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   Capítulo 682 Eres solo mío (Segunda parte)

La Frialdad de Rocío By Di Sheng You Yang Palabras: 7449

Updated: 2019-08-21 07:38


ʺNo recuerdo haber dicho ninguna de esas estupideces. Y si las dije, debí haber estado loco. Harías bien en olvidarlas, no sé en qué estaba pensandoʺ. Samuel se liberó del abrazo de Rachel y se levantó rápidamente de su silla. Ella estuvo a punto de caerse al suelo cuando él se alejó.

ʺSamuel, negar tus sentimientos hacia mí con tanta insistencia, solo significa que aún te importo. Solo espera y verás, te demostraré quién es la mujer ideal para tiʺ, dijo Rachel mirándolo seductoramente y con la barbilla levantada de una forma muy arrogante.

ʺLo que tú digas. ¡Ahora vete!ʺ, dijo Samuel con severidad. No estaba interesado en esa mujer ni regresaría con ella, sin importar lo que sucediera. Eso era algo que podría jurar.

ʺ¡No me rendiré!ʺ. Las cosas no habían salido cómo Rachel las había planeado, aun así sentía que todavía tenía una oportunidad. Esa mujer creía firmemente que Belén no le llegaba ni a los talones. Y estaba segura de que podría encontrar algo que pudiera usar en su contra para poder quedarse con Samuel.

ʺNo obtendrás lo que tanto deseas. Ahí está la puerta, puedes irte por voluntad propia, de lo contrario llamaré a los guardias de seguridad para que te escolten. Tú decidesʺ, dijo Samuel, haciendo una mueca y preguntándose si irrumpir en su oficina sería algo común para esa mujer en los próximos días.

ʺNo me rendiré hasta que vuelvas a ser míoʺ, dijo Rachel, mientras lo miraba una vez más, antes de salir de su oficina, de mala gana.

Samuel cerró los ojos y suspiró. Jamás regresaría con ella, eso era un hecho, como la puesta del sol cada día. Estaba casado, además Rachel no era su tipo. Esa mujer debía estar loca para pensar que Samuel seguía enamorado de ella. Si seguía insistiendo, todo lo que obtendría sería una terrible decepción.

Samuel se reclinó unos minutos en su silla y cuando estaba listo para reanudar su trabajo, sonó el teléfono. Contestó de inmediato:

ʺHola Edward. ¿Ya regresaste?ʺ. Samuel recordó la broma de Belén, acerca de que él y Edward iban a los hoteles y no pudo evitar reírse. Solo a ella se le ocurriría algo tan absurdo. No podía entender de dónde había sacado esa idea, pues definitivamente no era gay.

ʺSí, regresé ayer. No nos hemos vist

esposa.

ʺYo no dije eso. Pero si has llegado a esa conclusión, no hay nada que yo pueda hacerʺ. Rocío se deslizó del abrazo de Edward y caminó lentamente hacia el baño. Se sentía más exhausta que de costumbre después de la noche de sexo que habían tenido. Ese hombre tenía demasiada energía.

Edward sacudió la cabeza mientras caminaba hacia la puerta de la recamara, luego vio a Julio correr escaleras abajo.

ʺJulio, no corras tan rápido. ¡Ten cuidado! ¿Cuál es la prisa?ʺ, gritó Edward, frunciendo el ceño. Fue a alcanzarlo y cuando lo encontró, Julio le dijo:

ʺPapi, tío Lucas y yo iremos al gimnasio de taekwondo. No tienes trabajo para él hoy, ¿verdad?ʺ. Cuando terminó de hablar le regaló a su padre una dulce sonrisa.

ʺOh. ¡Así que vas a salir con Lucas! ¿Eso significa que te vas a perder de ir a un fabuloso restaurante con tu mamá y conmigo?ʺ. Edward suspiró, fingiendo sentir lástima por él. Julio sintió que estaba atrapado en un dilema.

ʺ¿Habrá buena comida? ¿Puedes reprogramarlo para esta noche?ʺ. Elegir entre el taekwondo y el restaurante era una decisión difícil, pues a Julio le encantaban las dos cosas.

ʺNo, no puedo reprogramarlo. Tendrás que elegir unoʺ. Edward sabía que Julio elegiría el restaurante, ya que la comida era su debilidad.

ʺDame un minutoʺ. Julio lo pensó arduamente como si se tratara de una decisión de vida o muerte. Por fin tomó una decisión: ʺIré contigo y mamá al restaurante. El taekwondo puede esperar hasta mañanaʺ.

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