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   Capítulo 5 Dulce, como tu nombre.

Atrapada entre mi amor desmedido y tu odio. Por Liliana Situ Palabras: 8819

Actualizado: 2021-04-07 12:28


La estancia amplia que comunicaba a la cocina grande de otra época fue lo que le fascinó a Celeste.

"Ven jovencita, subamos para que te enseñe donde dormirás."

"Después de que te des un buen baño podremos almorzar algo para después decirte en que me ayudaras."

"Esta bien Señora Cristina, la sigo!"

Celeste dejó las cosas que traía en las manos para subir solo cargando su mochila con las precarias cosas que llevaba dentro.

Cuando pisaba los escalones de madera algunos crujían bajo sus pies, algunos otros hacían un ruidito curioso.

"Mira jovencita, esta será tu habitación."

"Tiene una ventana hermosa al jardín trasero y al delantero."

"Además de que algunas flores han hecho de su hogar en el balcón, por lo que creo que será muy apropiado para ti."

Celeste caminó dentro de la habitación donde había una cama individual que tenía un edredón tejido a mano de colores rosa, morado y azul claro intrincados en hermosos patrones de colores.

La habitación se veía algo polvosa también como el resto de la casa.

Pero se vería linda después de limpiarla pensó Celeste.

Tenía un escritorio de madera pegada a la pared contigua, una silla cómoda, armario para su ropa, un taburete junto con un tocador de madera color chocolate.

Además de varias lámparas que se verían románticas por la noche.

"Señora Cristina, esto es como un sueño, es muy hermoso aquí!"

Dijo Celeste cuando abrió la puerta de cristal de la ventana y el aroma de las rosas flotó a su nariz provocándole un suspiro.

La vista de todas esas rosas rojas, blancas y algunas blancas jaspeadas con rojo, tal vez alguna cruza de las rojas y blancas le alegró la vista a la chica.

"Que bueno que te gusten, pero debes de tener cuidado con ellas cuando las riegues."

"No deberás de atender a otras flores antes que a ellas."

"Son terriblemente celosas las rosas."

"Por eso es que ellas reinan en este balcón."

Celeste que amaba muchísimo las flores y la naturaleza sonreía contenta mientras que cerraba la ventana del balcón de las rosas.

Caminó para abrir la otra ventana donde flores moradas, rosas, amarillas y blancas exhalaban contentas sus perfumes de cara al sol de la mañana.

"Me encanta todo!""Muchas gracias Señora Cristina!"

"Dime solamente Cris por favor Celeste."

"Tu baño está aquí, pasando esta puerta justo al lado de tu armario."

"La tina se llena rápido, pero te pediría que la usaras poco, porque no contamos siempre con mucha agua."

"Debemos cuidarla, de acuerdo?"

Celeste entro al baño con la bañera antigua en medio de la habitación y sonrió contenta.

También habia una regadera al fondo con una ventana que filtraba luz solar al baño.

Todo el baño necesitaba algo de limpieza, pero se apreciaba aun muy bello y antiguo.

"Aquí están las toallas, puedes usar la que gustes."

"Cuando termines de bañarte y acomodar tus cosas baja para que comamos algo, muero de hambre!"

Le dijo la señora Cristina sobándose su pequeño estómago.

"Celeste, se que sería mucho abusar de ti..."

"Me gustaría llamarte Dulce, tu carita y personalidad me dicen que eres muy dulce, te molestaría si te llamo por ese nombre?"

Celeste contempló que sería una buena idea cambiar su nombre.

También había contemplado cambiar el color de su cabello y su aspecto para que nadie la reconociera el tiempo que viviera con la señora Cristina.

Celeste no quería preocuparse del futuro todavía.

Tampoco quería pensar que algún día de iria de esa casa.Pero ella sabía algo.

A donde fuera, ella querría seguir viviendo bajo sus términos la vida tal como la quería.

"No hay ningún problema Cris, me apresurare para bajar y ayudarte!"

Dijo Celeste quien ahora había aceptado cambiar su nombre a Dulce.

Cristina sonrió ante la alegría y entusiasmo de la jovencita que se daba prisa para sacar sus pocas pertenencias de la enorme mochila que traía en la espalda para ponerlas en el armario.

Claro que primero sacudía un poco los estantes para colocar sus pertenencias.

La señora Cristina no era tonta y tenía una corazonada de que la chica estaba huyendo de algo o alguien que estaba en la gran ciudad.

Celeste había intentado pasar desapercibida en la estación de trenes, pero su ropa se veía costosa y llamaba la atención de todo el mundo.

Además, su forma de hablar denotaba una buena educación y refinamiento, pero no quiso asustar a la chica preguntandole directamente de que huía.

Tal vez más adelante Celeste se abrirí

a con ella y le contaría que le había pasado.

Por ahora Cristina quería ayudarla a esconderse y recapacitar de sus actos sin que corriera ninguna clase de peligros afuera.

Peligros que para una chica linda como Celeste, abundaban en las calles.

Cristina misma lo sabía.

Cuando ella fue joven también huyó de casa debido a los golpes y maltratos que su padre le propinaba a ella y su pobre madre.

Cierta noche, harta de los maltratos de su padre le rogó a su madre que huyeran juntas a otra villa lejos de su verdugo en tren.

Pero su madre se negó y eso le costaría la vida a la larga.

Por suerte para Cristina había conocido también en el tren a un joven llamado Mauro.

Mauro, su finado esposo viajaba junto con su hermano a la ciudad en el se tren para encontrar mejor suerte que en el pueblo del que los tres provenían.

Hablaron durante todo el viaje, enamorándose casi al minuto de charlar y no se separaron cuando llegaron a la ciudad.

Amor a primera vista fue lo que le dijo su cuñado cuando después de solo cuatro meses decidieran casarse.

Y lo harían de forma sencilla en una iglesia con solo el hermano de Mauro como testigo.

Pero eso no los entristeció para nada.

La joven pareja de recién casados trabajó muy duro hasta que la suerte les sonrió.

Con su esfuerzo conjunto pronto tuvieron un negocio prospero y la providencia los bendijo con un hijo saludable y fuerte después de dos abortos espontáneos.

Jeremy Laponte, el único hijo de Cristina y Mauro Laponte creció sano, feliz y fue un niño alegre que se convirtió en un adulto exitoso.

Justo como su padre siempre quiso.

Cristina camino despacio bajando las escaleras agarrándose firmemente del pasamanos de madera mientras que se perdía en sus memorias de Mauro y Jeremy.

Cuando llegó a la cocina comenzó a preparar algo sencillo de comer para las dos cantando canciones antiguas de amor.

Canciones que le había dedicado su esposo en vida.

El alma le volvió al cuerpo a Celeste después de la ducha y el cambio de ropa tan necesario.

Sintiéndose renovada, Celeste bajó las escaleras con cuidado mientras que escuchaba la voz melodiosa de Cristina cantando algo en la cocina.

Como no quería asustarla hizo ruido al bajar en el último escalón casi brincandolo con lo que consiguió que la madera crujiera peligrosamente.

"Dulce, que bueno que llegas!"

"La comida casi está lista, pero lamento que sea poco."

"No hay más comida por el momento pero después de almorzar iré por víveres al mercado orgánico."

"Por favor, podrías ayudarme a r estás cosas a la mesa?"

La señora Cristina le indicó que cosas llevar y Celeste las colocó rápidamente en la mesa después de haber retirado el polvo de la misma.

"Siéntate jovencita, debes de estar hambrienta, yo sí lo estoy!"

Celeste contempló los huevos estrellados con pan tostado con tocino en los platos.

También había frutas y verduras cortadas bellamente y dispuestas en una charola de vidrio muy linda con forma de frutas.

Agradeciendo las atenciones, Celeste se sentó en la mesa sencilla de la cocina junto con Cristina para comer tranquilas el almuerzo.

Después de almorzar el día prometía ser pacífico y provechoso para hacer limpieza en la casa.

Cristina dividió las tareas del hogar y las dos pusieron manos a la obra cantando cada una una canción diferente.

Cuando terminaron de todas las faenas domésticas, Cristina le dijo a Celeste que iría por víveres al mercado y le pidió que no saliera del hogar por ningún motivo.

A solas Celeste decidió revisar las hierbas y vegetales del huerto.

Con un sombrero de paja en su cabeza para evitar quemarse su carita, Celeste se sentó felizmente en la tierra tarareando una linda canción para animarse mientras quitaba las malas hierbas del huerto.

Ensuciandose por primera vez hasta las uñas de tierra, Celeste sintió una extraña paz que comenzaba a echar raíces en su ser.

A su regreso del mercado, después de sutilmente preguntar si alguien tenía alguna noticia de una joven desaparecida, la señora Cristina encontró a la bella joven cantando distraidamente en el suelo llena de tierra.

Con esa bella imágen, la señora Cristina se acercó lentamente al huerto deseando que Celeste fuera su hija.

La hija que siempre deseó tanto haber dado a luz...

Hija que nunca pudo tener en brazos debido a sus previos abortos que la habían dejado muy delicada de salud.

*****************By Liliana Situ******************

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