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   Capítulo 675 El anillo de bodas atrasado (Primera parte)

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 8435

Updated: 2019-08-20 12:23


Lucas se desanimó al ver que había sido vencido por este pequeño niño. Aunque trabajaba para Edward desde hacía mucho tiempo, aún era demasiado torpe para aprender algunos de sus trucos.

Como la exhibición de las nuevas armas había finalizado, Rocío finalmente tuvo la oportunidad de relajarse y descansar. Era raro que pasara una noche tranquila sin trabajos amontonados. Así que comenzó a leer su novela favorita luego de ducharse. Era un viernes. Como ya era fin de semana, el ánimo de Rocío había mejorado. Ya que no tenía que preocuparse por trabajo o cualquier otro asunto, disfrutaba aquel precioso momento de ocio.

"Mami, ¿puedo pedirte algo, por favor?", dijo Julio con una sonrisa aduladora. Solo Dios sabía cuándo ese niño entró a escondidas en la habitación.

"¡Ve y tómala! Está en el estudio". Rocío respondió incluso antes de que Julio pudiera nombrar lo que estaba pidiendo. De seguro era la computadora. Como madre, Rocío conocía muy bien a su hijo. Para ella, bastaba con mirar el rostro de su hijo para adivinar sus deseos más profundos. Julio no había usado la computadora durante bastantes días. ¡El castigo debía terminar ahora!

"¿De verdad? ¡Mamá! ¡Oh, te quiero mucho!". La respuesta tan complaciente de Rocío estaba más allá de sus expectativas. Se sintió tan eufórico que le dio a su querida madre un ferviente beso.

"Pero con una condición, Julio. No mires nada inapropiado para tu edad. De lo contrario, no solo te quitaré la computadora, sino que serás enviado a la base del ejército y sufrirás un duro entrenamiento". Rocío puso una cara inexpresiva, diciéndolo en un tono bastante serio. Nunca escatimaría en su amor si Julio lo necesitaba. Pero no estaba dispuesta a malcriarlo, y sabía bien cuándo necesitaba algo de disciplina. Los niños deberían ser educados adecuadamente. A veces podría ser difícil para una madre ponerse estricta en esto, pero Rocío tenía claro que debía hacerlo para evitar que su hijo cometiera los errores repetidamente.

"Mmm... ¡Sí! ¡Gracias mami! Lo entiendo". Julio se emocionó y gritó. Había muchos juegos que ya había desarrollados en su computadora. Y su progreso se había pausado durante muchos días, desde que Rocío le quitó la computadora. Ahora por fin podría reanudarlos. Odiaba estar desocupado y no tener nada en qué entretenerse durante todo el día. Debía ocuparse en algo, y el avanzar en sus juegos era su actividad favorita.

"¡Adelante! Pero no juegues demasiado tiempo". Rocío sabía que su hijo era capaz de controlarse. Siempre había

rlos libres cuando fuera el momento de fomentar su independencia.

"Supongo que debo aceptar la realidad, aunque aún me siento preocupada por Julio. De todas formas, ¡no puedo obligarlo a hacer cosas contra su voluntad! Bueno, hay otra cosa que quería decirte, Edward. Fui a ver a Hero hace un par de días, pues quería verme". Rocío miró a Edward a la cara, observando su reacción. Su expresión se tornó nerviosa cuando le dijo esto. Temía que Edward se enojara nuevamente.

"¿Oh? Y, ¿qué te ha dicho?". Edward lanzó una sonrisa amable para tranquilizarla. En realidad, Hero era el tipo de hombre que merecía su respeto. Era una lástima que hubiese quedado flechado por Rocío. Nunca debió haberse enamorado de ella. En opinión de Edward, él era el único hombre que tenía el derecho de amar a Rocío y ser amado por ella. Ningún otro hombre tendría ese derecho, ni siquiera en sus sueños.

"¿Te importa lo que haya dicho?". Rocío miró a Edward a los ojos. Estaba ansiosa por descifrar la verdad en ellos. Pero estaban tan tranquilos, y permanecían tan impasibles que no revelaron ni una mínima pista.

"No. No estoy interesado en eso. Lo único que me importa es cómo hayas respondido a sus preguntas. Y obviamente, eso ya lo tengo claro". Edward confiaba en Rocío. Sabía lo que sentía por él, y era plenamente consciente del amor que le profesaba. No importa cuán dulce fuese Hero, Rocío nunca cambiaría su actitud hacia él. Edward estaba seguro de que era el único hombre al que Rocío amaba. Y que sería imposible para ella enamorarse de otro. El amor de Rocío le daba confianza, como si le otorgara armas fatales con las que podría vencer a cualquier potencial rival amoroso.

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