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   Capítulo 668 La vuelta de Edward (Primera parte)

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 8872

Updated: 2019-08-19 05:38


Los minutos pasaron y las nuevas armas fueron sometidas a pruebas. Como todas esas eran armas de gama alta, algunas de ellas no pudieron probarse durante la conferencia, y sus funciones y desempeño tenían que ser explicadas por nada más ni nada menos que la Coronel Ouyang.

ʺLo que ustedes están viendo en este momento es un vehículo blindado, recién fabricado, equipado con radares de última generación, un preciso sistema de navegación y de posicionamiento, así como un sistema de comandos digital y electrónico. Como resultado, su capacidad de navegación, posicionamiento y filtrado de fuerzas amigas frente a las enemigas ha sido mejorado considerablemente. Puede lidiar con dos objetivos al mismo tiempo, tanto de noche como de día. Su sistema digital de comando y control proporciona un enlace de datos en tiempo real, entre el vehículo y la sedeʺ, explicó Rocío, de una manera segura, fluida y breve. La presentación estaba resultando todo un éxito. Edward escuchó atento, sin embargo, no se acercó. Decidió quedarse en la entrada y apreciar a su encantadora esposa con admiración y una gran sonrisa. Se sentía realmente orgulloso.

ʺAhora, pasemos a un tanque de talla principal: puede disparar mientras se encuentra en movimiento, y destruir a sus enemigos a más de 4.5 millas de distancia. Puede enfocar con precisión las posiciones de sus enemigos en el campo de batalla y emitir diálogos en cualquier momento. Difícilmente podría ser penetrado por algún proyectil. Se sabe que es el tanque más eficiente en estos momentos, en todo el mundoʺ.

A pesar de que Rocío estaba siendo observada por una gran multitud, lucía muy segura explicando los detalles sobre las nuevas armas. Parecía haberse olvidado todo, incluso de ella misma. Solo esas armas le importaban en ese momento. Sintió una mirada insistente; sin embargo no se atrevió distraerse y cometer un error frente a todos sus superiores.

Edward nunca había visto a Rocío desenvolverse de esa manera. Haciendo gala de una gran confianza en sí misma, demostró su vasto conocimiento militar, mientras hablaba con fervor y seguridad. Edward sabía que su esposa amaba su trabajo, por eso, a pesar de los peligros a los que tenía que enfrentarse, nunca le había pedido que dejara su sagrada carrera como soldado.

ʺSeñor Mu, su esposa es asombrosa. Ha explicado a detalle el rendimiento de esos equipos de una manera espectacularʺ. Lucas rara vez halagaba a una mujer, sin embargo, en ese momento, no tuvo empacho en reconocer la excelente conferencia que Rocío había ofrecido

ʺ¡Por supuesto, mi esposa es realmente increíble!ʺ, dijo Edward, orgulloso, con una sonrisa de lado. Simpleme

señor Mu, después de vivir con él durante tanto tiempo? ¿Pero cómo es posible que yo no me haya visto afectado así por la convivencia diaria, durante tantos años con él?', se preguntó Lucas.

ʺ¿Ustedes dos están...?", preguntó el Comandante, visiblemente desconcertado al verlos intercambiando saludos formales, como dos extraños.

ʺSolo saludé a la Coronel Ouyangʺ, explicó Edward, escuetamente, pues algo en su esposa había llamado su atención. Solo había estado fuera un par de días y Rocío se había lesionado nuevamente. Parecía que nunca prestaba atención a las recomendaciones de Edward, de que debía cuidarse más.

ʺComprendo, señor Mu. Ustedes dos tienen una forma muy especial de convivirʺ, dijo el Comandante del Ejército, en tono divertido, después de escuchar la manera en que Edward se había dirigido a Rocío.

ʺLo siento, señor Comandanteʺ. En momentos como ese, Edward tendía a poner de lado su faceta de bravucón y arrogante, para actuar de forma considerada con su esposa, quien lucía un tanto avergonzada. Se dio cuenta de que lo mejor era dejar de jugar con su esposa, frente a tantos soldados.

ʺNo necesita disculparse. Sé que a los jóvenes les gusta divertirse. Sin embargo, la Coronel Ouyang hoy sí que nos ha sorprendido con su forma de ser; tan animosa y divertidaʺ, dijo el Comandante del Ejército, amablemente. Miró a Rocío y reflexionó sobre esa encantadora mujer quien siempre había sido fría y distante y que solo a veces demostraba su afecto.

ʺTiene razón, Rocío siempre ha sido una mujer muy seria. Es bueno ver a ese solemne rostro esbozar una sonrisa de vez en cuandoʺ, dijo el Subcomandante, haciendo eco de las palabras del Comandante. Al escucharlos expresarse de ella con tanto afecto, Rocío no pudo evitar sonrojarse.

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