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   Capítulo 2 Parte 2

¿Mi vecino es un vampiro? Por Angie Pichardo Palabras: 10321

Actualizado: 2020-12-20 08:11


—¡Estúpido Marcos! —Entro a mi casa refunfuñando, ese chico sí sabe cómo sacarme de mis casillas. Por lo menos recuperé mi bolso y mis pertenencias, después de que me chantajease por tanto tiempo. Simplemente debía volver a salir con él para devolverme mis cosas, creo que se rindió, yo hasta pensé en comprarme un celular nuevo.Abro la ventana para recibir el aire fresco de la tarde y me rindo ante la tentación de observar a mi vecino. Sí, soy una depravada por mirar sin reparos hacia su habitación en mi defensa; el chico muy pocas veces abre su ventana y lo más sospechoso de todo esto es que lo hace cuando el sol se oculta antes de que anochezca. Hace dos semanas que se mudó y según mis dotes de espía, sale de noche, no va a la escuela y es amante a la música clásica instrumental, pues siempre pone melodías de un piano. Ya hasta me duermo con aquel hermoso sonido.—Mi amor —mi madre irrumpe en mi habitación—, la familia Van Ewen nos invitó a cenar hoy. Así que prepárate, que será dentro de unas horas. Por cierto, tienen un hijo más o menos de tu edad, según me dijo la vecina, el chico es muy apuesto. —Levanta sus cejas y me da esa miradita traviesa. Digamos que mis padres son muy abiertos y nos tenemos confianza para hablar de estas cosas.—Lo sé —respondo restando importancia—. Lo conocí unas semanas atrás, es un chico muy raro.—Ummm… —Mi madre pone su dedo sobre su mentón como si analizara algo—. Ahora que lo mencionas, nunca lo he visto salir.Después de molestarme con el asunto del chico nuevo y de que debería vestirme con un vestido y maquillarme, mamá salió a comprar un pastel para llevarlo a la dichosa cena. No entiendo por qué me arreglo tanto, tampoco la razón de mi nerviosismo. Solo se trata de una cena en la casa de un chico lindo y misterioso...Mi cabello negro y rizado roza mis hombros y hacen contraste con mi piel canela. Pongo un poco de sombra negra para resaltar mis ojos marrones claros y vierto un poco de perfume. Arreglo el labial que se salió del límite, acto seguido sonrío al ver el resultado. El rojo siempre me ha quedado bien y este vestido es muy lindo y sensual.Bajo las escaleras para encontrarme que ya mis padres me esperan listos.Somos recibidos por los señores Van Ewen, personas elegantes y muy corteses. Busco al chico lindo y siento un amargor al no verlo.—Gerald, querido. —La señora Van Ewen pronuncia de repente y mi corazón palpita acelerado—. Ve con Ester al jardín mientras nosotros conversamos, cuando la cena esté lista los llamamos.¡¿Es en serio?! Tiemblo ante la idea de estar a solas con ese chico, no obstante, antes de gesticular cualquier excusa, me veo arrastrada por él. Me dirige por todo el pasillo y traspasamos una puerta de cristal, estas personas no viven mal y se dan ciertos lujos. Nos sentamos frente a una fuente adornada por unas bombillas de colores que la hace resaltar en el hermoso jardín que está alumbrado por lucecitas verdes y amarillas. —Linda paloma... —Lo miro de mala gana y él aclara su garganta—. Ester... —arregla divertido—. Hasta que te dignas en visitar a tu vecino.—No fue mi elección. —Me encojo de hombros y lo miro maliciosa, este chico saca mi lado más coqueto, aunque siendo sincera..., yo no sé coquetear—. Fui arrastrada aquí por mis padres, ya sabes, se debe ser cortés con los nuevos vecinos.—Eso hiere mis sentimientos. —Pone su mano sobre su pecho fingiendo dolor. Vaya, ahora debo parecer una acosadora pervertida, pero es que no puedo apartar mi mirada. ¡Debe ser un delito ser tan atractivo! Ay… Esa camisa negra que lleva puesta le queda tan bien; hace contraste con su piel blanca como la leche y resalta esos ojos amarillos que brillan con más intensidad. Tiene varias pulseras en sus muñecas y algunos cordones sobre su cuello. Lleva varios botones abiertos dejando ver la piel de su clavícula y dándole libertad a las gargantillas para mostrar lo bien que se ven en sobre su piel. Su cabello está amarrado de forma descuidada en una coleta baja y él está sonriendo de forma triunfante, al parecer le divierte lo idiota que debo verme en este momento mientras babeo de forma descarada. Respiro con dificultad y trato de salir de mi trance de “tonta que babea por el vecino”.—D-disculpa. —Genial, ahora estoy tartamudeando—. Me gustan tus cordones, son muy lindos. —Trato de disimular el asunto apuntando hacia su cuello.—Te puedo regalar uno —me sonríe, y debo ser sincera, parezco mantequilla en un sartén; Dios, que sonrisa tan bonita. Me sorprendo al notar que se ha quitado un cordón negro con un dije plateado en forma de paloma, espera... ¡Oh no! ¡Me va a dar algo! Su perfume inunda mis sentidos cuando se acerca a mí, se posa detrás y toma mi cabello que, por ser rizado, no hay manera de que se quede quieto a los lados, así que lo tomo con mis manos dejando mi cuello expuesto. Me estremezco al sentir una leve caricia al rozarlo con sus dedos, siento como mi cuerpo completo reacciona cuando él olfatea mi piel por un largo rato. ¡Ay, ay! ¡Esto es demasiado sensual! Creo que es el momento más erótico que he tenido en mis castos diecisiete años.Su cálida respiración choca con mi cuello y varios esc

alofríos recorren mi interior. —Hueles delicioso. —Gerald balbucea sobre mi piel—. Emanas tanta vida y salud que me dan ganas de comerte y disculpa si sueno atrevido, pero me provocas tantas sensaciones que no sé cómo dirigirme a ti.Ok... Calma, Ester, cálmate... Ay no, esto es demasiado, nunca he tenido este tipo de experiencia con ningún chico. Pone el cordón y se aleja; debo sentirme culpable por extrañar su contacto porque realmente lo quiero cerca. Entonces, como si un genio de esos de las lámparas mágicas escuchara mi deseo, el rubio pálido se localiza frente a mí y se acerca tanto que su delicioso perfume me transporta lejos. Sus ojos me escudriñan de una forma que no sé explicar, veo tantas cosas reflejadas en ellos que la mezcla de sensaciones opuestas me da ganas de llorar sin entender la razón. Nos quedamos así, mirándonos con curiosidad y desconcierto. ¿Por qué lo percibo triste y temeroso?—¡Chicos, la cena está servida! —la señora Van Ewen grita desde adentro, rompiendo esa extraña burbuja que se creó a nuestro alrededor. Debo parecer una retrasada ahora mismo delante de estos señores tan cultos y fluidos, pero todo es culpa del chico sexy. No deja de mirarme como si yo fuera su presa y debo reconocer que esos ojos amarillos me recuerdan a un felino salvaje. Sí, me siento como una tierna e intimidada paloma ante él, quien parece mi depredador. No he podido pronunciar una frase completa sin tartamudear o balbucear, no entiendo por qué este chico me pone tan nerviosa.Terminamos la dichosa cena al fin, pero para mi desgracia, nos quedaremos un rato más a conversar. Nos brindan vino de uvas y mis padres mantienen una conversación muy amena con nuestros vecinos; a decir verdad, se llevaron muy bien desde el principio, lo que es raro, pues mis padres no tienden a socializar tanto y creo que los Van Ewen tampoco. ¿Será esa la razón de congeniar tan rápido?Gerald está sumido en sus pensamientos y de momento me lanza una que otra mirada que hela mi piel.—Los chicos deben estar aburridos —la señora Van Ewen espeta de repente—. ¿Por qué no llevas a Ester a dar un paseo? Claro si ustedes están de acuerdo. —Dirige la mirada a mis progenitores como esperando su aprobación.—Es una buena idea —mi padre opina sonriente—. Ester no tiene amigos cerca de casa, sería bueno que ellos empiecen una amistad.¡¿Qué?! Mis padres no saben lo que están provocando, puesto que este chico me da ganas de todo, menos de tener una amistad con él.Gerald se levanta con media sonrisa y me extiende su mano. Corrientes eléctricas me sacuden cuando nuestras palmas se unen. Me levanto y quito mi mano con rapidez, creo soy muy obvia y me parece que eso le divierte al chico sexy.—Háblame un poco de ti, hermosa Ester —comenta mientras caminamos por la calle sin rumbo fijo.—Pues... No hay mucho que decir...—¿Cuántos años tienes? —pregunta de repente y se me hace una pregunta tonta, pero como soy educada le respondo:—Tengo diecisiete, ¿y tú?—Dieciocho.—Entonces, esa es la razón por la que no vas a la escuela...—En realidad, nunca he ido a la escuela —responde melancólico.¿Qué? Mis ojos se agrandan de la sorpresa y él se carcajea por mi expresión.—Tomo clases particulares..., bueno, tomaba. —Baja el rostro—. Lo que deseo aprender lo hago por mi cuenta, ya obtuve lo básico.—Eres un chico raro —me reprendo por lo que digo, pero es verdad—. ¿Por qué no vas al colegio? Y... Si ya sabes lo básico, deberías ir a la universidad y hacer una carrera. —¡Vaya! Soné como mis padres.El chico mira para varias direcciones como buscando una respuesta.—No tiene caso —responde entre dientes y sin mirarme. No entiendo su argumento, sin embargo, no quiero parecer molesta, así que cambio el tema.—¿Qué te gusta hacer? —pregunto esperando disipar la tensión del momento.—Pues..., amo tocar el piano, las bebidas rojas y observar las palomas que visitan mi patio.Ok, el chico es raro... Espera...—¿Tocas el piano? —Tapo mi boca con mis manos de la sorpresa. Sí, tiendo a exagerar a veces.—Sí, es lo que más disfruto hacer. —Sonríe.—Entonces esas melodías eres tú quien las toca. —Guau, este chico es genial—. Eres muy bueno, pensaba que encendías la radio o algo así. Creo que deberías dedicarte a la música, de verdad, eso se escucha genial. Hasta se me hace más fácil dormir ahora, me estoy acostumbrando a tus melodías.—¿De verdad? —Detiene el paso y se posa frente a mí con un brillo especial en los ojos. Asiento con nerviosismo y él sonríe con dulzura. Que linda sonrisa, si este chico sigue sonriendo así, voy a enamorarme de él.Conversamos por un largo rato sobre nuestros gustos y situaciones graciosas, aunque él no dice mucho, su vida es rara y misteriosa.Me tiro en la cama con sonrisa de tonta y el corazón a mil. Ese chico me está gustando y no creo que sea conveniente. Hay algo en él que me da tristeza y me alerta, creo que debo prestarle atención a mi instinto y alejarme antes de que sea tarde.

***

Gerald

Lágrimas cubren mis mejillas al observar aquella ventana. No puedo darme ese lujo, ella es buena y no merece que yo le haga daño.—Hermosa, Paloma. Debes alejarte de mí, no soy bueno para ti.

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