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   Capítulo 619 El rescate (Segunda parte)

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 6651

Updated: 2019-08-11 02:17


Rocío estaba a solo unos pasos de él. Sin embargo, sentía como si le fuera a tomar una eternidad alcanzarla. Un hombre no lloraría tan fácilmente, a menos que se sintiera profundamente herido. El instante en que Edward tocó el cuerpo manchado de sangre de su esposa, su corazón se detuvo y sus ojos se llenaron de lágrimas.

"Edward...". Ella se acurrucó, intentando colocarse en posición fetal al momento de verlo. ¿Estaba realmente ahí? ¿Sería acaso solamente una ilusión? ¿Sería tan solo el recuerdo de su hombre momentos antes de morir?

"Soy yo, Rocío". Haciéndose el fuerte, le susurraba con sus labios temblorosos. Mientras tanto, se quitó rápidamente el abrigo para cubrirla con él lo más suavemente posible. Intentando no tocar sus heridas.

"Realmente eres tú, De verdad has venido por mí...". Aferrada a su abrigo, Rocío simplemente lo miró. Sus labios estaban secos y agrietados debido a la deshidratación.

"¡Siento llegar tarde!". Luego, con una gran ternura, la abrazó fuertemente. Una lágrima caía silenciosamente de sus ojos, derramándose sobre el cuello de su esposa. Ella podía sentir la profundidad de su tristeza cuando aquella lágrima tocó su piel.

"Estoy bien, en serio, estaba segura de que vendrías a salvarme". Ella no se atrevía a sostenerle la mirada, ni a mover un músculo. Rocío preferiría dejarse envolver en sus brazos y sentir su ternura.

"Gracias por confiar en mí, querida. Y lo siento, te he fallado", dijo Edward con una voz grave y temblorosa, llena de pesar y amargura.

"No llores por mí, Edward. No ahora, no frente a tanta gente. Podrían reírse si te ven así". Tímidamente miraba a su alrededor, suspirando aliviada al ver que los demás aún estaban concentrados peleando.

"No me importa. Pueden reírse si quieren", resopló Edward con indiferencia. De pronto, notó que en el mismo aire que respiraba, había un olor a sangre. Dejando a un lado su remordimiento, levantó el abrigo para revisarla. Al observar la herida sangrante en su ho

dedor suponiendo cosas.

"Lo sabía. Sé que aún me amas. ¡Todo es culpa de esta mujer! ¡Ella quiere alejarte de mí!". Levantando la cabeza, Paula fulminó con la mirada a Rocío arrogantemente.

"No dejaré que ella te lastime, tenlo por seguro. Porque lo voy a hacer yo mismo. Eres una mujer tan perversa. No puedo dejar que manche sus manos con tu sangre". Tan pronto como terminó de decirlo, Edward arrebató la daga de las manos de Rocío y antes de que todos lo supieran, cortó la cara de Paula sin dudarlo. Todos escucharon un chillido estridente.

Clara se aterró por esa escena, y sus piernas comenzaron a temblar involuntariamente. Realmente deseaba escabullirse, temiendo ser el próximo objetivo de Edward. Pero debido a que sus manos estaban atadas a la espalda por los dos hombres que parecían guardaespaldas, no podía moverse en absoluto.

"¡No! No puedo creerlo ¡No puedes tratarme así!", lloriqueaba Paula. La respuesta de Edward fue hacerle una segunda herida en su rostro. En este punto, toda su esperanza se había esfumado. Estaba realmente impactada. Miraba a este despiadado hombre parado frente a ella con asombro. Llenándose de desesperación y dolor, después de que su orgullo y confianza habían desmoronado a causa de él. Pero comparada con el sufrimiento de Rocío, aún le faltaba mucho por enfrentar.

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