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   Capítulo 617 Culparse a sí misma (Segunda parte)

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 8952

Updated: 2019-08-11 01:27


ʺ¡Guau! ¡Qué carita tan hermosa! Es una lástima que Paula la haya arruinado de esta formaʺ. A Lobo no le ofendía ningún insulto que saliera de la boca de Rocío. Él creía que todas las mujeres hermosas tenían una personalidad única. Y Rocío no era una mujer ordinaria, era una Coronel del ejército. El hombre extendió una mano para limpiar suavemente la mancha de sangre fresca en el rostro de Rocío. Después, succionó con una expresión infame la sangre en su mano.

ʺ¡Salgan todos! ¡Fuera de aquí!ʺ. Al escuchar la orden de Lobo, Rocío respiró hondo. Estaba tratando de suprimir la fiebre que brotaba del interior de su cuerpo. Pero lo único que salió de su boca fue un sonido débil y suave. Su frágil voz sonaba sexy y encantadora, como si estuviera coqueteando.

ʺ¡Jajaja! Coronel Ouyang, olvidé decirle que realmente admiro a una belleza tan esquiva y distante como usted. Será muy emocionante divertirme un rato con usted. Cada instante que pasa la deseo más y másʺ, dijo Lobo mientras se acercaba a Rocío, quien se movió rápidamente para esquivarlo.

ʺAléjate o te arrepentirásʺ, gritó Rocío. Después, se mordió los labios, al tiempo que terminaba de romper la cuerda y liberó sus manos. Rodó hacia el otro lado de la habitación.

ʺ¡Hey! Ese fue un buen movimiento. ¡Chicos, hagamos esto juntos! Debemos controlarlaʺ. Los movimientos precisos de Rocío enloquecieron a Lobo. Inmediatamente le rasgó la blusa y se la arrancó, exponiendo la blanca piel de su pecho y su hermoso sujetador de encaje.

ʺTe mataréʺ, vociferó Rocío. Sin pensar ni un segundo en el riesgo de lesionarse, se arrojó al suelo y rápidamente recogió el cuchillo que había dejado Paula allí, lo usó para cortar la cuerda que ataba sus pies y para apuntarle a los matones. Con la otra mano, se cubrió el pecho desnudo.

ʺCoronel Ouyang, ¿no se siente tan vacía y sola en este momento? ¿Qué tal si me deja llenar su corazón vacío y solitario?ʺ, dijo Lobo mientras se acercaba, gradualmente. Estaba seguro de que la fuerza y resistencia de una mujer que había sido drogada no duraría mucho tiempo.

Mientras tanto, un gran grupo de hombres liderados por Edward se aproximaba a ese lugar. Cuanto más cerca estaba del lugar donde se encontraban Rocío y Julio, más rápido latía su corazón. Rezaba para que su esposa e hijo estuvieran sanos y salvos.

ʺSeñor Mu, ¿por qué está este lugar tan desolado? ¿No se tratará de una trampa?", preguntó Lucas, frunciendo el ceño, visiblemente preocupado.

ʺNo te preocupes. Tenemos el respaldo de la gente de Mayflyʺ. Esa fue una de las razones por las que Edward no había notificado a la policía cuando recibió la ubicación del teléfono celular de Julio. No qu

matones. En un instante, varios de ellos cayeron al suelo.

Al sentir que perdía el control de la situación, Lobo se sobresaltó. Sacó rápidamente un cuchillo de su cintura y se unió a la pelea.

Rocío sacudió la cabeza, aturdida, y miró fijamente al grupo de sinvergüenzas que se le acercaban. Apretó los dientes y se preparó para apuñalarse nuevamente, esta vez en su propio hombro. Tenía que hacer todo lo posible por ganar esa sangrienta batalla. La droga no solo le causaría alucinaciones, sino que también mermaría sus sentidos.

Todos los presentes temblaron ante su determinación y fortaleza. Les sorprendía que una mujer aparentemente tan vulnerable pudiera apuñalarse de esa forma. Incluso los hombres más fuertes lo pensarían dos veces antes de hacerse eso, pero Rocío lo hizo sin dudar por un segundo. Además, no lo hizo una vez, sino dos veces. Se maravillaron con su valentía y decisión pero tenían que derrotarla. Todos comenzaron a atacarla desesperadamente.

Como Rocío lo había intuido, había un muelle y también una antigua vía de ferrocarril en las inmediaciones, las cuales probablemente se utilizaban para el transporte de mercancías. Afortunadamente Edward ya estaba cerca, a unos cuantos minutos, en auto. Él seguía rezando para que Rocío y Julio estuvieran bien.

ʺLucas, acelera. Ya estamos muy cercaʺ. Los ojos de Edward se iluminaron por la emoción. Miró fijamente el punto parpadeante en la pantalla de la computadora, no se atrevió a apartar la vista, como si temiera que este desapareciera.

ʺSeñor Mu, he pisado el acelerador a fondoʺ.

dijo Lucas, con una mueca. Durante todo el camino otro auto iba adelante de ellos, al parecer se dirigían al mismo lugar. Edward y Lucas se preguntaban si las personas en ese auto eran amigos o enemigos.

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