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   Clásico 4 No.4

El banquero anarquista Por Fernando Pessoa Palabras: 8252

Actualizado: 2018-11-14 00:02


"¿Qué es ser anarquista? La libertad, la libertad para uno y para los otros, para la humanidad entera. Querer estar libre de la influencia o de la presión de las ficciones sociales, querer ser libre tal como se nació y apareció en el mundo, que es como en justicia debe ser, y querer esa libertad para uno y para todos los demás. No todos pueden ser iguales frente a la Naturaleza: unos nacen altos, otros bajos; unos fuertes, otros débiles; unos más inteligentes, otros menos… Pero todos pueden ser iguales de ahí en adelante; sólo las ficciones sociales lo impiden. Esas ficciones sociales son las que era necesario destruir.

"Era necesario destruirlas… Pero no se me escapó una cosa: era necesario destruirlas pero en beneficio de la libertad, y teniendo siempre en vista la creación de una sociedad libre. Porque eso de destruir las ficciones sociales tanto puede ser para crear libertad, o preparar el camino de la libertad, como para establecer otras ficciones sociales diferentes, igualmente malas porque son igualmente ficciones. Aquí es donde se necesitaba cuidado. Era necesario acertar con un proceso de acción, cualquiera que fuese su violencia o su no violencia (porque contra las injusticias sociales todo era legítimo), por el cual se contribuyese a destruir las ficciones sociales sin, al mismo tiempo, perjudicar la creación de la libertad futura; creando allí mismo, en el caso de que fuese posible, algo de la libertad futura.

"Es claro que esta libertad, que se debe tener cuidado de no perjudicar, es la libertad futura y, en el presente, la libertad de los oprimidos por las ficciones sociales. Claro está que no tenemos que fijarnos en no perjudicar la "libertad" de los poderosos, de los bien situados, de todos quienes representan las ficciones sociales y tienen ventajas en ellas. Ésa no es libertad; es la libertad de tiranizar, que es lo contrario de la libertad. Ésa, por el contrario, es la que más debíamos pensar en perjudicar y en combatir. Me parece que esto está claro…

-Está clarísimo. Continúe…

-¿Para quién quiere el anarquista la libertad? Para la humanidad entera. ¿Cuál es la manera de conseguir la libertad para la humanidad entera? Destruir por completo todas las ficciones sociales. ¿Cómo se podrían destruir por completo todas las ficciones sociales? Ya le anticipé la explicación cuando, con motivo de su pregunta, discutí los otros sistemas avanzados y le expliqué cómo y por qué era anarquista… ¿Ud. se acuerda de mi conclusión?…

-Me acuerdo…

-… Una revolución social súbita, brusca, aplastante, haciendo pasar a la sociedad, de un salto, del régimen burgués a la sociedad libre. Esta revolución social preparada por un trabajo intenso y continuado, de acción directa e indirecta, tendiente a predisponer a todos los espíritus para la llegada de la sociedad libre, y a debilitar hasta un estado comatoso todas las resistencias de la burguesía. Me excuso de repetirle las razones que llevan inevitablemente a esta conclusión, dentro del anarquismo; ya se las expuse y ud. ya las entendió.

-Sí.

-Esa revolución sería preferiblemente mundial, simultánea en todos los puntos, o los puntos importantes del mundo; o no siendo así, partiendo rápidamente de unos a otros, pero, a pesar de todo, en cada punto, esto es, en cada nación, fulminante y completa.

"Muy bien. ¿Qué podía hacer yo con ese fin? Por mí solo, no podría hacerla a ella, a la revolución mundial, ni siquiera podría hacer la revolución completa en la parte relacionada con el país en donde estaba. Lo que podía era trabajar, en la entera medida de mi esfuerzo, para preparar esa revolución. Ya le expliqué cómo: combatiendo, por todos los medios accesibles, las ficciones sociales; no perjudicando nunca al hacer ese combate o la propaganda de la sociedad libre, ni la libertad futura ni la libertad presente de los oprimidos; creando ya, de ser posible, algo de la futura libertad.

Exhaló el humo; hizo una leve pausa, volvió a comenzar.

-Entonces aquí, mi amigo, puse yo mi lucidez en acción. Trabajar para el futuro está bien, pensé; trabajar para que los otros tengan libertad est

á perfecto. ¿Pero entonces yo?, ¿yo no soy nadie? Si yo fuese cristiano, trabajaría alegremente por el futuro de los otros, porque iba a tener mi recompensa en el cielo; pero también, si yo fuese cristiano, no sería anarquista, porque entonces las tales desigualdades sociales no tendrían importancia en nuestra corta vida: serían sólo condiciones de nuestra prueba y serían recompensadas en la vida eterna. Pero yo no era cristiano, como no lo soy, y me preguntaba: ¿pero por quién y por qué me voy a sacrificar en todo esto? Más todavía: ¿para qué me voy a sacrificar?

"Tuve momentos de descreimiento; y ud. comprende que era justificado… Soy materialista, pensaba; no tengo más vida que ésta, ¿para qué voy a atormentarme con propagandas y desigualdades sociales y otras historias, cuando podría gozar y entretenerme mucho más si no me preocupara de eso? Quien tiene sólo esta vida, quien no cree en la vida eterna, quien no admite más ley que la Naturaleza, quien se opone al Estado porque él no es natural, al casamiento porque él no es natural, al dinero porque él no es natural, a todas las ficciones sociales porque ellas no son naturales, ¿por qué motivo es que defiende el altruismo y el sacrificio por los otros, o por la humanidad, si el altruismo y el sacrificio tampoco son naturales? Sí, la misma lógica que me muestra que un hombre no nace para ser marido, o para ser portugués, o para ser rico o pobre, me muestra también que él no nace para ser solidario, que él no nace sino para ser él mismo, y en consecuencia lo contrario de altruista y solidario, y por lo tanto exclusivamente egoísta.

"Discutí la cuestión conmigo mismo. Fíjate, yo decía para mí que nacemos pertenecientes a la especie humana, y que tenemos el deber de ser solidarios con todos los hombres. ¿Pero la idea de "deber" era natural? ¿De dónde es que venía esta idea de "deber"? Si esta idea de deber me obligaba a sacrificar mi bienestar, mi comodidad, mi instinto de conservación y mis otros instintos naturales, ¿en qué divergía la acción de esa idea de la acción de cualquier ficción social, que produce en nosotros exactamente el mismo efecto?

"Esta idea de deber, esto de la solidaridad humana, sólo podía considerarse natural si trajera consigo una compensación egoísta, porque entonces, aunque en principio contrariase el egoísmo natural, si diera a ese egoísmo una compensación, siempre, a fin de cuentas, no lo contrariaría. Sacrificar un placer, simplemente sacrificarlo, no es natural; sacrificar un placer a otro es lo que ya está dentro de la Naturaleza: entre dos cosas naturales de las que no se pueden tener ambas, escoger una es lo que está bien. ¿Pero qué compensación egoísta o natural podía darme la dedicación a la causa de la sociedad libre y de la futura sociedad humana? Sólo la conciencia del deber cumplido, del esfuerzo para un buen fin; y ninguna de estas cosas es una compensación egoísta, ninguna de estas cosas es un placer en sí, sino un placer, si lo es, nacido de una ficción, como puede ser el placer de ser inmensamente rico, o el placer de haber nacido en una buena posición social.

"Le confieso, mi viejo, que tuve momentos de descreimiento… Me sentí desleal a mi doctrina, traidor a ella… Pero pronto superé todo eso. La idea de justicia estaba ahí, dentro de mí, pensé. Yo la sentía natural. Yo sentía que había un deber superior a preocuparme sólo por mi propio destino. Y seguí adelante en mi propósito.

-No me parece que esa decisión revelase una gran lucidez de su parte… Ud. no resolvió la dificultad… Ud. siguió adelante por un impulso absolutamente sentimental…

-Sin duda. Pero lo que le estoy contando ahora es la historia de cómo me volví anarquista y de cómo lo continué siendo, y continúo. Le voy exponiendo lealmente las vacilaciones y las dificultades que tuve, y cómo las vencí. Coincido en que, en aquel momento, vencí la dificultad lógica con el sentimiento y no con el raciocinio. Pero ud. ha de ver que, más tarde, cuando llegué a la plena comprensión de la doctrina anarquista, esta dificultad, hasta entonces sin respuesta, tuvo su solución completa y absoluta.

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