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   Capítulo 664 La hija del Comandante (Segunda parte)

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 8311

Updated: 2019-08-18 15:06


"Adiós, señorita Ye". Aunque Louisa había sido muy grosera con ella, Rocío se despidió cortésmente. No importaba si Louisa era amable o no con ella, siempre mostraría su elegancia y educación hacia las personas.

"¡Adiós!". A pesar de que Louisa odiaba que su padre la comparara con Rocío, se despidió a regañadientes con el fin de mostrar su madurez. Para luego darle la espalda, mientras curvaba los labios con desprecio. Louisa pensaba que se encontraría con Kevin en la base militar, pero él no estaba allí. 'Puedo aguantar que no lo haya encontrado aquí, pero ¿por qué Papá tenía que compararme con esa pobre soldado? ¡Es realmente molesto!', pensaba Louisa.

"¿Lo ves? Así es mi hija. En verdad me saca de mis casillas". El Comandante sacudió la cabeza con impotencia. Aunque era muy bueno para liderar a los soldados en la batalla, no era capaz de educar bien a su propia hija.

"Los jóvenes son todos iguales. No te enojes, en unos años madurará. Yo solía ser así también…". Mientras hablaban, caminaban hacia las oficinas. Rocío lucía bastante tranquila, esa era su expresión habitual en la base militar.

"¡Tonterías! No se compara contigo. Tú eres mucho mejor. Cualquier otra persona estaría enojada con las groserías que hizo hace un momento". El Comandante lanzó un profundo suspiro, mientras pensaba: 'Todo es mi culpa, si me hubiera preocupado más por Louisa, no se habría vuelto así'.

"No digas eso. Las chicas siempre son rebeldes. A veces yo misma puedo ser inmadura". Rocío decía la verdad. Se sonrojó ante el pensamiento de actuar como una chiquilla berrinchuda con Edward.

"¿En serio? ¿Nuestra Coronel Ouyang puede ser inmadura? Eso sería muy extraño. ¿Cómo es que no me ha tocado ver a la revoltosa Coronel Ouyang?". El Comandante sabía muy bien cuándo Rocío hablaba en serio, pero no pudo evitar reírse y pensar: '¡Sería lindo que mi hija fuera tan sensata como ella!'.

"Comandante... debo ir a la oficina", decía Rocío completamente sonrojada. Era algo tímida, así que apresuró el paso hacia su oficina. Mirando su rostro sonrojado, el Comandante se reía enérgicamente. Su risa provocaba que Rocío se sintiera aún más avergonzada. Deseaba desaparecer de su vista lo antes posible.

"Marco, ¿siempre es así de tímida la Coronel?". El Comandante le preguntó a Marco, quién los había estado siguiendo. Intentaba alcanzarla, pero ahora debía detenerse.

"Comandante, estoy bastante familiarizado con el carácter de la Coronel. Siempre ha sido así delan

oco confundido por las palabras de Edward. Y él a su vez se burlaba de Joseph, pues no tenía ninguna intención de darle explicación alguna.

"Joseph, no tienes de que preocuparte. Lo que acabo de decir es muy enredado y complejo de entender. Así que no te molestes en tratar de comprender. Vamos directo al grano". Edward era un hombre bastante maligno si se enfadaba. Esta característica suya era conocida por todos. Era la primera vez que Joseph trataba con él, por lo que debía ser realmente valiente para desafiarlo.

"¿Acaso no tuvimos un acuerdo ayer? Tan solo tiene que firmar en el documento". Joseph se sorprendió de que Edward pudiera atraer a tanta gente en tan poco tiempo, pero pensó que este era su campo, por lo que se comportó bastante rudo frente a él.

"¡Ja! ¿En realidad piensas que firmaré un contrato tan injusto? ¿Quién te dio ese nivel de confianza?". Edward se burló mientras cruzaba sus largas piernas. Y le arrojó una mirada desdeñosa.

"No lo olvides, este es mi territorio. Si deseas que la base minera funcione de manera segura, debe firmar el documento". Joseph lo respetaba, pues lucía tan impasible, como si estuviera tomando un café tranquilamente, en lugar de negociar con él.

"No me conoces en absoluto. Si realmente tuviera miedo de lo que dijiste, no habría planeado construir una base minera aquí". Los ojos de Edward de repente se tornaron furiosos. Odiaba ser amenazado por otros, y Joseph lo seguía provocando, lo que lo hacía enojar aún más.

"Entonces, ¿me dices que no podemos trabajar juntos?". Joseph giró sutilmente el anillo en su pulgar, y lo miró con sus ojos y se echó a reír descabelladamente.

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