sin embargo, fue su simplicidad lo que lo atrajo y le hizo perder la cabeza por ella.

ʺEdward, a veces se siente tan bien tenerte cercaʺ, dijo Rocío. Después giró y le dio un suave beso en la mejilla a su esposo, el cual se sintió como la caricia de un pétalo; suave y cautivador.

ʺ¿Solo a veces?ʺ, preguntó Edward sorprendido por el beso. Pero se mantuvo tranquilo y miró a Rocío sonriendo.

ʺSí, eso es todo lo que puedes hacerʺ. Rocío estaba tratando de olvidar el dolor, así que comenzó a burlarse de su esposo, lo cual era poco común. Edward estaba impresionado por su capacidad de recuperación. Ella sí que sabía cómo manejar su estado de ánimo. Tal vez era una habilidad que había adquirido en su profesión. Para ese momento Rocío ya había recuperado s

e su esposa.

ʺCasi un buen hombre. Pero como no he conocido a nadie mejor que tú, me conformaré contigo por ahoraʺ, contestó Rocío, poniendo los ojos en blanco. Después abrió la puerta del auto y salió. Pudo percibir una fragancia del jazmín en el aire. De pronto se le ocurrió que Edward no había elegido esa ciudad solo por sus hermosas vistas. Debía haber una historia ahí que él pudiera contar, de lo contrario, ¿por qué le gustaba tanto el jazmín? Decidió no hacer preguntas al respecto. Después de todo, el pasado se había quedado en el pasado. Lo que importaba en ese momento era el presente.

ʺ¡Coronel Ouyang, lo que usted acaba de decir hace que mi mente piense otra cosa!ʺ, dijo Edward inclinándose y sonriéndole a su esposa. Al parecer, estaba tratando de hacer una broma por algunas palabras que Rocío había usado en sus comentarios. Edward era muy bueno para tergiversar los significados de las palabras.

ʺNo quiero escuchar más comentarios sobre eso. Lucas, como puedes ver los pensamientos del señor Mu son muy sucios. Ten cuidado cuando estés con élʺ, le dijo Rocío a Lucas, quien iba caminando hacia ellos. Después tomó un profundo respiro de aire fresco, el aire ahí era mucho más fresco que en la Ciudad S.

Lucas miró a Edward, al ver que su jefe no estaba enojado, sonrió torpemente. Rocío era la única persona que se atrevía a hablar así de él. Edward odiaba dos cosas; la primera era que le dijeran que era bonito o hermoso. Y la segunda era que asumieran qué él era gay. Por lo tanto, la gente temerosa de las consecuencias, se aseguraba de no cruzar estas dos líneas. Sorprendentemente, Edward no se vio afectado por las palabras de su esposa en lo absoluto. Sonreía y platicaba como si nada hubiera pasado, pues estaba profundamente enamorado de Rocío.

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