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   Capítulo 3 Parte 3

¿Mi vecino es un vampiro? Por Angie Pichardo Palabras: 19357

Actualizado: 2020-12-20 08:58


Entro a mi habitación, me pongo un poco de labial, verifico que mi cabello no esté todo desgreñado y...Respiro el aire fresco del atardecer y observo como desaparece el sol poco a poco, entonces sucede: mi vecino abre su ventana y se asoma, me sonríe y ambos nos quedamos mirándonos por un largo rato. Sí, es raro, pero se ha vuelto costumbre. Han pasado dos meses desde que cenamos en su casa y mis padres se volvieron buenos amigos de los Van Ewen, sin embargo, nosotros nos evitamos como la peste y solo nos vemos cuando empieza a anochecer. Me siento extraña haciendo esto, pero soy pésima abordando chicos y él parece no tener más interés que simplemente observarme a través de su ventana. ¡Patético!Ya han pasado varias horas y debo dormir temprano, pues tengo que ir a la escuela mañana. Resoplo con frustración; todas las tardes me asomo a la ventana con la esperanza de que él haga algo diferente y dé ese paso que tanto deseo, tal vez imagino cosas en mi cabeza y ese chico no tiene ningún interés en mí. Me voy a dormir decepcionada y siento como varias lágrimas mojan mis mejillas, estoy loca, lo sé.

...

Gerald

Tomo mi copa y sorbo el líquido rojizo; esta bebida es lo único que me mantiene relajado.—Gerald, querido. —Mi madre irrumpe en mi habitación y se me acerca con expresión cariñosa, acaricia mi cabello que está suelto y cubre mis hombros con sus brazos. Esa mirada me hace desconfiar y sé que va a volver a insistir con lo mismo.—No le haré daño, mamá —digo cortante.—No le harás daño. —Sonríe maliciosa—. Le gustas, ella también lo disfrutará. No te preocupes, asumiremos toda la responsabilidad; hijo, debes pensar también en nosotros. Tú no quisiste...—¡Mamá! —la interrumpo—. No quiero hablar de eso, lo elegí, respeten mi decisión, por favor.—La invitaré a la casa para que te haga compañía, de todas formas, eres muy solitario. —Se marcha dejándome con la palabra en la boca porque sabe que voy a refutar.

...

Ester

Preparo galletas y trato de relajarme antes los nervios que me azotan, quiero sorprender a Gerald con mi detalle. Me pongo una ropa cómoda y tomo mi regalo.—Bienvenida, querida. —La señora Van Ewen me recibe con una gran sonrisa y me examina de arriba abajo—. Eres hermosa y perfecta, llena de vida y mucha energía. Tu sangre debe ser pura como tu alma.No sé por qué me siento rara con sus palabras y su mirada me pone alerta. Me saca de mis pensamientos cuando me lleva a rastras por las escaleras. Nos paramos frente a una puerta de madera fina y ella da pequeños toques. Trago pesado y abrazo la cajita azul contra mi pecho, siento que muero de los nervios y temo parecer una tonta frente a él. La puerta se abre y la señora me jala hacia dentro.—Los dejó solos —ella pronuncia con una sonrisa de satisfacción y cierra la puerta tras sí. Ambos nos quedamos mirando como tontos y no sé cuánto tiempo pasa, pero ya me están doliendo los pies.—H-hola —Gerald balbucea con nerviosismo, bien, por lo menos no soy la única—. S-siéntate... —Extiende su brazo en dirección a un sillón y yo toda tímida y muda me siento.—T-te traje esto. —Levanto la cajita en su dirección y él esboza una sonrisa—. Son galletas.Gerald toma la caja y la pone sobre su mesita de noche, me atrevo a examinar su habitación y un hermoso piano negro llama mi atención. El rubio se sienta a mi lado y acaricia mi cuello.—La llevas puesta. —Sonríe provocando que yo me sonroje. —Me gusta mucho, es bonita. —Acaricio el dije plateado sobre mi cuello con timidez y él toma mi mentón. Nuestras miradas se conectan y yo me pierdo en el exótico amarillo de sus ojos. Él mira mis labios por lo que emano más saliva de lo normal, realmente quiero que me bese. Pero para mi decepción se aparta de repente y se sienta en un sillón blanco que está frente a la ventana.—¿Por qué todo está cerrado y con cortinas? Si aprovechas la luz del sol, pagarías menos de electricidad, pues no tendrías necesidad de tener la lámpara encendida. —De acuerdo, se me pudo ocurrir una mejor forma de preguntarle por qué no entra un puto rayo solar, en vez de hablar del coste de la electricidad, no obstante, mi cerebro no se sincroniza bien con mis palabras cuando estoy nerviosa. Él suelta una sonora carcajada y yo bajo mi rostro avergonzada.—No me gusta el sol —dice divertido y camina en dirección a su piano. Juega con algunas teclas hasta que una linda melodía suena en toda la habitación. Esa música me relaja y me da una sensación de paz increíble. Veo que la habitación está decorada de blanco y negro, y hay algunas palomas que dan un poco de vida al lugar. Saco valentía no sé de dónde y decido acercarme a él, me atrae la forma tan grácil con que toca el piano, es atractivo como lo maneja a su manera y saca esa música perfecta, él es un gran artista. Me quedo a su lado sin decir palabras y parece que mi presencia lo motiva a tocar con más pasión y sus melodías se vuelven más intensas y violentas. Sus ojos están cerrados y sus manos se mueven rápido, él disfruta aquello y yo, observarlo. Escalofríos extraños recorren mi piel y mi corazón late con agitación, es como si cada nota me acariciase y me causase placer. Empiezo a hiperventilar y corrientes eléctricas recorren mi cuerpo; mientras más rápidos son sus toques a las teclas, más intensa se vuelve la música. Mis sensaciones se mezclan con la melodía violenta y pasional y mi pelvis se contrae. ¿Qué rayos me está sucediendo? Dejo salir un gemido intenso cuando la música llega a la cúspide y termina de repente. Me siento relajada y sin fuerzas, sudores recorren mi piel. Gerald se levanta de su asiento y me ayuda a sostenerme, me recuesto de él y su delicioso perfume acaricia mi nariz. Respiro sobre su cuello y él gruñe ante la sensación, no entiendo el porqué de tanta tensión sexual, pero estar así con él me hace sentir segura y feliz. Hay una conexión especial entre nosotros en este momento que no podría describir con simples palabras, nos miramos a los ojos y el besa mi frente.—Es hora de ir a casa, pequeña paloma. —Me sonríe de una forma tan dulce que mis piernas se tambalean y mi corazón late con agitación, y sé, que, ahora mismo lo hace por él.No puedo dormir hasta que... Es Gerald tocando otra vez... Su melodía es suave y expresan muchos sentimientos. Es raro, pero siento como si en vez de tocar esas teclas, tocara mi corazón. Poco a poco me rindo al sueño, su música llenándome toda, sus caricias relajando mi alma...

Gerald

—Paloma hermosa, libre y llena de vida... —Toco las teclas como si quisiera traspasar la piel de Ester. Toco e imagino su cuerpo desnudo, mis dedos sobre su piel, cosquillas y risas. Su cuello, tan tierno. Mi cordón se ve hermoso en él, es como si hubiese sido hecho para ella, se lo ha dejado y no se lo ha quitado. Sonrío como tonto y toco. Hermosa Ester, me encanta el timbre de tu voz, tu cabello rebelde y esponjoso, tu delicada piel canela y tus ojos marrones parecidos al café. Tus labios..., me imagino besarlos, me imagino a mi hermosa paloma sobre mi cama. Sus pechos pequeños, su cintura sin mucha forma y sus piernas abiertas para mí. Sí... Tocó con más violencia y mi corazón se contrae, lágrimas cubren mi rostro, estoy preso en esta maldita cárcel, estoy condenado, estoy muerto y tú estás viva...

...

Ester

La señora Van Ewen me pidió que le hiciera compañía a Gerald todas las tardes, pues le preocupa su soledad. Nadie me dice la razón de su aislamiento ni por qué solo sale de noche. He analizado a Gerald para encontrar una lógica a su comportamiento y la curiosidad e intriga va a acabar con mi cordura, debido a que no le encuentro una respuesta. Muchas veces está calmado y tenemos esos extraños momentos eróticos donde él toca su piano y yo me retuerzo sobre su cama mientras él manipula las teclas del instrumento; es extraño y temo de mi sano juicio. Han pasado dos meses desde que lo visito y nos hicimos amigos. En estos cinco meses nunca lo he visto fuera de la casa de día y cuando está nublado abre un poco la ventana para observar a las palomas que visitan su patio, es un chico raro, pero muy lindo y tierno. Claro, hay veces que, su comportamiento es diferente y se muestra agresivo y mal hablado, es cuando me pide que me vaya y no lo busque más. Justo como acaba de suceder y por eso en vez de estar con él, estoy llorando en mi habitación. Su melodía es triste hoy y llena de melancolía.

Han pasado dos semanas desde la última vez que peleé con Gerald. La primera semana abría la ventana al atardecer con la esperanza de verlo, pero él no hizo acto de presencia; sin embargo, en estos últimos días, ambos nos observamos a través de la ventana sin decir palabras. Su madre nos invitó a cenar hoy, pero mamá se negó dado que siempre somos nosotros lo que vamos allá, es por esto que, hoy ellos cenarán aquí. Estoy tan nerviosa que mis manos tiemblan de forma involuntaria.La cena es amena entre nuestros padres, no obstante, Gerald y yo nos limitamos a solo observarnos sin decir una sola palabra. Veo arrepentimiento en su mirada y deseos de abordarme, no sé si deba tomar la iniciativa o esperar a que él lo haga. Las horas vuelan y la esperanza de arreglar las cosas con mi amigo se desvanece. Subo a mi habitación después de que nuestros vecinos se marchan y me tiro sobre la cama resoplando. Me preparo para dormir, mas no logro pegar un ojo, entonces una dulce melodía me relaja y pronto me rindo al sueño.

Han pasado tres días desde que Gerald y sus padres cenaron en mi casa y todo sigue igual que antes. Mi madre me recibe con una sonrisa pícara cuando llego de la escuela.—Son para ti. —Mamá me entrega una planta de orquídeas blancas y moradas y un pastel de banana. El e

scozor en mis ojos me puede delatar, así que subo a mi habitación para que las lágrimas salgan con libertad. Le había contado a Gerald sobre mi amor por las orquídeas y que mi pastel favorito era el de banana. Hay una nota de él disculpándose y me pide que nos veamos en la noche frente a mi casa. Lloro de felicidad y bajo para compartir mi regalo con mis padres. Nos comemos el pastel acompañado de un delicioso capuchino que a mi madre le queda excelente y bufo por las insinuaciones de ellos.—¡Solo somos amigos! —espeto hastiada y ellos asienten con sorna. Me tienen cansada con sus consejos paternales y advertencias, me dicen que debo ser prudente y no encerrarme con ese chico en su habitación, puesto que ambos somos adolescentes con hormonas alborotadas.La ansiedad por verlo me hace salir de prisa, por fin arreglaremos las cosas y seremos los buenos amigos de antes.—Hola, hermosa. —Extiende su mano y me sonríe. Corrientes eléctricas inundan mi palma cuando me sostengo de él. Caminamos en silencio y agarrados de manos hasta llegar a un parque que, por ser de noche, está poco transitado. Nos sentamos y conectamos nuestras miradas, él acaricia mi rostro y... No doy crédito a lo que está sucediendo ahora mismo. Sus labios se mueven contra los míos con delicadeza y siento que floto tan ligera como una pluma. Su boca se aferra a la mía con fiereza ahora. Nuestro beso va subiendo de tono y nuestras lenguas se encuentran. ¡Ay Dios! ¡Qué delicia! He besado a otros chicos antes, pero nunca había sentido tantas cosas al mismo tiempo ni me había gustado un beso como me gusta este. Creo... ¿Será? ¿Me enamoré de mi raro vecino?Gerald me deja frente a mi casa con esa sonrisita traviesa que me encanta. Nos pasamos toda una hora besándonos en el parque, me da la impresión que me invitó solo para eso. Se inclina para tomar mis labios otra vez, asimismo yo me aferro a su cuello para darle acceso a mi boca. Ummm... Esto es disfrutar de las cosas buenas de la vida, este chico me gusta demasiado y eso me asusta. Gerald baja a mi cuello y siento su respiración sobre mi piel, lame con hambre y creo escuchar un pequeño gruñido. Besa el área sin escrúpulos provocando que mi cuerpo reaccione ante el placer que sus besos me provocan. Una mordida me saca de mi trance y me separo de él espantada. Sus ojos brillan y sus labios están hinchados, su expresión de deseo me hace tambalear, pero no puedo permitir que me deje un moretón o mis padres me matan.—Lo siento... Me emocioné... —se disculpa arrepentido de su imprudencia y se marcha dejándome extasiada.

Un mes después...

¡Somos novios! Me siento tan feliz que últimamente sonrío como tonta, canto en la ducha y tarareo mientras camino. Amo a Gerald y su forma simple y tierna de ser. Pero no todo es felicidad. Muy a menudo me evade cuando pregunto sobre su aislamiento y su odio a los rayos solares; a veces está muy melancólico, otras veces demasiado apasionado, como si quisiera comerme. He tenido que ocultar varios moretones que ha dejado en mi cuello. Otras veces me pide perdón y busca la forma de complacerme en todo como si se sintiera culpable de alguna cosa que ignoro. Sé que oculta algo y voy a descubrirlo, además sus padres actúan muy extraños y pareciera que quisieran que Gerald y yo tuviéramos relaciones sexuales, pues han hecho esas insinuaciones y hasta nos dejan solos en la casa y engañan a mis padres haciéndoles creer que nos vigilan. Soy menor de edad, por lo que mamá y papá no están muy conforme con mis visitas en las noches y hasta se han alejado de los Van Ewen.Gerald me dirige hacia el piano y yo me siento frente al instrumento. Toma mis manos y toca con mis dedos, es increíble la sensación al tocar las teclas. Sé que no soy la que está haciendo aquella hermosa música, pero el simple hecho de que mis dedos sean utilizados para crearla es glorioso y muy placentero. Su deliciosa colonia con el dulce aroma a uvas, su calidez y su cabello rozando mi piel, acompañado con la hermosa melodía me transportan a un mundo perfecto donde solo existe la felicidad y el amor. ¿Se puede amar tanto? Cuando terminamos de tocar, Gerald y yo nos tiramos en la cama y nos hacemos cosquillas, su camiseta blanca en forma de túnica se abre un poco y descubre parte su pecho. Acaricio cada centímetro de la piel que queda expuesta y mis labios empiezan a besarla. Me desespero al notar que eso le causa placer y se la quitó, pongo mis manos sobre mi boca de la impresión. La blanca piel está llena de moretones y marcas, lágrimas llenan mis ojos y me paro de la cama. —¡Espera! —Gerald me atrae hacia su cuerpo y me abraza—. Es falta de hierro, tengo deficiencia de ese elemento y eso provoca que los moretones y las marcas aparezcan. —Trata de tranquilizarme. Miro sus ojos mientras lloro sin emitir sonido y quiero creerle, aunque sé que está mintiendo. Acaricio su rostro y beso sus labios, lo necesito a mi lado, nuestra relación está bien y no tengo por qué complicar las cosas. —Te amo —susurro sobre sus labios y él toma mi mentón, me mira con sus ojos amarillos muy brillantes y sonríe. —Yo también te amo. —Me besa lentamente y yo disfruto cada sensación que sus besos provocan en mí.

...

Estamos sentados frente a la fuente colorida que resalta en su patio. La luna brilla con intensidad y el cielo está estrellado. Estoy recostada sobre su pecho mientras me quejo de todo lo malo que me pasa. Gerald me escucha en silencio, él nunca se queja. No le molesta si la ropa le queda bien o no, no habla de dinero ni del futuro. Nunca me ha contado sobre sus metas y sueños, él vive el día a día y disfruta los eventos y cosas regulares como si fueran muy importantes y, a las situaciones y pertenencias materiales que tienden a frustrar a los demás humanos, él no les pone importancia.—Te he dicho que eres hermosa, no sé de qué te quejas.—No es así. —Me encojo de hombros—. Mi cintura no tiene buena forma, mis pechos son pequeños y mi apariencia es ordinaria.—No sé a qué te refieres conque tu apariencia es ordinaria. Tienes la sonrisa más deslumbrante que he visto, tus ojos irradian pureza, tu cabello es hermoso y exótico, tus besos deliciosos, tus caricias son más delicadas que la pluma de una paloma… —Me mira con ese brillo especial que emanan de sus ojos y continúa—. Tus caricias son relajantes y muy placenteras; toda tú eres vida y sensibilidad, me inspiras y me tienes loco. Me encanta cuando comes pastel de banana y tus ojos brillan al degustarlo, como te relajas al escuchar mi música y lo dulce y pura que eres. Tan delicada y fuerte a la vez, tan sana y tan libre, así como una paloma.—¿Por qué te gustan tanto esas aves? —pregunto llena de curiosidad.—Pues... Ellas representan muchas cosas, tal vez algún día te dé más detalles de mi gusto por las palomas. —Sonríe y se acerca tanto que nuestras respiraciones se mezclan—. Ester... No importa cómo nos veamos físicamente si nuestra alma es pura y sabemos disfrutar de las cosas que nos rodean. La vida es un regalo, sin embargo, nos perdemos de ella cuando nos enfocamos en cosas vanas y que no nos hacen felices. ¿De qué te sirve vestir a la moda o tener un carro lujoso? ¿Por qué es tan especial? La ropa es para cubrir el cuerpo, un vehículo sin importar la marca nos sirve para transportarnos, no es que esté en contra de esas cosas, pero no son mi propósito ni me preocupan. Cambio todo lo que tengo por poder sentir el sol sobre mi piel e ir a la playa de día, sentir la brisa de la mañana acariciar mi rostro y poder jugar algún deporte o simplemente correr junto a un grupo de amigos. —Una lágrima acaricia su blanca piel y me apresuro a secarla con mi pulgar. Beso sus labios. Por un momento se pasa por la mente preguntar lo del sol, porque según tenía entendido él lo odiaba, pero su madre hace presencia y nos interrumpe.

...

Un mes después...

Nuestro noviazgo ha madurado y nos conocemos mucho más que antes. Amo a Gerald y no importa que solo tenga diecisiete años y mis padres crean que soy muy joven para hablar de amor. No voy a negar que hay ciertas cosas que me intrigan y hasta me asustan, pero no todo debe ser perfecto, ¿cierto?Subo a su habitación y, una vez allí, vislumbro a Gerald bebiendo... Me quedo pasmada. ¿Es eso sangre? Pone la copa sobre su mesa de noche y emana un suspiro. —Ester, querida. —Su madre me aborda de repente y Gerald mira a mi dirección. —H-hola —tartamudeo con nerviosismo y ella sonríe. Extiendo unas arepas de ajo que preparé para Gerald en dirección a él, quien al olerlas arruga el rostro. —No soporto el ajo —dice con cara de asco y su madre toma las arepas y desaparece con ellas. Estoy asustada porque solo hay una explicación a su comportamiento. Salgo corriendo ignorando los llamados de mi novio.Bien, tal vez estoy exagerando, los vampiros no existen. Sí, sospecho que Gerald podría ser uno, no hay otra explicación. Respiro y me calmo. El día está nublado y pronto va a anochecer, decido ir a ver a Gerald y disculparme por actuar como una loca. Toco el timbre, pero nadie me responde, de seguro la señora Van Ewen salió y Gerald debe estar en su habitación y por eso no abren. Camino por el jardín hasta llegar al patio, me acerco a una silueta que se refleja cerca de la fuente. ¡Es Gerald! Aún no ha anochecido, sin embargo, no hay sol. Está de cuclillas y hace sonidos extraños, me quedo helada ante la escena: mi novio tiene a una paloma blanca muerta sobre sus manos, sus plumas están manchada de sangre y veo como él despega su rostro del ave sin vida, parece que ha percibido mi presencia porque mira en mi dirección. Lágrimas cubren mi rostro y tiemblo del miedo, su linda cara está cubierta con la sangre del animal.

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