ManoBook > Historia > El banquero anarquista

   Clásico 9 No.9

El banquero anarquista Por Fernando Pessoa Palabras: 4764

Actualizado: 2018-11-14 00:02


-Y no la ejerce. La tiranía es de las ficciones sociales y no de los hombres que las encarnan; ellos son, por así decir, los medios de que las ficciones se sirven para tiranizar, como el cuchillo es el medio del que se puede servir el asesino. Y ud. ciertamente no juzga que suprimiendo los cuchillos suprime a los asesinos… Mire… Destruya ud. a toáoslos capitalistas del mundo, pero sin destruir al capital… Al día siguiente el capital, ya en las manos de otros, continuará, por medio de esos otros, su tiranía. Destruya, no a los capitalistas, sino al capital; ¿cuántos capitalistas quedan?… ¿Ve?…

-Sí; ud. tiene razón.

-Ah, hijo, lo máximo, lo máximo, lo máximo que ud. me puede acusar de hacer es de aumentar un poco, muy, muy poco, la tiranía de las ficciones sociales. El argumento es absurdo, porque como ya le dije, la tiranía que yo no debía crear, y que no creé, es otra. Pero hay un punto débil más: y es que, por el mismo razonamiento, ud. puede acusar a un general que entabla combate por su país, de causar a su país el perjuicio del número de hombres de su propio ejército que tuvo que sacrificar para vencer. Quien va a la guerra da y recibe. Que se consiga lo principal; el resto…

-Está muy bien… Pero fíjese en otra cosa… El verdadero anarquista quiere la libertad no sólo para sí, sino también para los otros… Me parece que quiere la libertad para la humanidad entera…

-Sin duda. Pero yo ya le dije que por el método que descubrí, que era el único método anarquista, cada uno tiene que liberarse a sí mismo. Yo me liberé a mí; cumplí con mi deber simultáneamente conmigo y con la libertad. ¿Por qué es que los otros, mis camaradas, no hicieron lo mismo? Yo no se lo impedí. Ése es el que hubiera sido el crimen, si yo se lo hubiese impedido. Pero yo ni siquiera se lo impedí ocultándoles el verdadero método anarquista; en cuanto descubrí el método, se lo dije claramente a todos. El mismo método me impedía hacer más. ¿Qué más podía hacer? ¿Obligarlos a seguir ese camino? Aunque lo pudiera hacer, no lo haría, porque sería quitarles la libertad, y eso iba contra mis principios anarquistas. ¿Ayudarlos? Tampoco podía ser, por la misma razón. Yo nunca ayudé, ni ayudo, a nadie, porque eso, eso de disminuir la libertad ajena, va también contra mis principios. Lo que ud. me está censurando es el que yo no sea más que una sola persona. ¿Por qué me ce

nsura el cumplimiento de mi deber de liberar, hasta donde pueda cumplirlo? ¿Por qué no los censura antes a ellos por no haber cumplido el de ellos?

-Pues sí, hombre. Pero esos hombres no hicieron lo que hizo ud., naturalmente, porque eran menos inteligentes que ud., o menos fuertes de voluntad, o…

-Ah, mi amigo: ésas son ya las desigualdades naturales y no las sociales… Son ésas con las que el anarquismo no tiene nada que ver. El grado de inteligencia o de voluntad de un individuo es entre él y la Naturaleza; las mismas ficciones sociales no tienen allí ninguna responsabilidad. Hay cualidades naturales, como ya le dije, que se puede presumir que sean pervertidas por la larga permanencia de la humanidad entre ficciones sociales; pero la perversión no está en el grado de la cualidad, que es absolutamente dado por la Naturaleza, sino en la aplicación de la cualidad. Pero una cuestión de estupidez o de falta de voluntad no tiene que ver con la aplicación de esas cualidades, sino sólo con el grado de ellas. Por eso le digo: ésas son ya absolutamente las desigualdades naturales, y sobre ésas nadie tiene ningún poder, ni hay modificación social que las modifique, como no puede volverme a mí alto o a ud. bajo…

"A no ser… A no ser que, en el caso de esos hombres, la perversión hereditaria de las cualidades naturales llega tan lejos que alcanza el mismo fondo del temperamento… Sí, que un tipo nazca para esclavo, nazca naturalmente esclavo, y por lo tanto incapaz de algún esfuerzo en el sentido de liberarse… Pero en ese caso… , en ese caso… , ¿que tiene él que ver con la sociedad libre o con la libertad?… Si un hombre nació para esclavo, la libertad, siendo contraria a su índole, será para él una tiranía. Hubo una pequeña pausa. De repente me eché a reír.

-Realmente -dije yo- ud. es anarquista. En todo caso, da ganas de reír, incluso después de haberlo oído, comparar lo que ud. es con lo que son los anarquistas que andan por ahí…

-Mi amigo, yo ya se lo dije, ya se lo demostré, y ahora se lo repito… La diferencia es sólo ésta: ellos son anarquistas sólo teóricos, yo soy teórico y práctico; ellos son anarquistas místicos y yo, científico; ellos son anarquistas que se agachan, yo soy un anarquista que combate y libera… En una palabra: ellos son pseudoanarquistas y yo soy anarquista.

Y nos levantamos de la mesa.

Lisboa, enero de 1922.

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