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   Capítulo 583 La gran pelea

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 9135

Updated: 2019-08-06 04:41


"¡Bueno! En primer lugar, no debí haber venido a buscarte. ¡Solo soy un maldito idiota que está haciendo el ridículo!". Edward había estado preocupado. Después de aproximadamente tres horas de búsqueda, se había enojado mucho. Las palabras de Rocío le hicieron pensar que todas las cosas que había hecho por ella fueron innecesarias y que ella no lo necesitaba ni a él ni a sus esfuerzos. Perdió los estribos y, por primera vez, maldijo delante de ella.

Rocío aún no se había dado la vuelta para mirarlo. Intentó contener las lágrimas, pero fue en vano. Las lágrimas llenaron sus ojos y rodaron por sus mejillas. Al mirarla de espaldas nuevamente, Edward sintió que ella no apreciaba en absoluto que él se hubiera preocupado por ella. Cerró los ojos con tristeza. Cuando los volvió a abrir, empezó a bajar la colina, solo.

Al percibir que los pasos de Edward se escuchaban cada vez menos, Rocío se dio la vuelta. Lo miró con sus ojos llorosos alejarse cada vez más. Entonces sintió cómo el dolor le atravesaba todo su cuerpo.

Siempre supo que un hombre distinguido y arrogante como Edward no la amaría lo suficiente como para seguirle la corriente todo el tiempo, de manera que se había estado recordando a sí misma que debía ser prudente. Pero cuando él se enojaba con ella, la indiferencia que mostraba era demasiada para que ella la soportara. Sentía como si estuviera reviviendo esos días dolorosos en los que Edward la había tratado como a una completa extraña.

Edward cerró de golpe la puerta del auto y se alejó, como si hubiera olvidado que la mujer que amaba aún estaba en la colina. Tenía una expresión seria, con los ojos esquivos. Su boca estaba tensa. Con mirarle solo una vez, podría darle escalofríos a la gente.

"Lucas, no tienes que buscarla más. La encontré", respondió Edward desde el teléfono que tenía en el auto, mientras disminuía la velocidad. Lucas había estado tratando de contactarlo.

"Señor Mu, ¿dónde está? ¿Necesita que vaya?". Al oír que Edward había encontrado a Rocío, Lucas pisó el freno y se detuvo.

"No. Vuelve al hotel". Edward frunció el ceño y dio la vuelta con el auto.

"Está bien, tenga cuidado". Por lo general, Lucas siempre estaba al lado de Edward como su guardaespaldas, pero esta vez se habían separado para buscar a Rocío. Le preocupaba haberlo dejado solo. Su principal objetivo era protegerlo. Solo estando con Edward podía dejar de preocuparse.

"Lo tendré". Edward colgó. La mirada en su rostro se tranquilizó un poco.

Lucas percibió que Edward estaba de mal humor. Estaba preocupado y confundido. Se suponía que Edward debía estar feliz de encontrar a Rocío. Entonces, ¿por qué se escuchaba enojado? ¿Habían estado peleando acaso? Pero como Edward siempre co

ue hasta ese momento que se dio cuenta de lo mucho que quería ganar en todo.

"¿Soy un idiota para ti?". Edward apretó los puños, reprimiendo su ira. No esperaba que ella fuera tan resentida con él.

"No. Estoy en una situación demasiado incómoda para verte". Rocío no sabía por qué estaba siendo tan agresiva. ¿De dónde habían venido todas esas palabras tan duras?

"¿Estás diciendo que soy un hombre que ni siquiera es capaz de cuidar de su esposa?". Edward frunció fuertemente las cejas. Pensándolo bien, parecía ser un marido irresponsable. Ni siquiera se dio cuenta cuándo ella se fue del hotel.

"No dije eso. No inventes cargos en mi contra". Rocío sonaba fría. Si no podía consolarla, ella prefería que él se mantuviera alejado o, incluso la ignorara. Se sentía muy avergonzada en ese momento.

"No es por lo que dijiste. Es lo que hiciste. Tu comportamiento me hace sentir así. ¿Por qué te quitaste los zapatos?". Edward sacó el pañuelo de su bolsillo y se inclinó para limpiarle la arena de sus pies. Pero Rocío retrocedió varios pasos y tropezó con su vestido. Cayó al suelo y Edward pudo ver los cortes en sus pies.

"¿Qué le pasó a tus pies?". Edward se sorprendió al ver los pequeños cortes en sus plantas. Levantó un poco la mirada, y lo que vio después le dolió como si las heridas no las tuviera Rocío en su cuerpo sino él en su corazón.

"No es de tu incumbencia". Rocío retrocedió los pies, y los escondió bajo su vestido de la mirada gélida de él. Parecía más enojado de lo que había estado la noche anterior.

"Rocío, te dije que podías hacer lo que quisieras, siempre y cuando no te hicieras daño. ¿Es así como mantienes tu promesa?". Edward cerró los ojos al verla cubierta de cortes y moretones. Parecía que nunca se hubiera tomado sus palabras en serio. Entonces, se llenó de rabia.

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