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   Capítulo 2 2- Miradas sobre mi

No me llamo fea Por Marian Palabras: 18622

Actualizado: 2020-12-23 00:54


Por la misma causa del jet lag vi el amanecer en la ciudad Nueva York, el panorama era increíblemente indescriptible y parecía sacado de una película. Lastimosamente pronto debía partir hacia la universidad, en mi horario enviado por correo electrónico aparecía que mi primera clase era a las 7:00am. A falta de no tener comida en mi refrigerador de antaño salí más temprano de lo inusual para desayunar por el camino, traté lo más posible de conseguir un departamento cerca de la universidad, pero los arriendos eran carísimos y no podía permitirme despilfarrar dinero, este quedaba a 20 minutos en metro.

Me abrigo bien antes de salir y tener mi primera aventura en la jungla de concreto, me coloco mis audífonos y le doy reproducción a mis playlist el cual solo descargue para pasear por las hermosas calles neoyorquinas. La melodiosa voz de Frank Sinatra inunda mi conducto auditivo, la canción New York me hacía sentir dentro de la película de mi pobre angelito. Evitaba bailar como en una obra de broadway, así que muevo mis manos al ritmo de la canción

Por fortuna un Starbucks se encontraba abierto y un poco vacío, retiró mis audífonos para poder pedir mi orden.

- Buenos días, bienvenida a Starbucks ¿Qué desea? – un chico de por lo menos 20 años me atiende.

- Claro, me das un Croissant Jamón y Queso y un frappuccino mediano por favor. - el chico asiente y toma un vaso mediano junto con un marcador.

- Nombre- mira directamente a mis ojos. Aquella acción hace que baje la mirada y acomode mis lentes. Nunca había coqueteado con nadie, él no lo está haciendo, pero es inevitable no sentirme atraída por él, aquel chico era guapo. - ¿le sucede algo? - salgo de aquella ensoñación y le sonrió como disculpa.

- Lo siento, mi nombre es Rachel.

El chico asiente y yo me dirijo a unos de los asientos que dan hacia el ventanal en el cual puedo ver la calle y las personas caminar. Todos los que pasaban por allí iban vestidos de forma extravagante, todo lucía como en las pasarelas de la semana de la moda. Diría que mi estilo es parecido al de ellos, me coloque una falda que llegaba hasta mis talones y una camisa abotonada hasta el cuello, encima llevaba mi abrigo que al igual que mi falda llegaba hasta los talones, lo único desarreglado era la maraña que tengo por cabello.

- ¡Rachel! - me levanto emocionada por tener mi primer desayuno en esta hermosa ciudad.

Lo tomó y le agradezco por su servicio, vuelvo a mi lugar a disfrutar del manjar mientras sigo viendo a todos pasar, vuelvo a colocarme los audífonos para alejarme del bullicio matutino. El desayuno estaba para chuparse los dedos, quería pedir otro, pero ya era momento de partir hasta el subterráneo, hago todo el trámite para obtener mi tarjeta para los pasajes y lo recargo para todo el mes.

La estación estaba tan llena que no le cabía ni un alma, siempre he detestado la hora pico, en la cual todos salen a trabajar, todos querían subirse al metro para llegar a tiempo, pero algunos casi quedaban sin nariz cuando les cerraban las puertas en la cara, para mi fortunio el que yo debía tomar no había llegado, cada metro que llegaba más personas subían dejando la estación un poco más vacía.

Me emocioné cuando vi llegar el metro que me correspondía Don't Stop Believin de Journey comenzó a reproducirse, el día de hoy nadie me iba a parar y créanme, lo tengo por seguro. Me siento en el primer asiento que veo desocupado y espero a que se ponga en marcha el gran gusano de hierro. Cuando comenzó a moverse fue inevitable sonreír, iba rumbo a mi nueva aventura y aquello me emocionaba. Desde muy pequeña mi sueño era mudarme a esta gran ciudad y vivir todas aquellas escenas de Gossip Girl, sintiéndome como toda una Blair Waldorf, o encontrarme con un hombre rico como en mujer bonita, claro, sin dejar de lado mis estudios, aquello era completamente importante para mi vida.

El vehículo se detiene en la estación que me corresponde, salgo antes de que las puertas se cierren y me lleven a otro lugar, subo las escaleras de la estación corriendo para ver la luz del día, justo a mi diagonal se encontraba la universidad, tan imponente como ella misma, desde donde estoy se puede ver el hermoso campus que posee, con grandes espacios verdes, algunos estudiantes se encontraban en el suelo juntos con sus otros amigos. Emocionada camino hasta el lugar y de inmediato siento miradas sobre mí.

Como mecanismo de defensa bajo mi mirada hasta entrar en el hermoso edificio, dentro también tuvieron la misma reacción, algunos murmuraban cosas que no alcanza a captar, pero sabía que eran de burla, toda mi vida he pasado por este tipo de situaciones, yo no me molesto en responderle, eso sería rebajarme a su nivel, así que lo dejó pasar. Busco con mi mirada el bloque B, era el edificio de mi facultad y la mayoría de mis clases las daba en ese lugar. Tenía miedo de preguntar y qué hice conmigo la primiparada. Los más antiguos suelen darles direcciones incorrectas y yo no quería eso.

Pude visualizar a lo lejos el bloque, sonrió como una tonta, está a punto de seguir mi camino, pero alguien choca conmigo enviándome directo al piso.

- Mira por donde veas cuatro ojos- era un chico el que había chocado conmigo, aun no le veía con claridad gracias a que mis gafas se habían caído, tanteo el piso con mis manos y solo rezo porque no estén partidas.

- Lo siento no me fije- murmuró mientras sigo tanteando para encontrar mis gafas.

- Pues fíjate que no te perdono, acabas de tirar en mi suéter de mil dólares un maldito late.- ¿escuche bien? Vaya, ahora soy ciega y sorda. Mil dólares por un suéter era una exageración abismal. Logró encontrar mis gafas y las llevo a mis ojos.

Vaya, había un chico viéndome desde arriba con enojo, pero eso no era lo único, aquel chico tenía una belleza exótica, su tez era blanca con unos ojos color azul hipnóticos y la boca rosadita, sus facciones lucían duras, su mandíbula era marcada y ni hablar de su cuerpo, el chico tenía unos músculos de muerte, lo sabía porque el suéter quedaba apretado en sus brazos.

- Deberías buscar un balde para la baba que te está cayendo- en el corredor las risas no tardaron en surgir, llevo mi mano derecha a mi boca para comprobar si lo que decía él era verdad y tenía razón, había abierto mi bocata mientras lo admiraba.

- ¿quién es? - una chica se posa a su lado, ella es castaña con ojos color miel, su cabellera bajaba por todos sus hombros hasta por debajo de sus pechos y su atuendo era igual a los que usaba Blair, lucía tan delicada que me producía ternura. - ¿acaso es sorda?

- Choco conmigo y creo que el mismo golpe la dejó en shock.

- Pues que se levante, causa espanto con esos harapos que lleva puestos.

- Por un momento creí que era un indigente- la pareja se ríe del comentario- mejor vamos a clase que llegaremos tarde.

Se dan la vuelta y me dejan allí tirada, con toda la vergüenza que cargo me levanto como puedo e ignoró la mirada de los demás, llegó al bloque con la mirada gacha, solo la levanto para buscar el número del salón, el edificio constaba de cinco pisos y por fortuna mi salón se encontraba en el primero y no tendría que subir por las tortuosas escaleras. Al entrar algunas miradas se posan sobre mí, las ignoró por completo y me voy hasta los últimos asientos del auditorio, más alumnos siguen llegando y tomando asiento en los puestos vacíos. Lo que había pasado hace algunos minutos no me quita la emoción del primer día de clase.

Veo entrar al profesor, lo sé porque trae un maletín en sus manos y va vestido con traje y además luce muy mayor, por lo menos unos 60 años.

- Buenos días primer semestre de literatura, me llamo Orlando Adams- deje de escuchar cuando el profesor dijo su nombre. El sujeto que estaba en frente del podio era nada más y nada menos que mi escritor favorito de ciencia ficción, tenía toda la saga de batalla intergaláctica y las películas habían sido completamente un éxito en taquilla siendo una de las películas más taquilleras del mundo. - no nos vamos a presentar, según la lista que me llego este semestre tiene 45 estudiantes, es un número bastante elevado, así que mejor nos vamos conociendo durante el resto del semestre.

Estaba completamente embelesada con cada palabra que salía de la boca de aquel famoso escritor, para mí era una hermosa melodía que no me cansaría de escuchar.

La clase se ve interrumpida por el chirrido de la puerta abriéndose, la luz de afuera se filtra por el oscuro salón ya que el profesor estaba proyectando diapositivas, no podía ver quien era la persona que estaba de pie por el resplandor aparte de que toda su vestimenta era toda negra.

- ¿enserio? - bufa el profesor. - es la segunda vez que pierde esta materia tan simple, ¿no ha contemplado retirarse?

- Para su mala suerte no señor salomón- salomón era uno de los protagonistas de las historias del profesor Adams- solo me pregunto ¿por qué es profesor de universidad teniendo millones en el banco?

- Para formar escritores con carácter y no uno que falta durante muchos días del semestre y solo viene a sabotear mis ponencias.

- Ya nos estamos entendiendo- el chico pasa cerrando la puerta detrás de él, sube por las escaleras del auditorio hasta llegar a la última fila la cual estaba un poco solitaria, me hago a un lado para que el pase y pueda sentarse en cualquier sill

a del lugar. Pero no, justo se sienta a mi lado, aquel chico olía existir, no sabía el nombre de aquella loción, pero definitivamente se volvió mi favorito para los hombres.

Ya han pasado alrededor de dos horas de clase, el profesor ha dado por terminado el tema del día de hoy y me encuentro completamente satisfecha, Orlando Adams sabía tanto del tema que no hablaba con aires de superioridad sino con ternura y paciencia. Las luces del lugar se encienden cegándonos a todos los presentes, meto mis dedos entre los lentes para restregar mis ojos ante el impacto de la luz.

- Qué demonios- escucho susurrar al chico de mi lado, volteo a mirarlo y este me mira con el ceño fruncido. - ¿de dónde sacaste esa ropa? ¿de algún albergue? - ignoro sus palabras y me levanto de mi lugar para salir del auditorio como los demás. - es de mala educación ignorar a las personas fea. - puedo sentir sus pasos detrás de mí.

Sé que he visto esta situación antes y no me acuerdo de que pelicula era.

- Yo solo le contesto a personas educadas- respondo lo más serena posible.

- Solo te hice una simple pregunta, más nada, solo para ir y quemar el lugar donde compraste esos trapos. - ríe ante su propio comentario.

- Que gracioso resultaste ser- digo con sarcasmo.

- Lo se suelo dar mucha risa. - volteo a verlo y lo analizo con detenimiento, su piel lucía bronceada ya que sus mejillas lucían rojas, sus ojos eran un zafiro, el azul de sus ojos era más intenso que el del anterior chico con el cual tropecé, sus facciones también eran duras y diría que los dos eran hermanos. - deberías dejar de mirarme de aquella forma, sé que soy muy atractivo, pero tú no eres el tipo de chica que busco

- ¡Oh por Dios! - colocó los ojos en blanco. - Un hombre prepotente es lo que menos necesito en mi vida.

- Tú te pierdes el derecho de tener un amor platónico de un hombre como yo, hasta luego feita- el chico me rebasa y sale del salón dejándome de pie a mitad del auditorio.

Salgo del auditorio sin saber qué hacer, tomo mi teléfono el cual lo guarde dentro del bolso cuando comenzó la clase, busco mi horario para ver qué clase seguía, pero resulta que esa era la única, eran las 9:30 am, y no tenía absolutamente nada que hacer, sin más remedio tomó la ruta que va directamente a la salida de la universidad.

- ¡Cuidado! - escucho detrás de mí, no me dio tiempo de reaccionar cuando fui lanzada por segunda vez en el día al piso.

- Pero qué diablos les pasa a todos en esta universidad- murmuró tocando mi cabeza la cual había golpeado contra el piso.

- Oh Dios mío, lo siento mucho, no era mi intención chocar contigo, solo perdí el control de esta máquina. - era una chica la que había chocado conmigo.

- Tranquila, no eres la única que se ha tomado por gusto lanzarme al suelo- me levanto como puedo para luego extender mi mano y ayudarla a ella, no iba hacer como el sujeto de esta mañana.

- No sé qué me pasa a este maldito cacharro- la chica golpea una de esas patinetas eléctricas. – la chica me mira de arriba abajo y me preparo para su pregunta. - hola, me llamo Aiko Akiyama, soy estudiante de ingeniería mecatrónica ¿tú cómo te llamas? - no falta explicar que la chica era asiática, pero no sé si de Japón, China o las dos coreas.

- Mucho gusto, me llamo Rachel Bundy.

- Vaya, como el asesino serial, yo utilizaría tu apellido para atemorizar a todos.

- Debería hacerlo, así nadie se metería conmigo por miedo a que los asesine a sangre fría.

- Es un negocio muy rentable. - ambas nos reímos del comentario- Rachel yo voy de salida junto con otras amigas, ¿quieres ir con nosotras o tienes otra clase?

- Me encantaría, yo también termine clase.

- Fantástico, vamos, te presentare a las chicas- Aiko se engancha en mi brazo y comienza a hablarme de algunas chicas del grupo. En total son 4 contando con la chica que choco conmigo, Aiko y una chica llamada Millie son las únicas que estudian ingeniería, otra chica llamada Alexandra estudia diseño de modas y por último Eva que estudia derecho.

- ¡Por fin apareció la reina de roma! - sabía sus nombres, pero no las identificaba por rostros. - y viene con un forastero.

- No sean mal educadas chicas, sus papis no les enseñaron esos modales- le responde Aiko. - ella es Rachel... adivinen su apellido, es de alguien muy conocido en los años 70.

- De niro- Aiko niega con su cabeza.

- Streep- vuelve a negra.

- Stallone- niega.

- Travolta

- Ninguna se acercó, les hace falta cultura general- Aiko pasa sus brazos por encima de mis hombros, no había notado que éramos de la misma estatura- es Bundy, como el famoso asesino serial.

- Hubieras especificado que le gustaba violar mujeres y asesinarlas.

- Ya no importa, chicas les vuelvo a presentar a Rachel Bundy, Rachel las chicas.

- Hola Rachel me llamo Eva Méndez- Eva extiende su mano y yo la tomo con una sonrisa.

- Yo soy Millie Miller, alias M&M- rio ante su comentario.

- Y yo soy Alexandra Maverick.

- Le dije a Rachel que podía venir con nosotras al lugar.

- No hay ningún problema- responde Eva.

Y así lo hicimos, resulta que Millie tenía un auto, y no era un simple auto, era un hermoso Bentley blanco, en el estacionamiento había autos de todas las marcas, pero el que más me gustó fue el de la chica. Durante todo el viaje colocaron un millar de canciones, fue inevitable no cantarlas durante todo el camino. No sabía en donde estábamos, me preocupe cuando nos detuvimos en un edificio viejo, tenía muy mala pinta y sacada de una película de terror.

- Quita esa expresión Rachel, te encantará cuando lo veas por dentro. - dice Aiko a mi lado.

Salimos del auto y caminamos hasta el edificio.

- Mi padre compró este edificio hace cinco años, sé que luce como una bodega en donde venden drogas, pero es nuestro cuartel de reuniones, aquí venimos y pasamos el tiempo cuando estamos aburridas, o chismosear como siempre- me cuenta Millie, tal parece que ella es la millonaria del grupo. Nos desviamos y entramos por un callejón, la chica abre la puerta del lugar dejándonos pasar.

- Wow- es lo único que sale de mis labios, el lugar era completamente increíble, las paredes estaban pintadas de varios colores, había muebles de todos los tamaños y varios puff que siempre he querido tener, había un proyector que daba hacia un gran telón blanco y ni hablar de la mini cocina.

- Te lo dije, nunca juzgues a un libro por su portada.

Aquella tarde la había sido la mejor de mi vida, por fin conocía a más personas y era lo que más quería, no solamente quería contarle mis preocupaciones a Joey, también necesitaba un punto de vista femenino, sin contar el de mi madre, ella siempre lo haría como de madre e hija y no como de amiga a amiga.

Llego a mi departamento dando las 6:00pm y había olvidado por completo hacer el mercado del mes, y debía hacerlo porque no iba ir a comer todos los días en Starbucks, así que deje mi mochila en el departamento y solo lleve conmigo la cartera y el teléfono. Salgo nuevamente a las calles, la noche estaba fría y era imposible no encogerse de hombros al sentir el frío, justo en frente de mi edificio se encontraba aún tiendecilla, cruzó la calle y entró en el local. Saludo al tendero con una sonrisa y este me la devuelve, al lado del cajero había canasta en donde puedes colocar las cosas para no tener todo en las manos.

Tomo lo que es esencial para mí, cereal y un bidón de leche, luego me fui por los cárnicos y luego por los granos para terminar con frutas y verduras, para mi higiene no pudieron faltar las toallas sanitarias, pasta de dientes y jabones corporales. Al tener todo listo me acerco a la caja y dejó que el señor pase todo. Pago cuando ya todo está empacado y salgo del lugar directo a rellenar la nevera.

Mi teléfono comienza a sonar de inmediato se quién es porque tiene un ritmo personalizado.

- ¡Por fin te acuerdas de mí! - digo cuando respondo la video llamada.

- Es temprano por la mañana querida Rachel, en unas horas tendré clases de mandarín.

- ¿has avanzado? - ubico el teléfono de una forma en la cual pueda verme mientras guardo todo en la nevera.

- Lo más básico, lo más probable es que para el otro año comience a estudiar en la universidad.

- Esas son buenas noticias, yo también tengo que contarte algo.

- ¡Uh! Ya quiero saber cómo te fue hoy.

- Conocí a un grupo de chicas que estoy segura de que te gustaría conocerlas, son todas una cerebritos y millonarias.

- Buena elección de amigas Rachel, solo espero que te hayan tratado bien y no con burlas.

- Te aseguro que me trataron bien.

- ¿algún chico? -

- Claro que no, aparte de que es el primer día de clase, no voy a estar buscando novio de inmediato, ¿por quién me tomas Gregory?

- No sé, de pronto te flechaste a primera vista y él también y se hicieron novios para vivir el resto de sus vidas felices.

- Estas equivocado querido amigo- no iba a contarle lo que había pasado con aquellos dos chicos con los cuales me tope, será para que Joey tome un vuelo de china a Nueva York y patearles el trasero.

Seguimos hablando durante hasta que llegó la hora de las clases de mandarín. El Jet lag comienza hacer efecto en mí, pensaba que mi cuerpo había superado aquello, pero veo que no, antes de irme a dormir tomó una ducha para dormir más relajada y así fue, al momento de colocar mi cabeza en la almohada no tardé en caer dormida.

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