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   Clásico 6 No.6

El banquero anarquista Por Fernando Pessoa Palabras: 8454

Actualizado: 2018-11-14 00:02


-¿La qué?

-La tiranía de la ayuda. Había entre nosotros quien, en lugar de mandar a los otros, en lugar de imponerse a los otros, por el contrario, los ayudaba en todo cuanto podía. Parece lo contrario, ¿no es verdad? Pues vea que es lo mismo. Es la misma tiranía nueva. Es del mismo modo ir contra los principios anarquistas.

-¡Ésa sí que es buena! ¿En qué?

-Ayudar a alguien, mi amigo, es tomar a alguien por incapaz; si ese alguien no es incapaz, es o convertirlo en tal o suponerlo tal, y esto es, en el primer caso una tiranía, y en el segundo, un desprecio. En un caso se cercena la libertad del otro; en el otro se parte, por lo menos inconscientemente, del principio de que el otro es despreciable e indigno o incapaz de libertad. "Volvamos a nuestro caso… Ud. ve bien que este punto era gravísimo. Vaya que trabajásemos por la sociedad futura sin esperar que ella nos lo agradeciese, o arriesgándonos, incluso, a que ella nunca llegase. Todo eso, vaya. Pero lo que era demasiado era que estuviéramos trabajando para un futuro de libertad y que no hiciéramos de positivo más que crear tiranía, y no sólo tiranía, sino tiranía nueva, y tiranía ejercida por nosotros, los oprimidos, los unos sobre los otros. Esto sí que no podía ser…

"Me puse a pensar. Aquí había un error, algún desvío. Nuestros objetivos eran buenos; nuestras doctrinas parecían verdaderas; ¿serían equivocados nuestros métodos? Seguramente debían de serlo. ¿Pero dónde diablos estaba el error? Me puse a pensar en eso y me iba volviendo loco. Un día, de repente, como ocurren siempre estas cosas, di con la solución. Fue el gran día de mis teorías anarquistas; el día en que descubrí, por decirlo así, la técnica del anarquismo.

Me miró un momento sin verme. Después continuó, en el mismo tono.

-Pensé así… Tenemos aquí una tiranía nueva, una tiranía que no es derivada de las ficciones sociales. ¿Entonces de dónde es derivada? ¿Será derivada de las cualidades naturales? Si lo es, ¡adiós sociedad libre! Si una sociedad donde están en operación apenas las cualidades naturales de los hombres, aquellas cualidades con que ellos nacen, que deben sólo a la Naturaleza y sobre las cuales no tenemos poder alguno; si una sociedad donde están en operación apenas esas cualidades es un amontonamiento de tiranías, ¿quién va a mover el dedo meñique para contribuir al advenimiento de esa sociedad? Tiranía por tiranía, que quede la que está, que al menos es aquella a la que estamos acostumbrados y que por eso, fatalmente sentimos menos de lo que sentiríamos una tiranía nueva, y con el carácter terrible de todas las cosas tiránicas que son directamente de la Naturaleza: el no haber rebelión posible contra ella, como no hay revolución contra tener que morir, o contra nacer bajo cuando se prefería haber nacido alto. Asimismo ya le probé que, si por cualquier razón no es realizable la sociedad anarquista, entonces debe existir, por ser más natural que cualquier otra salvo aquélla, la sociedad burguesa.

"¿Pero sería esta tiranía, que nacía así entre nosotros, realmente derivada de las cualidades naturales? ¿Pero qué son las cualidades naturales? Son el grado de inteligencia, de imaginación, de voluntad, etcétera, con que cada uno nace; esto en el campo mental, es claro, porque las cualidades naturales físicas no vienen al caso. Pero un tipo que, sin ser por una razón derivada de las ficciones sociales, manda a otro, forzosamente lo hace por que es superior en una u otra de las cualidades naturales. Lo domina por el empleo de sus cualidades naturales. Pero hay una cosa para considerar: ¿ese empleo de las cualidades naturales será legítimo, esto es, será natural?

"¿Pero cuál es el empleo natural de nuestras cualidades naturales? El servir a los fines naturales de nuestra personalidad. ¿Pero dominar a alguien será un fin natural de nuestra personalidad? Puede serlo; hay un caso en que puede serlo: es cuando ese alguien está para nosotros en un lugar de enemigo. Para el anarquista, es claro, quien está en el lugar de enemigo es cualquier representante de las ficciones sociales y de su tiranía; nadie más, porque todos los otros hombres son hombres como él y camaradas naturales. Ahora, ud. bien ve, el caso d

e tiranía que habíamos estado creando entre nosotros no era éste; la tiranía que habíamos estado creando era ejercida sobre hombres como nosotros, camaradas naturales, y más todavía, sobre hombres dos veces nuestros camaradas, porque lo eran también por la comunión en el mismo ideal. Conclusión: esta tiranía nuestra, si no era derivada de las ficciones sociales, tampoco era derivada de las cualidades naturales; era derivada de una aplicación equivocada, de una perversión de las cualidades naturales. ¿Y esa perversión, de dónde es que provenía?

"Tenía que provenir de una de dos cosas: o de que el hombre es naturalmente malo, y en consecuencia todas las cualidades naturales son naturalmente pervertidas, o de una perversión resultante de la larga permanencia de la humanidad en una atmósfera de ficciones sociales, todas ellas creadoras de tiranía, y tendiente, en consecuencia, a volver instintivamente tiránico el uso más natural de las cualidades más naturales. Ahora, de estas dos hipótesis, ¿cuál sería la verdadera? De un modo satisfactorio, esto es, rigurosamente lógico o científico, era imposible determinarlo. El raciocinio no puede enfrentar el problema porque éste es de orden histórico o científico, y depende del conocimiento de hechos. Por su lado, la ciencia tampoco nos ayuda, porque, por más lejos que retrocedamos en la historia, encontramos siempre al hombre viviendo bajo uno u otro sistema de tiranía social, y por consiguiente, siempre en un estadio que no nos permite averiguar cómo es el hombre cuando vive en circunstancias pura y enteramente naturales. No habiendo manera de determinarlo con seguridad, tenemos que inclinarnos hacia el lado de la mayor probabilidad, y la mayor probabilidad está en la segunda hipótesis. Es más natural suponer que la larguísima permanencia de la humanidad en ficciones sociales creadoras de tiranía haga que cada hombre nazca con sus cualidades naturales pervertidas, en el sentido de tiranizar espontáneamente incluso a quien no pretenda tiranizar, que suponer que las cualidades naturales pueden ser naturalmente pervertidas, lo que, de cierto modo, representa una contradicción. Por eso el pensador se decide, como yo me decidí, con una seguridad casi absoluta, por la segunda hipótesis. "Tenemos, pues, que una cosa es evidente… En el estadio social presente no es posible que un grupo de hombres, por bien intencionados que estén todos, por preocupados que estén todos sólo en combatir las ficciones sociales y en trabajar por la libertad, trabajen juntos sin que espontáneamente creen entre sí tiranía, sin crear entre sí una tiranía nueva, suplementaria a la de las ficciones sociales, sin destruir en la práctica todo cuanto quieren en la teoría, sin perjudicar involuntariamente lo más posible el propio objetivo que quieren promover. ¿Qué puede hacerse? Es muy simple… Es que trabajemos todos para el mismo fin, pero separados.

-¡¿Separados?!

-Sí. ¿Ud. no siguió mi argumento?

-Lo seguí.

-¿Y no le parece lógica, no le parece inevitable, esta conclusión?

-Me parece, sí, me parece… Lo que no veo bien es cómo eso…

-Ya le voy a aclarar… Dije yo: trabajemos todos para el mismo fin, pero separados. Trabajando todos para el mismo fin anarquista, cada uno contribuye con su esfuerzo a la destrucción de las ficciones sociales, que es hacia donde lo dirige, y hacia la creación de la sociedad libre del futuro; y trabajando separados no podemos, de ningún modo, crear tiranía nueva, porque nadie tiene acción sobre otro y no puede, en consecuencia, ni dominándolo, disminuirle la libertad, ni ayudándolo, apagársela.

"Trabajando así separados y con el mismo fin anarquista, tenemos dos ventajas: la del esfuerzo conjunto y la de la no creación de tiranía nueva. Continuamos unidos porque lo estamos moralmente y trabajamos del mismo modo para el mismo fin; seguimos siendo anarquistas, porque cada uno trabaja para la sociedad libre; pero dejamos de ser traidores, voluntarios o involuntarios, a nuestra causa, dejamos incluso de poder serlo, porque nos colocamos, por el trabajo anarquista aislado, fuera de la influencia deletérea de las ficciones sociales, en su reflejo hereditario sobre las cualidades que la Naturaleza dio.

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