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   Capítulo 1 PARTE 1

¿Mi vecino es un vampiro? Por Angie Pichardo Palabras: 7729

Actualizado: 2020-12-19 09:37


Camino por las oscuras calles pavimentadas y me abrazo a mí misma, dado que mi chaqueta con capucha no es suficiente para combatir este frío que me hela los huesos. ¿En qué estaba pensando cuando acepté salir con el idiota de Marcos? Era obvio lo que quería de mí y yo de ingenua me dejé engatusar por su hermosa sonrisa. Él es el típico chico lindo al que todas se quieren ligar y el mequetrefe ese, ni tonto ni perezoso aprovecha la situación para llevarse media escuela a la cama, o, mejor dicho, a la parte trasera de su auto. Me da una rabia enorme al recordar aquello. ¿Cómo pude ser tan tonta? Ahora me encuentro regresando a casa sola y caminando, puesto que el idiota se llevó mi cartera donde llevaba mi teléfono y dinero.

Salgo de mis pensamientos al sentir que alguien me sigue; mi corazón empieza a bombear sangre más rápido de lo regular, mis manos tiemblan y mi respiración se entrecorta. Apresuro el paso rogando que solo sea paranoia… ¡Joder! Esto me pasa por coqueta. De verdad, creo que me desmayaré en cualquier momento. Corro con desesperación y un chillido se escapa de mi garganta al verme perseguida. ¿Por qué no hay nadie en la calle hoy?

—¡Auxilio! —grito con desesperación y ansiosa de que alguien me escuche. ¡Esto no me puede estar sucediendo a mí! Siento lágrimas emanar de mis ojos, las cuales no me molesto en limpiar porque toda mi atención y energía están enfocadas en salir viva, entera y con mi dignidad intacta de esta situación.

Voy a gritar, sin embargo, una mano fría cubre mi boca y siento como mi cuerpo es atraído hacia la oscuridad de un callejón. De repente me encuentro atrapada por brazos masculinos cubiertos de tela de cuero y el olor a uvas inunda mis fosas nasales. «Necesito ir al baño», pienso mientras trato de mantenerme consciente, porque si no me hago encima, entonces me desmayaré.

—Sssshhh... —escucho un susurro sobre mis oídos y mi piel se eriza—. No hagas ningún tipo de ruido o movimiento o estamos fritos. Esos maleantes venían detrás de ti.

Me paralizo por inercia y obedezco al extraño dueño de la voz gruesa y sensual. Espero que en realidad sea mi salvador y no mi verdugo. Me estremezco del miedo al ver a tres hombres buscar por las solitarias calles como si algo o alguien se les hubiera perdido. Lucho con las lágrimas y trato de calmarme, no sé cuánto tiempo ha pasado, pero para mí ha sido una eternidad. Los hombres han desaparecido hace un rato ya, no obstante, el desconocido sigue sosteniéndome como al principio. Me muevo con violencia por lo que él me libera, cuando lo encaro, me quedo sin habla y creo que he dejado de respirar por un momento.

El desconocido es un chico de unos dieciocho, con cabello amarillo intenso, o eso creo, pues la poca luz me impide apreciarlo como debería. Su cabellera rizada llega hasta sus hombros y lo hace ver misterioso y único. Sus ojos son raros y amarillentos, su nariz perfilada y sus labios pequeños y llenos. No sé si es por la poca luz, pero su piel se ve demasiado blanca y pálida. Está vestido completamente de negro y su ropa es de cuero. Él me escudriña como si yo fuera una obra exótica, eso creo. Tal vez me ha emocionado demasiado estar frente a un chico que parece sacado de crepúsculo o una de esas películas de vampiros atractivos.

—¿Tienes nombre? —el chico pálido pregunta sin dejar de mirarme, acción que ya me está incomodando. —Soy Ester, mucho gusto y gracias por rescatarme —extiendo mi mano y no sé si acabo de imaginarme la pequeña sonrisa que se dibuja en sus hermosos labios y que pronto desaparece. —Es un placer, linda paloma —estrecha mi mano con sorna y yo frunzo el ceño. —No, escuchaste mal —corrijo—. Mi nombre no es Paloma, dije Ester. Ni siquiera se parecen. —No importa cómo te llames, me gusta Paloma —responde como si nada y yo toda indignada pongo mis manos sobre mi cintura

para reclamar. —No es Paloma, es Ester. Te agradecería que no uses sobrenombres conmigo, no me gusta. —Lo siento..., Ester —resopla dando a entender su desacuerdo—. Pero pareces una linda y tierna paloma y a mí me encantan esas aves —invade mi espacio personal acercando su rostro demasiado a mi cuello. Por alguna extraña razón, su mirada amarilla me aterra, hay algo en ese chico que me paraliza por completo y me hace desconfiar. Olfatea mi piel y luego esboza una sonrisa maliciosa mientras me mira a los ojos; no sé, tal vez es la extraña situación en la que me encuentro, pero siento que su mirada traspasa mi alma. —¿C-cuál es tu nombre? —no puedo creer que haya tartamudeado. —Soy Gerald Van Ewen, es un placer conocer a tan hermosa joven —el rubio toma mi mano con gracia y elegancia y deja un casto beso sobre esta. —Gracias por ayudarme —retiro mi mano con brusquedad y aparto la mirada—. Ha sido un gusto, debo irme ya —digo dispuesta a retomar mi camino, aunque muero de miedo al mirar las calles desoladas. —Te acompaño —el chico apuesto se ofrece y yo no puedo estar más agradecida. Asiento y me apresuro, pues estoy ansiosa por llegar a casa y olvidarme de esta extraña y loca noche. Llegamos en un silencio sepulcral, lo cual es genial para mí. El ríe con diversión y sus ojos brillan al encontrarse conmigo. —¡Es increíble! No sé si es casualidad o destino, pero es maravilloso —el chico lindo y raro espeta, mas yo no entiendo ni papas a qué se refiere. —Ah... ¿Me perdí de algo? —inquiero media incómoda con la actitud rara de este chico, me fastidia que todos los de cara bonita sean unos coquetos empedernidos. —Pues... Acabo de descubrir que somos vecinos —sonríe como si fuera un niño pequeño, es una sonrisa que me extraña porque se ve muy tierno y su aspecto es parecido a la de un matón. —¿Vecinos? ¡Claro que no! A menos... —hago memoria y mis ojos se agrandan—. Entonces, eres parte de la familia que se acaba de mudar. El asiente y lo miro extrañada. —No te vi ayudándolos con la mudanza. ¿Tan superior te crees? Bueno no sé si dije un chiste, porque él estalla en carcajadas, aunque me llama la atención que sus labios se ríen, pero sus ojos están tristes. Tan así que me transmiten su tristeza y me hacen sentir miserable. —¿Qué es tan gracioso? —me cruzo de brazos y él me esquiva la mirada. ¡No lo creo! Es la primera vez en todo este tiempo —¿Una o dos horas?— que este tipo no me traspasa con la mirada y evita el contacto visual. —Nada, pero no debes juzgar al libro por su portada. Quizás no es que no haya querido ayudar, podría ser que no haya podido —esta vez sus ojos me invaden y me siento acorralada. —¡Cómo sea! —trato de no sentirme intimidada por sus orbes ¿amarillos? Parece un gato este niño—. Voy a entrar, gracias por todo —bajo un poco mi rostro como si hiciera una pequeña reverencia y me adentro a mi hogar. La calidez y el olor fresco del desinfectante del piso me invade, creo que es un olor a rosas o algo así. Mi madre se la pasa limpiando, gracias a que ya no trabaja y esa es su forma de pasar el tiempo activa. Me tiro a la cama y mis pensamientos son invadidos por aquel extraño chico. ¡Rayos! ¿Por qué estoy pensando en él? Mi corazón late tan fuerte que temo que despierte a mis padres, bien, exagero. No entiendo el porqué de mi estremecimiento. ¿Qué tiene ese chico que ha llamado tanto mi atención?

"Omnisciente"

Una sombra en la ventana se refleja en la oscura noche, un chico rubio vestido de una larga camiseta en forma de túnica y de color blanco se sienta sobre una silla que le regala una perfecta vista de la parte derecha de la casa de sus vecinos; una ventana en específico llama su atención, imaginando que esa podría ser la habitación de aquella hermosa chica. Mueve el contenido rojizo en su copa y da un sorbo con sus ojos cerrados.

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