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   Capítulo 4 Parte 4

¿Mi vecino es un vampiro? Por Angie Pichardo Palabras: 10423

Actualizado: 2020-12-20 10:17


«¿Qué sucede? ¿Quién está gritando?»

Oscuridad, música, placer... Sus dedos escurridizos...

—Es así como debes tocarla. —¿Quién está hablando? ¿Por qué la melodía cambia? ¿Por qué la música deja de ser suave y llena de sentimientos? La melodía violenta y pasional arremete contra mi piel. Sus dedos son más suaves y delicados, ahora me gusta que me toque porque sus toques están llenos de amor y deseo, no hay maldad como al principio... Ah... El placer es demasiado para ser soportado. Me estremezco, tiemblo y grito. Me gusta... Estoy cansada y todo se vuelve borroso...

...

He tenido pesadillas todas las noches en estos últimos cinco días, tiempo que no he visitado a ¿mi novio? Me ha enviado todo tipo de mensajes, ha llamado y enviado flores y regalos. No sé qué pensar ni cómo actuar ante esta situación. Yo lo vi succionar la sangre de aquella ave, ahora entiendo su obsesión con ellas, claro, son su alimento. Es como mi obsesión al pastel de banana o el amor de mi madre al capuchino. ¡Dios! ¡Esto es una pesadilla! ¿Qué me diría si lo enfrento? ¿Mordería mi cuello? ¿O será tipo "Edward Cullen" que solo come animales? Sacudo mi cabeza y exhalo un gruñido, esto es ilógico, simplemente los vampiros no existen.

Camino de un lado a otro tratando de encontrar la lógica a todo esto. Si no es un vampiro, entonces es un psicópata. ¿Por qué no me ha hecho daño entonces? Tenemos como nueve meses compartiendo a solas en su habitación. No, debe haber una explicación lógica a todo esto, Gerald es un chico dulce y sin maldad... Lo conozco, he estado junto a él todas las tardes desde que se mudó, él...

Limpio mis lágrimas y me siento frente a mi computador. Es increíble la cantidad de páginas que encuentro sobre vampiros, donde muchas personas aseguran que existen. Incluso hay listas de evidencias. Algunas con características diferentes, pero casi todas concuerdan.

No he dormido en estos últimos tres días, desde que decidí investigar sobre el tema, es mejor pasarme la noche buscando pruebas a tener esas horrendas pesadillas; no solo sueño con Gerald lleno de colmillos y succionando mi sangre, también tengo otro tipo de sueños extraños que parecen recuerdos vagos.

A veces cuando regresaba de la casa de Gerald me sentía sucia y perdida, no sé, la sensación es extraña porque es como un vicio ir a visitarlo y beber su vino de uvas.

Mis padres están más tranquilos porque les dije que Gerald y yo nos peleamos y que ya no volveré a visitarlo a su habitación. Trato de concentrarme en el colegio, puesto que mis calificaciones han bajado de manera significativa en estos últimos meses y tanto mis padres, como mis maestros estaban preocupados.

Hago una lista y voy tachando de acuerdo a las características que se asemejan a las de Gerald.

Bebe sangre ✓ «Bueno, lo descubrí beber un líquido rojo que supongo lo es, y lo vi succionar la sangre de una paloma».

Le repele el ajo ✓ «Pues no aceptó mis arepas de ajo, así que sí».

Piel pálida y muy blanca ✓

Solo sale de noche y le teme al sol ✓

Duerme en un ataúd × «Creo que duerme en su cama, a menos que tenga un cuarto especial que yo no sepa. Tendré que investigar eso».

Sensualidad hipnótica ✓

Atracción por el cuello y deseo de morderlo ✓

No se refleja en los espejos (sin confirmar)

No recuerdo haber visto un espejo en su casa y nunca hemos estado frente a uno juntos... Mis manos tiemblan al checar la lista y lágrimas inundan mis ojos. ¿Mi vecino es un vampiro?

...

Parezco gelatina al caminar hacia la entrada de la casa de mi vecino, respiro varias veces y presiono el botón del timbre. Después de varias horas de meditación y autoconvencerme, decidí investigar el asunto por mi propia cuenta, es arriesgado, pero debo salir de la duda e incertidumbre. Deseo tanto que sea una equivocación, pues amo a Gerald y dolería mucho descubrir que no es la persona que pensé que era.

Mi corazón palpita con irregularidad cuando la puerta se abre, debo relajarme o mis nervios serán muy notorios.

—¡Querida Ester! —Mi suegra me abraza con fervor y lágrimas en los ojos. Al parecer le ha afectado mi distanciamiento—. Pasa, cariño. Te he extrañado tanto y el pobre Gerald está tan deprimido, él te extraña mucho.

—L-lo siento. —Trato de no tartamudear, pero creo que les había dicho que cuando estoy nerviosa mi cerebro no se coordina como debería.

La señora Van Ewen me lleva a rastras a la habitación de Gerald. Siento morir cuando él abre la puerta, sus ojos amarillos inspeccionándome con incredulidad y sorpresa. Por una parte, siento que está feliz de verme, por otra..., creo que no tanto. ¿Se sentirá descubierto?

—Les daré privacidad para que hablen. —Su madre rompe el silencio que nos había inundado y mira a Gerald con complicidad y ¿amenaza? Mis vellos se erizan al cerrarse la puerta, puede que esté frente a un vampiro de verdad ahora mismo.

—Yo... —balbuceo sin saber qué decir. Organicé este encuentro tantas veces en mi cabeza y créanme que nada ha salido como lo planeado. Gerald se me tira encima y me envuelve con sus brazos, me aprieta fuerte y con necesidad. Siento su dolor penetrar mi pecho; su temor, su confusión. Le correspondo el abrazo y ambos llo

ramos aferrados.

Ha pasado una hora más o menos y Gerald y yo estamos en silencio, como si temiéramos hablar.

—Les traje vino. —La señora Van Ewen irrumpe en la habitación con una bandeja que tiene dos copas de aquel líquido que tanto he extrañado. Hasta me había comprado uno, pero no me provoca aquel extraño placer como lo hace el vino de uvas de los Van Ewen.

Tomo la copa con desesperación y Gerald me observa con lágrimas en los ojos, salto en mi lugar cuando él me la arrebata y la estrella contra la pared. Tanto su madre como yo estamos aterrorizadas con su repentino comportamiento. Gerald le arranca la bandeja de la mano a su madre y ésta corre la misma suerte que mi copa. Hay vidrios por doquier y la pared blanca está manchada de vino.

—¡¿Acaso te volviste loco?! —le reprocho exaltada y él solo me observa con pesar y culpa. Su madre llora desconsolada por lo que su padre entra a la habitación. Mi cuerpo tiembla cuando el señor Van Ewen lo empuja contra la pared sosteniendo su cuello con fuerza.

—¡No! —su madre grita desesperada—. ¡Edward, suéltalo, por favor! Edward..., no le hagas daño, sabes...

—¡Mamá! —Gerald la interrumpe y su padre lo suelta. Corro hacia él por instinto y examino su cuello tan rojo que pareciera se tornará morado.

Gerald toma mi mano y me saca a rastras de la habitación, bajamos las escaleras a toda prisa y él me dirige hacia la puerta.

—Debes irte y no regresar —me advierte con temor y dolor en su mirada—. Ignora mis mensajes y llamadas como has hecho hasta ahora, sé que trataré de buscarte cuando te extrañe tanto que no lo pueda soportar; pero mi hermosa Ester, debes alejarte de mí y de mis padres. —Lagrimas llenan sus ojos.

—¿Por qué, Gerald? Dime la verdad, eres... —No puedo evitar sollozar—. ¿Eres un vampiro?

La cara de Gerald es un poema. Sus ojos brillan como queriendo reír, pero suspira profundo.

—¿Un vampiro? ¿Crees que soy un vampiro? —Su carcajada me provoca ganas de golpearlo—. Ester, mi situación es peor que eso, te contaré todo cuando me sienta listo, mas debes saber que no te haré daño, te amo.

Gerald me abraza y yo inhalo su perfume, su piel es cálida..., espera, se supone que los vampiros son fríos, pues están muertos.

—Te vi beber la sangre de una paloma en tu patio —digo bajito como buscando alguna explicación. Necesito creerle.

—¡Eso es asqueroso! ¿Estuviste allí? ¿Por eso dejaste de buscarme? Ester, sabes que amo a las palomas, vi cómo fue atacada por un gato desde mi ventana. Salí para ayudarla, pero ya estaba muerta. La puse sobre mi rostro para sentir su calidez por última vez, estaba muy triste.

¿De verdad creeré esa tontería? ¿Qué chico en su sano juicio pone una paloma muerta sobre su rostro?

—Ese día que traje las arepas estabas bebiendo sangre, además pusiste cara de asco al oler el ajo.

—Odio el ajo y no estaba bebiendo sangre. Es una bebida de remolacha con fresas que mi abuela solía hacerme antes de morir, beber ese jugo me relaja porque me hace sentir cerca de ella. Mi abuela me dio amor y aceptó mi condición sin reprocharme por mis decisiones, cuando murió me sentí muy solo hasta que te conocí. —Sus ojos se cristalizan.

—¿Y tus padres? —Y como si los hubiera invocado, los señores Van Ewen vienen bajando a nuestra dirección.

—Debes irte —Gerald abre la puerta con nerviosismo y me empuja fuera de la casa cerrando de golpe tras mi espalda. Alcanzo a escuchar murmullos y gritos, entonces corro asustada y me dirijo a mi hogar. Entro a mi habitación y lloro como niña. No sé qué creer, solo estoy asustada y por alguna extraña razón temo por Gerald.

...

Han pasado cinco días y Gerald no me ha llamado. He revisado mis mensajes y nada. Abro la ventana con la esperanza de verlo, pero la de él siempre está cerrada. Por lo menos escucho su música en la noche y solo así puedo dormir. Su melodía es triste, como si pidiera auxilio. Hay noches que siento que me habla por medio de la música, me dice que siga con mi vida que todo pronto estará bien. Lágrimas cubren mi rostro, mi corazón llora su ausencia.

Me levanto desganada y el día en el colegio es infernal, pronto empezarán los exámenes finales y debo esforzarme un poco más si quiero aplicar para una buena universidad. Dentro de dos meses seré mayor de edad y quiero trabajar mientras estudio para tener experiencia laboral, nunca se sabe cuándo puedas necesitar esos extras en un currículum; además, debo aprender a ser productiva, siempre he vivido bajo la comodidad que mis padres me han brindado y no he hecho nada por mi propia cuenta.

Regreso a la casa y mi madre me aborda con tristeza. Me duele que mis padres se preocupen por mí, pero no puedo evitar sentirme deprimida. Después de un largo baño decido dormir, pues no me dan deseos de hacer nada.

No sé cuánto he dormido, pero ya está oscuro. Bajo las escaleras y escucho a mis padres conversar sobre mi futuro. Busco comida y regreso a mi habitación. Después de comer me lavo los dientes y bajo de nuevo para lavar los trastes.

Mis padres me abrazan y miman para irse a dormir. Cuando termino de lavar los trastes recibo una llamada. Corro con desesperación hacia la salida, necesito asegurarme de que él está bien.

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