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   Capítulo 1 1- camino hacaia la adultez

No me llamo fea Por Marian Palabras: 10796

Actualizado: 2020-12-23 00:53


Estaba nerviosa por todo lo que iba a suceder a continuación, podía ver a mis padres sonriendo desde sus asientos y con una cámara apuntando al podio en donde estoy a punto de dar el discurso de grado, acomodo mis gafas al sentir que se me resbalan por el sudor, todos miraban en mi dirección esperando que saliera cualquier cosa de mi boca, pero nada salía de ella. Había practicado tanto el discurso y ahora estoy congelada y muerta de miedo. Tomo todo el aire que puedo y me suelto, las palabras salían con fluidez encantando a todos los presentes. Había sido la elegida para dar el discurso de grado en la escuela, al principio me había negado, pero según el director yo era la correcta para decir las últimas palabras para la promoción 2019. El auditorio estalla en aplausos cuando doy por terminado el discurso, sonrió con timidez y bajo del podio para volver a mi lugar. Ya doy por cerrada esta etapa de mi vida para comenzar una nueva la cual anhelaba desde muy pequeña, mi sueño siempre había sido la literatura, escribir y leer siempre han sido mi refugio desde que hace años. Mis padres esperaban que estudiara medicina o me fuera por las ramas de la ley, pero siempre fui clara en mi decisión y la literatura fue la ganadora. Dentro de dos meses deberé partir rumbo a la universidad en la cual fui poseedora de una beca completa, mis padres no podían permitirse pagar una universidad tan cara así que al ganar aquella beca pude quitar una gran carga de sus hombros. - ¡Felicitaciones hija! - mi madre se acerca a mí con una sonrisa en sus labios. Ya se había dado por acabado la ceremonia y ahora estaban todos en sesiones fotográficas con sus familias y amigos. - Gracias mama. - Esas palabras que dijiste fueron magnificas, podía ver a todos embelesados a medida que avanzabas, tengo un video te lo mostrare cuando lleguemos a casa. - Estoy muy orgulloso de ti hija, yo sabía que ibas hacer cosas grandes en la vida y ahora mírate, recién graduada de la escuela y pronto iras a una de las universidades más prestigiosas del país. - No es para tanto papa, de todas maneras, iba a pasar por esto- digo mientras acomodo mis gafas las cuales constantemente se resbalan. - ¡Rachel! - conocía esa voz a la perfección, era mi mejor amigo Joey, los dos nos conocimos desde jardín, desde ese momento nos volvimos inseparables, incluso mis padres llegaron a creer que nos casaríamos en un futuro, pero ninguno de los dos está interesado por el otro. Así que la amistad entre un hombre y una mujer si existe. Lamentablemente nos tendríamos que separar, el iría a la punta del mundo porque a su padre lo trasladaron a china, me dolió cuando supe que se iría, pero al igual que yo él es inteligente y podrá sobrellevar su estadía en el país nipón. - No quiero que te vayas- lo abrazo cuando llega a mi lado, lo iba a extrañar como a mas nadie en el mundo. Él fue la única persona que quiso ser mi amigo y más nunca se separó de mi a pesar de las críticas de las personas. Él es alto, de tez trigueña y con unos hermosos ojos color miel, sus facciones parecen talladas por el mismo miguel angeló, no miento. - Te vamos a extrañar joven Joey- mi padre siempre lo llamo así y tal parece que a mi amigo no le molesta. - Karl tiene razón Jojo- en cambio mi madre lo quería como el hijo barón que nunca tuvo. - Yo también los extrañare mami Esme y papa Karl, siempre los llevare en mi corazón y si necesitan cualquier cosa china yo me encargo de mandárselas. - Hola familia Bundy- los padres de Joey se unen a nosotros con una gran sonrisa. - queríamos invitarlos a una cena por conmemoración para nuestros hijos. - Claro que estaremos presentes- les responde mi padre. - Qué tal si posan para tomarles una foto- dice la madre de Joey emocionado. Digamos que no soy muy buena posando ante cámaras, siempre que me piden que sonría lo único que sales es una mueca que da miedo y estoy tan segura de cómo me llamo Rachel de que mi madre me pedirá que sonría para la foto. - Sonríe Rachel- dicho y hecho. Intento sonreír, pero estoy segura de que aquella mueca fue espantosa. - ¡Quedo hermosa! - la euforia de la madre de mi amigo nos extraña. Ambos curiosos nos acercamos a ella para ver la foto, y aunque me cueste admitirlo si quedo hermosa la foto. Tal parece que mi mueca está teniendo cambios y convirtiéndose más a una sonrisa de persona normal. Dos días después Joey Gregory partió del país dejándome completamente sola y sin compañía. Aquel día en la noche llore como una maría magdalena, aunque prometimos llamarnos todos los días, pero la diferencia de horarios nos jodería todo, o él se desvelaba para llamarme o yo lo hacía, pero las emociones no iban a ser las mismas como las que solemos tener cuando estamos cara a cara. Por fortuna un conocido de mi padre estaba buscando a alguien para ser cajera en una ferretería y durante todo el verano me dedique sin parar ahorrar y tener dinero durante los primeros meses de haberme ido a la universidad. Mis padres insistieron varias veces para que cambiara de opinión y me quedara en la ciudad, pero yo estaba decida a buscar nuevas experiencias sin tener que explicarle nada a nadie, amo a mis padres, pero a veces es mejor dejar volar a los hijos. Por mi cabeza solo pasaban escenarios en donde la pasaría bien, tendría muchos amigos y que saldríamos casi que todos los días, en la universidad los jóvenes son más maduros

, se toman las cosas con seriedad y responsabilidad. Con cada cosa que pensaba una corriente agradable invadía todo mi cuerpo, no hallaba la hora de llegar a mi destino y empezar esta nueva etapa de mi vida llamada la adultez. - Prométeme que nos llamaras todos los días- la voz de mi madre me saca de aquella ensoñación, la miro con dulzura al ver que sus ojos se llenan de lágrimas. - Sin falta llamare todos los días para contarte como me fue en mi día y como van mis clases, pero ahora, limpiemos estas lagrimas porque me harás llorar también. – mi hermosa madre se limpia las lágrimas con un pañuelo que tenía en sus manos. - Te deseo lo mejor hija- Karl Bundy suele ser un hombre duro, pero cuando su lado dulce sale a flote se me hincha el corazón de alegría. - Gracias papa, sé que no era la carrera que querías que estudiara tu hija, pero también te doy las gracias por seguir apoyándome. - Siempre lo hare hija. Nos fundimos en un abrazo para luego separarnos por la llamada de mi vuelo, tomo mis maletas y comienzo a caminar lejos del nido, un par de lágrimas rodaron por mis mejillas al dejar a mis padres solos. Ocupo el lugar que se me fue asignado y espero por la partida del avión, algunos a mi alrededor hablan con sus acompañantes, otros simplemente tienen audífonos puestos escuchando música, mientras yo estaba nerviosa por mi primer viaje sola. Pronto el piloto comenzó a dar las indicaciones, abrocho mi cinturón de seguridad y espero a que se proceda a despegar el avión. Cierro los ojos al sentir como me hundo en asiento por la subida del avión hacia el cielo, al estar completamente nivelado abro mis ojos y miro por la ventana, podía verse toda la ciudad ya que las nubes no la tapaban. Me coloco mis audífonos y reproduzco algo de música para seguir observando el hermoso panorama que me estaba despachando, eran 12 horas de vuelo en las cuales debía distraerme con algo. El mundo era tan hermoso que no sabemos apreciarlo, el ser humano esta tan empeñado en destruirlo que no vemos el valor que tiene para nuestra supervivencia en el mundo. Esta más que claro que no vivimos, sino que sobrevivimos ya que constantemente estamos expuestos a guerras militares, enfermedades mortales y el más inminente de todos, el cambio climático, el efecto invernadero nos está jodiendo tanto que mejor lo ignoramos. Ya podía sentir la brisa otoñal por el cambio de estación, las hojas estaban empezando a caer con ese característico color caoba que tanto me ha gustado. A través de la ventana del taxi podía ver los grandes rascacielos que adornaban la hermosa ciudad de Nueva York. La jungla de concreto era aún más imponente en persona con sus grandes empresarios posesionados en la cima de su edificio. Las personas caminaban de un lado para el otro abrigado del frio que podía calar hasta los huesos. El taxista me deja en frente del edificio en donde iba a instalarme, pago por el viaje el cual no fue nada barato y entro al lugar con mis maletas. Digamos que la facha del edificio no era la mejor de todas, pero según las imágenes que vi en internet los departamentos son muy bonitos y baratos. - Bienvenidos al luxury ¿en qué podemos ayudar...la?- en el rostro de la mujer puede ver la sorpresa, su mirada se pasea por todo mi cuerpo con una mueca que no puedo descifrar.- discúlpeme señorita, pero los refugios están más al sur. - Creo que está equivocada- respondo mientras acomodo mis gafas en su lugar. - yo aparte un departamento, soy Rachel Bundy. - ¿Cómo el asesino? - Si- respondo- como el asesino serial, pero cabe recalcar que no tenemos ningún parentesco. - Está bien- la mujer deja de mirarme para teclear en su computador. – pues ya cancelaste tu primer mes- se levanta de donde estaba sentada y se acerca a un gran muro en donde se encuentran varia llaves- aquí está tu llave, si la pierdes debe pagar para que te den una de repuesto, tu piso es el número 6. Asiento y me acerco al ascensor, por suerte del destino este se encontraba en primera planta y no tendrá que esperar a que baje por todos los pisos. Solo podía ver como los números cambiaban hasta llegar al número 6, como puedo saco mis maletas y busco el número de departamento, el cual según la llave es el 603. Suspiro al tenerla en frente. - Este es el nuevo comienzo que tanto has esperado Rachel. - me digo en voz alta. Introduzco la llave en la ranura y giro para luego abrir la puerta por completo, miro todo el lugar con una mueca, no era como lo habían pintado en su página de Facebook, podía sentirse el olor a humedad, pero no era tan nauseabundo, los muebles eran un poco pasados de época y eso que solamente lo estoy viendo desde afuera, lo único que me faltaría es que la cama se guarda dentro de una pared. Resignada y sin pedir el dinero de vuelta porque así lo dictaminaba el contrato de arriendo que había firmado hace dos semanas entro al lugar. A veces creo que soy bruja, como lo había predicho con antelación la cama se guardaba en la pared y no parecía para nada cómoda. Maldigo por lo bajo y me pongo manos a la obra, desempaco toda mi ropa y la comienzo a guardar en un closet empotrado en la pared. Pronto el jet lag hace su efecto, mi cuerpo se comienza a sentir cansado y el sueño comienza a invadirme por completo, bajo la cama de la pared y sin importar almohadas me recuesto para esperar a Morfeo.

Es hora de embarcarse en una nueva aventura...

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