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   Capítulo 2 Parte una

El chico raro de mi cuadra Por Angie Pichardo Palabras: 2571

Actualizado: 2020-12-19 10:14


Estoy muy feliz porque pronto será mi cumpleaños número diez. Mi mami me da las invitaciones de los Morris y voy trotando hacia allá. Toco el timbre y Kimberly abre la puerta. Ella es hermana de Ron y ya es grande. Va a la escuela con nosotros, pero tiene amigos adultos y muy guapos. Ya quiero crecer y tener quince como ella, así mis botoncitos se convertirán en grandes melones y tendré un novio lindo.

—Hola, Melinda —Kimberly me saluda con una gran sonrisa, ella es muy amable y me agrada. —El próximo sábado es mi cumpleaños, ¿vas a venir? —le pregunto muy contenta, pues así ella invitará a su amigo lindo y lo sacaré a bailar conmigo y... ¿Quién sabe? Tal vez me dé un besito. —¡Claro que sí! —sonríe y llama a la señora Morris. Ron sale con su nuevo video juego y ambos nos dirigimos a la cocina. —¡Gracias por la invitación, Melinda! ¿Quieres una galleta? —la mami de Ron me pregunta con la misma amabilidad de siempre. —¡Sí! —me encantan las galletas de la señora Morris. —¡Ashton, las galletas están listas, cariño!

Miro a Ron sorprendida. ¿Quién es Ashton? Él va a hablar cuando un chico con cabello negro y ondulado, ojos azules oscuros como el océano; vestido con unos vaqueros negros y una camiseta del mismo color hace entrada. Me quedo pasmada al reconocerlo.

Es el freak. ¿Cuándo regresó y por qué está en casa de Ron? El chico me mira con indiferencia y se dirige al desayunador, se sienta en un taburete y come sus galletas en silencio. La señora Morris sonríe y el momento tenso se vuelve cálido con su dulce voz.

—Te compraremos un lindo regalo y estaremos felices de asistir a tu fiesta. —Gracias... —sonrío sonrojada y mi atención se enfoca en aquel chico raro. Desde aquel día que evitó que los matones me acosaran tuve mucha curiosidad por conocerlo. Me acerco con timidez y le topo el hombro. Él me mira con cara de malos amigos, en cambio yo le sonrío. La señorita McKenzie siempre me ha dicho que las sonrisas curan el alma y son gratuitas, así que se debe regalar todo el tiempo. —¿Qué quieres? —me pregunta de una forma fea y descortés, pero yo continúo sonriendo. —Tú también estás invitado a mi fiesta. Va a ser muy bonita y divertida. ¿Te gusta Rosita Fresita? Mi fiesta será de ella y yo voy a bailar ballet con mi nuevo tutú rosa. El freak rueda los ojos y me mira feo. —¿Quién quiere ir a una fiesta de Rosita rosadita? —hace una mueca. —No es Rosita rosadita, es Rosita fresita —le corrijo y él me mira más feo aún. —¡Que fastidiosa! —se levanta con el plato de galletas y se va.

¡Que chico ni más mal educado!

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