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   Capítulo 5 Final

¿Mi vecino es un vampiro? Por Angie Pichardo Palabras: 16971

Actualizado: 2020-12-20 12:44


Toco el timbre desesperada y con la respiración entrecortada. La preocupación inunda mi pecho y las lágrimas no cesan. Entro sin saludar y subo las escaleras sin esperar invitación una vez la puerta se abre. Traspaso el umbral de madera y verifico que Gerald esté bien. Lloro. Su piel está marcada, sus labios partidos. Miro a su madre con rabia, ¿por qué le hicieron esto?

—Fue su padre, él... —pronuncia con nerviosismo—. Edward es un poco impulsivo, pero sin mala intención...

Remuevo a mi novio, pues se ve ido y sin fuerzas, nunca debí dejarlo solo. Ignoro las explicaciones de esa señora, ignoro las lágrimas que empañan mis ojos, solo me enfoco en él, en mi Gerald.

—Amor... —susurro mientras acaricio su cabello y él me mira desorbitado.

—Debes... irte... perdón... —balbucea con dificultad.

Lloro y no entiendo por qué, es como si mi corazón presintiera su dolor e impotencia.

—Querida, estás muy alterada, debes calmarte. —Su madre se me acerca y me envuelve con sus brazos. Lloro sobre su hombro y ella acaricia mi cabello, ¿por qué estoy llorando? No entiendo la razón de sentirme abusada, no comprendo mi autocompasión.

Estoy sentada en la sala donde la señora Van Ewen me trae una copa de vino. Lo tomo con ansias, pues me ayuda a relajarme y me encanta el efecto sedante que causa a mi cuerpo. Tomo todo el contenido y en unos minutos me siento más tranquila, como si volara y quisiera reír. Escalofríos recorren mi piel y un deseo extraño me embarga.

—Deberías acompañar a Gerald ahora que estás más tranquila —sugiere con una sonrisa pícara que me sacude de repente. Sí, quiero estar con él, necesito tenerlo cerca. Subo las escaleras con ansias y anhelo de él, de su piel. Una ola de emociones intensas llena mi ser, mariposas en el estómago, punzón en el pecho, calentura en mi zona íntima, quiero a Gerald.

Abro la puerta con desesperación y su mirada agobiada me deja paralizada, él está triste y débil. Me acuesto a su lado y lo beso. No es un beso inocente, no, es un beso de deseo, de pasión. Él me corresponde no muy seguro, pero a medida en que nos besamos, sus ojos brillan con intensidad y su deseo se desborda. Me encanta sentirme deseada por él, la sensación es indescriptible, el placer de sus manos sobre mi piel. Música retumba en la habitación, mas no es la melodía de Gerald. No me importa quien está tocando el piano, me importa que es Gerald quien me toca a mí. ¿Nos observan? Es posible, pero mi piel quema y lo necesita a él. Gerald gruñe sobre mi cuello, besa con desesperación y muerde. Su mordida me excita y provoca querer más. Sus manos se deshacen de mi ropa con delicadeza, su toque es suave y excitante, me gusta todo de él. Sus besos me hacen gemir, mi piel celebra sus caricias, amor, tu boca me desquicia. Gerald tiembla al igual que yo, él también es inexperto y virgen. Veo que titubea, sin embargo, lo atraigo a mi cuerpo desnudo. Acaricio y beso sus moretones, mis labios rozan sus heridas, sus ojos brillan del deseo, ya no se puede contener más y me encanta. Gerald entra con delicadeza mientras la música retumba. Duele, aprieto su largo cabello y él besa mi frente, una lágrima rueda por su bello rostro, acaricia mi mejilla con ternura y se mueve dentro de mí. Muerde mi cuello y me estremezco, la mezcla de dolor y placer es delirante. Imito sus movimientos y él gruñe, le gusta como lo hago. Parecemos animales hambrientos, corazones víctimas y sin salida, almas y consciencia perdidas, dejándose llevar por la carne, por los efectos alucinantes de aquel vino. Nos observan, la música se hace violenta, no me gusta esa melodía, no va acorde con nuestro amor; me hace sentir sucia y acosada, me hace sentir abusada, pero la ignoro.

Gerald y yo sabemos que estamos frente a nuestros depredadores, no obstante, nos sumergimos en nosotros mismos y nos olvidamos de todo lo demás. El vino haciendo su efecto, nuestro instinto de protección cayendo, el placer llenando nuestros cuerpos. Ya no lo soporto más y necesito gritar, debo liberar este placer que me atormenta, sé que me escucharán, saben que lo estoy disfrutando. Sin pudor ni reparos lo dejo salir y me rindo, un gemido intenso y estruendoso, temblores, sudores mezclados, cuerpos aferrados y nos relajamos. Lágrimas mojan mi rostro, pero no es de mis ojos que salen; un beso en los labios, su calor me abraza y me pierdo en mis sueños...

Gerald

Dormí mejor que todas las noches: tranquilo y en completa paz. ¿Así se sentirá morir? La observo a mi lado y no puedo evitar el llanto, acaricio su mejilla suave y tierna, ella es tan bella. Estuvimos desinhibidos anoche, aun recuerdo el sabor de su piel, como se estremecía debajo de mí y como me perdí en ella. Soy un pecador, le he hecho daño, no era mi intención, yo también fui drogado. Lágrimas mojan la sábana blanca y ella me mira con desconcierto. Se incorpora y me abraza y ambos lloramos, simplemente no es justo. Debió ser nuestra decisión, no la de ellos. Me siento sucio y duele, le hice daño al amor de mi vida y ella a mí sin ninguno tener la intención de hacerlo.

Ester

La señora Van Ewen nos trae el desayuno a la cama con una gran sonrisa en la cara. Sus ojos brillan de la satisfacción y su mirada me asusta, no entiendo bien qué sucedió anoche, solo soy consciente de que Gerald y yo nos entregamos y ambos lo disfrutamos, pero me duele ver el arrepentimiento en sus ojos, la culpa torturarlo.

Nos bañamos juntos y sin vergüenza, ya nada en nosotros es desconocido, pues anoche nos descubrimos, mi cuerpo unido al de él, nuestras almas entrelazadas.

Gerald me dice que me vaya y descanse, que en la noche él me buscará. Por suerte hoy es sábado. Me escurro por el patio y entro por detrás. Mis padres no notaron mi ausencia y eso me da paz.

Gerald

—¡¿Por qué lo hicieron?! —grito a mis padres con desesperación, sé que no debería hablarles así, pero ellos son unos monstruos que me destruyen más de lo que mi enfermedad lo hace.

—¡No los debes! —Mi madre grita con lágrimas en los ojos—. Tú te vas y nos dejarás solos, Gerald. Es lo menos que debes hacer por nosotros.

Miro a mi padre y su mirada de enfermo desquiciado provoca que mi sangre arda. Él es el culpable de todo, él manipula a mi madre para satisfacer sus más bajos instintos. Se aprovecha de mi condición para dar riendas sueltas a su adicción: observar y tocar a jovencitas. Lloro ante mi desgracia y los echo de mi habitación; debí ser más fuerte, pero sus golpes me debilitaron y no pude luchar, la droga entró en mi sistema y no me pude controlar. Mi padre me golpeó porque no quise beber de su vino, sabía lo que pretendía y no lo iba a permitir, no a mi bella paloma. Ella es tan pura y llena de vida, tan diferente a mí, yo estoy enfermo y condenado a morir en cualquier momento. Tengo xerodermia pigmentosa, una rara enfermedad genética, pues mis propios genes la causaron. Las pecas y moretones —los que no fueron causados por mi padre—, son uno de los síntomas. Tengo problemas en mi sistema nervioso, mi vista falla y también mi audición. Por eso toco el piano todos los días, porque temo a cuando ya no pueda oír bien. La exposición al sol es mortal para mí y como mis padres eran muy descuidados descubrieron la enfermedad muy tarde, el cáncer fue inevitable. Estoy en la etapa terminal y no acepté la quimioterapia, pues es sufrimiento sin resultados, mi enfermedad no tiene cura.

La culpa ha enloquecido a mi madre y ella quiere un hijo que lleve mi sangre, un hijo que se parezca a mí, un hijo que me reemplace. Esa es la basura que le ha dicho mi padre para verme fornicar con jovencitas, y como nunca pude hacerlo, entonces que lo hizo él. Tuvimos que mudarnos y él utilizó de mi herencia para limpiar sus asquerosidades. Cuando conocí a Ester sentí cosas que nunca había experimentado, pero ella estaba lejos de mi alcance. Reí de dolor cuando supe que éramos vecinos, temí esa noche que la acompañé hasta su casa y mi padre nos observaba a través de la ventana, temí mucho más cuando supe lo de la cena. A pesar de que sabía que debía alejarla, no pude hacerlo, la necesitaba, la necesito. Creí que podríamos vencer con nuestro amor, pero ¿qué puedo ofrecerle yo? Mis padres la invitaban y ella insistía en venir, aunque yo le gritase y me enojase a propósito para alejarla. Ella se aferró a mí, así como yo a ella. Esos monstruos nos daban de ese vino drogado, yo tocaba las teclas y él la tocaba a ella, me enseñaba como debía hacerlo. A pesar de e

star drogado, yo lloraba y me dolía cuando él la tocaba. Me dolía cuando yo mismo lo hacía. Mi madre quiere un hijo mío y mi padre saciar sus más bajos instintos.

Un mes después...

Ester

No entiendo a Gerald. Después de que estuvimos juntos se niega a verme; su madre busca la manera de que me acerque a él y mis padres no quieren que yo lo vea. Es difícil escaparme para ir a verlo y que él me rechace. Esa noche esperé por él, pero nunca llegó. Temí tanto por mi Gerald, pues no escuché su canción. Camino de un lado a otro con la desesperación carcomiendo mis huesos, necesito verlo.

Me despierto a media noche alterada, estoy consciente de que algo malo está sucediendo. Me levanto y corro fuera de la casa donde veo como Gerald es entrado a una ambulancia. Mi corazón palpita demasiado fuerte, lágrimas salen sin permiso y corro. Me subo a la ambulancia ignorando la reprimenda de todos los presentes, me aferro a su cuerpo y lloro.

Dos días después…

—No me alejes de ti. —Limpio mis lágrimas—. Quiero estar hasta el último momento.

—No es justo para ti. —Gerald acaricia mi mejilla—. Te amo, Ester. Nunca te ataría a mí, debes alejarte y continuar con tu vida.

—No, tú eres parte de mi vida y no te dejaré solo en esto. No me pidas que me aparte, porque no lo haré.

Visito a Gerald todos los días al hospital. No me fue muy bien en los exámenes, así que no tengo buenas opciones para mis estudios universitarios. No iré a la universidad por ahora, mis padres no están de acuerdo, pero no me importa. Hoy cumplí la mayoría de edad y lo celebré junto a Gerald en la clínica. Él ya está mejor y pronto irá a casa, esa es la parte difícil, no lo quiero allí con esos monstruos.

—Ester, ya que has decidido estar conmigo, hagamos las cosas correctamente. —Gerald está nervioso y sus palabras son temblorosas—. Cásate conmigo y escapemos.

Me quedo helada ante su propuesta y sé que él me está ocultando algo. Estoy segura que su proposición va más allá de solo estar juntos, esa es la razón por la que acepto sin cuestionar.

Dejo una carta a mis padres donde les pido perdón. Gerald y yo nos casamos por el civil y un abogado nos visita casi todos los días a la casa campestre. Mi esposo me dijo que esa residencia es parte de la herencia de su abuela y que solo él y ella sabían de su existencia, es por esto que nuestros padres no nos han encontrado aún.

—Las palomas son hermosas, Ester —Gerald besa mi cuello y acaricia mis rizos. Estoy sentada sobre sus piernas mirando la tarde a través de la ventana de cristal. Tenemos dos meses de casados y nunca había sido tan feliz en mi vida. Sé que nuestro mañana es incierto y que somos muy jóvenes, pero Gerald no tiene futuro, él solo vive el presente y yo soy su compañera de vida.

Hacemos el amor con intensidad, como si fuera la última vez. Gerald besa mi cuerpo y yo disfruto sus labios saboreándome completa. Acaricio su blanca piel, beso sus pecas y moretones. Nos besamos con locura, nos retorcemos de placer. Nuestros gemidos se unen en armonía, sudores y temblores. Ambos nos abrazamos satisfechos, lloramos y decimos: Te amo.

Gerald

Soy feliz, nunca había tenido tanta tranquilidad. No le diré mi plan a Ester, pero no solo me casé por amor, aunque esa haya sido la razón principal. Me gustaría vivir, que hubiera una cura, tomaría las malditas quimioterapias si supiera que eso me ayudaría a vivir hasta la vejez, pero no es así. Quiero disfrutar mis últimos días con el amor de mi vida para luego dejarle mi misión. Ella lo sabrá a su debido tiempo.

Me atrevo, pues sé que me queda poco tiempo, quiero volver a sentirlo. Los rayos acarician mi enferma piel y la sensación es delirante, no me expongo por mucho tiempo, sin embargo, fue suficiente para regresar a mi niñez. Los recuerdos de mis correteos en el patio, de mi persecución a las palomas y todo lo que se movía, de los baños en el río o la playa, del juego con mis amiguitos; todas esas memorias de mis momentos más felices me visitan. Veo a la abuela preocupada por mis manchas en la piel, su desconcierto porque el sol me afectaba más que a los demás. Recuerdo su cuidado cuando nos visitaba, como discutía con mi madre por las marcas de los golpes de quien decía ser mi padre. Su mirada de preocupación y sus amenazas de llevarme con ella. ¡Cómo deseé que lo hiciera! Ella estuvo conmigo en el proceso de mi enfermedad, me traía a este lugar y nos pasábamos las mejores semanas de mi vida. La casa es como una mansión, puesto que mi abuela era muy adinerada. Ella dejó todo a mi nombre y sacó a mi madre de su testamento.

Mi hermosa paloma acaricia mi mejilla, me encanta sentir su roce en mi piel. Besa mis labios y saboreo sus lágrimas saladas.

—No llores... Sonríe para mí —balbuceo con dificultad, no quiero verla sufrir, no es la imagen que me quiero llevar.

—Te amo —susurra sobre mis labios y me mira a los ojos, sus orbes cafés me encantan. Mi corazón se alegra y yo imito esa hermosa sonrisa que mi amada Ester me regala.

—Gracias... —Duele hablar, pero necesito decirlo—. Me has regalado los mejores meses de mi vida, gracias por ser mi esposa y por darme tanto amor. Ester, mi bella paloma, te amo. —Nos besamos y ella saborea mi último aliento. Lágrimas mojan mi rostro y su aliento es lo último que siento, cierro los ojos y duermo...

Un año después...

Ester

Salgo de la corte satisfecha de haber logrado mi objetivo: cumplir con la voluntad de Gerald. Se casó conmigo para dejarme toda su fortuna, dado que era la forma de que su padre no tuviera acceso a ella. Él guardó todas las pruebas del abuso tanto con él, como conmigo y aquella jovencita a quien le desgració la vida. Esta vez su padre no salió ileso, pues no tenía dinero para sobornar. Gerald le dejó una casa a su madre y una pensión mensual de por vida. En una carta me explicó todo. Me dijo que se casó conmigo por amor, pero también para poder hacer justicia. Quería encerrar a su padre y que no hiciera más daño, él sabía que nosotros tres no fuimos sus únicas víctimas. Su madre está bajo terapia y una enfermera cuida de ella. Mis padres me perdonaron y me colaboran con nuestra misión y yo estudiaré psicología para ayudar a nuestros beneficiados. Somos una institución que da apoyo a pacientes con enfermedades crónicas, también ayudamos a personas víctimas de todo tipo de abusos.

Gerald grabó todas sus melodías y las utilizo para dormir, de alguna forma me hace sentir cerca de él. Me dejó sus cordones y los llevo en mi cuello, también dejó mis estudios pagados en la mejor universidad de la ciudad y un patrimonio de por vida. A veces lloro su ausencia, aún lo amo y extraño; no obstante, estoy satisfecha de haber cumplido su propósito y que él muriera feliz. Su último aliento fue en mis labios y cuando miré su rostro Gerald sonreía, pude escuchar su último susurro y entendí su amor a las palomas.

«Volaré por fin y seré libre de mi cárcel. Ya no habrá enfermedad ni nada que me aprisione ni me dañe. Paloma mía, vuela y sé feliz, llena de vida y pureza, tan pacífica y bella. Por fin seré libre...».

Ese chico pálido y raro robó mi corazón.

Entonces... ¿Mi vecino es un vampiro?

No, es una blanca y tierna paloma que alzó vuelo y fue tras su libertad.

                                                                                               🕊️Fin🕊️

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Hola a todos:

Esta es la primera historia que publico en esta plataforma y espero que la hayan disfrutado. Es cortita, pero llena de esencia y a mí me encantó escribirla, aunque no puedo negar que me hizo llorar. Ahora sí, vamos con los agradecimientos.

Quiero agradecer a Dios por abrirme puertas y darme las ideas; a todos los que le dieron una oportunidad a esta pequeña historia y a mi familia y amigos. Espero que les haya gustado y entendido su esencia. Quiero dedicar este capítulo final a mis amigas y hermanas: Deborah y Keila. Sé que no hay palabras que puedan aminorar su dolor, perder a un ser amado es una experiencia turbia y dolorosa. Creo que esa persona siempre va a estar en nuestros corazones y simplemente aprendemos a vivir con ese vacío que deja esa persona amada. Que Dios les de fortaleza y consuelo y entiendan que su abuela es como una paloma que voló al seno del Señor.

Gracias a todos, bendiciones y un fuerte abrazo.

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