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   Capítulo 4 Villa Greenpoint.

Atrapada entre mi amor desmedido y tu odio. Por Liliana Situ Palabras: 17241

Actualizado: 2021-02-22 11:41


Sola en esa madrugada Celeste caminaba rápidamente vestida modestamente solo con una sudadera negra con capucha, pantalones azules oscuro de mezclilla y tenis negros.

Este look lo usaba mucho los domingos cuando se relajaba en su casa después de una semana ardua en la universidad además de haber ayudado a sus padres en la empresa.

No tenía idea de adonde podía ir, pero si debía huir lo mas lejos posible de la ciudad.

Cómo sabía que no podía molestar a ninguna de sus amigas pues estaba segura de que sus padres las interrogarían cuando se enteraran de que había huido de la mansión de los Myers, de Erik Celeste se dirigio a la estación de trenes mas cercana.

Erik...el que consideraba antes su amigo, en esta noche le había arrebatado su mas preciada posesión.

Su virginidad era algo que Celeste esperaba poder entregar por amor a un hombre llegado el momento, un hombre que en verdad la amara.

Sin embargo terminó siendo Erik a quien le perteneció y Celeste se debatía entre si eso era bueno o malo.

No es que Celeste no haya sentido nunca nada por Erick en todo su tiempo juntos desde su niñez temprana, adolescencia e incipiente adultez.

Todo lo contrario, Celeste siempre había tenido como un amor platónico y una admiración muy fuerte por Erik, un amor que ella le profesaba cada que tenia oportunidad como las veces que le ayudaba con sus tareas en las empresas conjuntas de sus padres y que ella sabia que se le dificultaban bastante.

Erik no era muy extrovertido y se le hacia complicado ser el líder que se esperaba que fuera, pero cuando Celeste estaba a su lado, presidir algunas reuniones con los empleados o incluso las primeras con los directivos se le hacían menos complicadas y menos aterradoras.

Celeste siempre fue mejor que Erik para hablar ante el publico, era la oradora estrella de su escuela, la mejor en defender su opinión ante cualquier debate por lo que ella siempre le ayudaba a repasar lo que iba a decir a Erik antes de que diera su discurso o dirigiera la junta.

Celeste tambien le demostraba su amor a Erik cuando le llevaba algún dulce despues de las clases o a su casa que ella sabía que le gustaba a o cuando le ayudaba a estudiar matematicas, calculo o cualquier materia en la que Erik flaqueara y jamas le importó si terminaban de estudiar a altas horas de la noche provocando que ella durmiera poco.

Celeste le demostraba su amor a Erik cuando le acariciaba la espalda despacio con ternura cuando se sentía cansado después de algún entrenamiento, cuando había tenido alguna discusión con su padre o con su madre.

Celeste le demostraba su amor cuando lo cuidaba porque estaba enfermo en cama y lo hacia con una sonrisa encantada de estar siempre al lado de su amigo adorado y entrañable.

"Porque Erik...porque tuviste que obedecer lo que nuestros padres te dijeron?"

"No puedo entenderlo, porque? porque? acaso ya no sentías nada de respeto por mi?"

"No quiero recordar nada, ojala hubiera algo que pudiera tomar para que olvidara tu cara enfadada mirándome, tu rudeza hacia mi..."

"Yo te adoraba, te amaba tiernamente, ahora estoy dolida y confundida....demasiado..."

"Melissa se morirá si se entera, seguro que me matara...no puedo enfrentarla, ella también es mi amiga, yo sabia que ella te idolatraba...esto la destruiría por completo y no puedo permitirlo, por eso me marcho."

Sumida en sus pensamientos algunas lagrimas rodaban dejando salir un poco de su tristeza de la jovencita que se sentía perdida en la vida.

Si hubiera sido diferente, si tan solo su primera vez no hubiera sido forzada de forma tan cruel ahora tendría otro recuerdo hermoso junto con Erik, como muchos que compartían antes y se sentiría en confianza de externarle su amor oculto, pero no asi, ahora su amor había vuelto a esconderse por completo dentro de su caparazón para protegerse.

Cuando Erik llego un dia feliz y con cara de enamorado bobo, Celeste supo que ella no tenia ninguna oportunidad contra Melissa quien parecía haber lanzado un encantamiento de amor profundo y loco hacia Erik, quien se la pasaba todo el dia hablando de ella, haciendo cosas por ella o estando con ella abrazados y besándola.

En estos recuerdos se perdia cuando una luz fuerte la deslumbro lo que la puso alerta pues la estación de trenes estaba a solo unos pasos de ella.

En la taquilla de la estación de trenes Celeste compró su pasaje solo de ida a la estación mas lejana que era la Villa Greenpoint, un pueblecito bastante remoto donde ella se quedaría ahí por una temporada hasta que su suerte mejorara y supiera que tanto su familia como los Myers la habían dado por muerta dejándola de buscar.

En esa Villa Celeste planeaba encontrar un trabajo tal ves limpiando mesas, o ayudando en casas como doncella, pues siempre había ayudado a Marian cuando ella hacia su trabajo en casa, o tal vez de mesera, ella sabia que un poco de trabajo duro no le haría daño si hacia podía ganarse la vida.

La amplia estación de trenes iluminada por las potentes luces solo albergaba a un reducido puñado de personas que esperaban distintos trenes antes de que el tren hacia Villa Greenpoint fuera anunciado y Celeste se sento en las incomodas bancas grisosas de la estación.

Unas bancas al lado de ella una señora de edad avanzada no le había quitado el ojo de encima desde que ella había llegado y cuando Celeste alzo la mirada la señora le sonrio amablemente y Celeste le correspondio mientras que intentaba acomodarse en las sillas que tal vez en el pasado fueron blancas.

"Niña, pero que haces a estas horas de la madrugada tú sola en esta estación de trenes?"

La señora algo encorvada por estar recargada sobre sus manos se había fijado en la niña que cargaba una mochila en su espalda y tenia un semblante con algo de nerviosismo.

Miraba ansiosa a todos lados mientras que el pasaje en su mano temblaba y no era porque hiciera viento.

"Me dirijo a la Villa Greenpoint a probar suerte, esta ciudad no es para mi."

Contesto amablemente Celeste, pero también algo cortante porque no se sentía con ganas de platicar con nadie ni explicar nada a ninguna persona ajena a ella.

La anciana la miró con algo de suspicacia, pero decidio que si ella no quería decirle nada, ella no era nadie para forzarla, pero tal vez si podría ayudarla pues la niña había dicho que iba a probar suerte en la Villa.

"Tienes familia establecida ya en Villa Greenpoint?"

"La verdad no, solo quiero alejarme de aquí, usted también se va de la ciudad para buscar un lugar mas apacible?"

"No niña, yo regreso a mi pueblo después de este urgente viaje que me forzo a venir a la ajetreada ciudad, si no tienes familia ni amigos allá... donde piensa quedarte?"

"La verdad no se señora...no conozco a nadie allá y tengo poco dinero, pero espero que la suerte me sonria y encuentre algo rápido, soy joven y no tengo miedo al trabajo duro, además de que aprendo rápido y me gusta ayudar a los demas."

La señora sonrio ante sus palabras, pues las sintió sinceras y supo que tenia la oportunidad perfecta para protegerla de algunos peligros a los que esta niña se podría enfrentar sola.

"Está claro niña que ambas tenemos suerte esta madrugada, si te parece bien me gustaría ofrecerte un trabajo."

"Que clase de trabajo señora?"

"Soy vieja y tengo una casa grande que a duras penas puedo mantener limpia, si aceptas ayudarme con sencillas tareas que me fatigan te ofrezco alojamiento, comida y te podría pagar algo..."

"Pero no puedo permitirme mucho debido a la pension de mi finado esposo, pero te servirá para que hagas tus ahorros para el futuro, aceptas?"

Parecian las oraciones de Celeste contestadas!

Ella observaba a la señora que no le parecía mala persona, Celeste quería creer en ella, aunque tenia algo de desconfianza porque sonaba demasiado bien, decidio aceptar su ofrecimiento.

"Me parece bien señora, acepto el trabajo, pero digame estoy soñando o esto es real, es demasiado bueno para ser verdad, no muchas personas son buenas como usted con los extraños..."

"Es real mi niña, como todo en este lugar, no tengas miedo, se que no todas las personas son buenas en el mundo, pero te prometo que te cuidare de ahora en adelante, ambas nos cuidaremos, trato?"

"Trato señora, mi nombre es Celeste y el de usted?"

"Me llamo Cristina niña, soy la señora Cristina Laponte."

"Encantada de conocerla señora Cristina!"

"Como es que fue posible cargar usted sola todas estas bolsas?...se ven que son bastante pesadas!"

"Me ayudaron linda Celeste, el taxista me ayudo a poner las bolsas en el suelo porque si son algo pesadas, pero es justo las provisiones que necesito para no volver en una buena tempora

da a la ciudad."

"Pero ahora que tu haz aceptado ayudarme, me ayudarías por favor a subir mis bolsas al tren en cuanto llegue al anden?"

Celeste observa todas las bolsas de plastico unas y una gran bolsa de tela cafe con adornos de arboles y asiente mirando a lo lejos que el tren de la hora marcada se acerca ya en el anden en el que ellas estaban esperando.

Rápidamente Celeste se levanta, acomoda su mochila, agarra con sus manos las bolsas de plastico y el bolsa de tela y para su sopresa no estaban tan pesadas como ella habia creido.

La señora Cristina se levanto despacio acomodando su espalda, pero cuando por fin estuvo en pie dio pasitos agiles y rapidos hacia el tren que ya se estaba deteniendo para que los pasajeros pudieran abordarlo.

Cuando subieron al limpio tren, ambas mujeres buscaron asientos libres que estuvieran juntos, Celeste acomodo las bolsas de la señora Cristina en el compartimento de carga arriba de sus asientos, pero no dejo su mochila en el mismo, pues lo que traía en ella resumia su antigua vida en la ciudad que la vio crecer y que ahora la veía escapar.

Un rápida vistazo al tren por parte de Celeste antes de que sentara en su lugar le confirmo que ese tren luce casi vacío, muy pocas personas viajan tan temprano a esa Villa tan alejada con ese nombre tan peculiar.

El silbato suena en el anden marcando el final del abordaje de las personas y el tren se sacude indicándoles a las personas que el tren ya estaba a punto de partir.

Celeste sentada en el asiento al lado de la ventana le dio una ultima mirada a los rascacielos, los edificios, el ajetreo de la ciudad, a su familia, a Erik...

Bajo la cabeza derrotada mirando sus manos mientras que la señora Cristina fingia luchar con su celular para observarla detalladamente.

La señora Cristina era muy intuitiva y perspicaz y desde que había visto a Celeste entrar temblando y distraida a la estacion pudo sentir que ella estaba escapando de algo o e alguien y ahora confirmaba sus sospechas mirandola sufrir al partir de la ciudad a esa villa tan remota.

El viaje es bastante placentero y el amanecer las sorprende en todo su esplendor cuando el tren pasaba frente a una montañas tintandolas y a las nubes de un color anaranjado rojizo hermoso.

Pocas fueron las paradas en el trayecto hacia la villa, todas las paradas no presentaron ninguna complicacion y el viaje se mantuvo en el horario establecido, por lo que Celeste al ver que eltren ya estaba bastante alejado de la ciudad exhala tranquila mientras que baja la mirada algo triste.

Celeste se siente algo triste y nostalgica por dejar todo lo que ella apreciaba, su vida entera, sus estudios en la universidad que apenas había comenzaba ese año.

Todo eso ahora quedaría en el pasado pausado por tiempo indefinido, tal ves relegado a sus recuerdos por lo que se permitió derramar unas lágrimas para dejar salir su pesar mientras que la anciana Señora Cristina la miraba de reojo.

El reloj ya marcaba las 8 de la mañana en punto cuando el tren por fin se detuvo en la ultima estacion de su recorrido por lo que Celeste y la señora Cristina bajaron del tren para admirar primero la rustica estación de tren que también les daba la bienvenida al rústico pueblito que se presentaba frente a ellas.

En el horizonte se podía apreciar montañas verdes, arboles enormes con flores y diversas tonalidades de verde, multitud de flores de colores en las casas y las calles.

El pueblito estaba compuesto de varias hileras de casitas de una sola planta con tejados llenos de pasto verde, casi nada de asfalto se apreciaba en las calles que la mayoría eran empedradas, muy pocos carros circulaban lentamente y parecía como si hubieran retrocedido en el tiempo.

El pueblito parecía salido de una postal o de una bella pintura exhibida en alguna galería.

"Vamos niña, solo son unas cuantas calles caminando hacia la derecha de esta estación y llegaremos a la casa."

La señora Cristina anima a Celeste a caminar bajo los incipientes rayos del sol para que ambas caminen sin ninguna prisa para que la niña pueda recrearse la pupila mirando para todos lados.

En lo alto de los arboles las aves cantan en lo alto, algunas flores se desperezan de su sueño nocturno y abren sus petalos para recibir al reconfortante sol e incluso algunas ardillas comienzan a salir de sus escondites.

Algunas personas de la Villa caminan sin prisa por las calles yendo a sus lugares de sus trabajos, algunos autos pasan por las calles despacio, ninguno de ellos es de ultima generación, ni mucho menos blindados.

Pero lo que mas llama la atención a Celeste es que la gente es muy amable y les dan los buenos días a las dos cuando pasan por su lado sin importarles si Celeste fuera una extraña en ese lugar.

Algunas señoras y jovencitas como ella saludan de beso y abrazo a la señora Cristina y le preguntan cuando tendría tiempo para atenderlas.

Lo que presenciaba Celeste jamás lo había experimentado en la gran ciudad donde las personas caminaban siempre apuradas a sus lugares de trabajo, siempre estaban muy atareadas, ensimismadas en sus celulares, pero por lo general siempre ajetreados en sus vidas y actividades cotidianas.

Incluso Celeste tambien siempre estaba atareada, viajando en auto, sin fijarse en muchas personas que iban apresuradas al trabajo o la escuela como ella y de pronto se sintió querida a un nuevo nivel.

"Todas las personas en esta villa son así de amables siempre señora Cristina?"

"Si niña, es la ventaja de las villas alejadas de las grandes ciudades donde la gente es fría, solitaria y hasta algo egoísta, por suerte tu no eres así, lo se porque de otra forma no estarías aquí conmigo."

"Señora Cristina, usted me ofreció todo lo que buscaba al venir acá, pero ahora veo que tengo mas de lo pedí originalmente, esta villa es de verdad muy linda!"

"Y tranquila mi niña, no lo olvides, muy tranquila, todos valoramos demasiado nuestra tranquilidad, no nos gustan los escándalos ni los chismes, todos nos llevamos bien, ya lo verás, la gente es muy amigable y no se meten en asuntos que no les conciernen."

Celeste sintió un gran alivio de que nadie sospechara de ella en esa Villa y cuando se detuvieron frente a una casa grande con una reja enorme con muchas enredaderas, flores y madreselvas en ella, la niña no lo podía creer!

"Señora Cristina, aquí es donde vives sola?"

"Sola ya no, ahora tú me ayudarás y acompañaras Celeste."

La señora Cristina hablaba al tiempo que abría el portón que gimió cuando lo empujó un poco y volvió a gemir cuando lo cerraba detrás de ellas.

¨Como te dije antes mi esposo falleció hace unos años atrás, fue muy doloroso para mi en ese momento de y también para mi pobre hijo..."

Celeste admira el caminito con piedritas de la entrada, las flores, los arbustos verdes y exhuberantes, algunos árboles frutales.

Al fondo de apreciaba lo que parecía ser un huerto, un huerto!

Celeste siempre quiso tener y cuidar un huerto en casa, pero a su madre nunca le gustó la idea de que su niña se ensuciara con tierra y trajera su ropa manchada junto con sus manos y uñas negras por la tierra.

"No he sabido nada de mi hijo en esos mismos años... mi hijo nunca pudo superar la muerte de su papá, lo quería demasiado, fue su ídolo siempre."

Celeste se siente algo triste por la señora Cristina y también por su hijo mientras terminaron de recorrer el camino de piedras de la entrada que dirigían a la puerta de la vieja casa.

Las palabras de la señora Cristina estaban cargadas de una gran nostalgia mezcladas con una profunda tristeza.

"Pero la vida continua, mi finado esposo me hizo prometerle que seguiría viviendo por Él y por nuestro hijo, por eso es que continúo en este mundo todavía, ven Celeste, te enseñaré la casa por dentro."

La puerta de madera con un granvitral de madera se abrió pesadamente de par en par para dejar entrar a las mujeres.

Celeste entró a la casa maravillada en extremo!

La casa por dentro era antigua pero agradable y se sentía confortable.

Dentro había unas cuantas cosas modernas, pero casi todo el mobiliaria, los sillones, las cortinas, las sillas del comedor de madera eran antiguas, incluso los muebles de madera de veían finos y antiguos.

Celeste contempló el piso de madera de la casa que estaba algo polvoso, pero ella sabía que si limpiaba quedaría muy bello y cálido.

En definitiva la estancia en esa casa dele haría muy grata a Celeste y ella esperaba ser feliz con la señora Cristina ayudándola lo más que podía en esa nueva etapa de su vida.

Celeste se dijo que debía ser feliz, que ella tenía que ser feliz.******************By Liliana Situ*****************

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