ManoBook > Adulto Joven > No me llamo fea

   Capítulo 3 3 - ¿Pierre

No me llamo fea Por Marian Palabras: 19066

Actualizado: 2020-12-23 00:57


- Hola mama lamento no haberte llamado antes- estaba tan emocionada con todo este nuevo comienzo que me había olvidado por completo d marcarle a mi madre, obviamente al contestarme me regaño por haberla tenido preocupada por un día completo- he estado ocupada con las clases y re acomodar el departamento que me había olvidado por completo de mi teléfono. - Te perdono solo por esta vez, pero la próxima que me dejes en vela por no recibir una llamada tuya volare hasta Nueva York y te daré un buen jalón de oreja. - Tranquila mama, no lo olvidaré mas- le respondo- ¿Cómo esta papa? - Está trabajando, ya sabes, para mandarte un poco de dinero el otro mes. - Mama, sé que ustedes no quieren que yo trabaje mientras esté estudiando, pero va a ser necesario que lo haga, puedo conseguir un trabajo de medio tiempo y pode ayudarlo con los gastos. - Tu padre fue claro Rachel, tu solo encárgate de estudiar y todo estará bien. - Está bien mama, ya es momento de que cuelgue, estoy llegando a la universidad. - sí, me encontraba en subterráneo con mi teléfono en la mano sin miedo a que me robaran, no iba a ignorar la llamada de mi madre, y como ella lo dijo ahora mismo estaría volando a Nueva York. - Que Dios te bendiga hija, cuando llegue a tu departamento me llamas para saber cómo llegaste. - Hasta luego mama- cuelgo la llamada y de inmediato las puertas del vehículo se abren, salgo directo a las escaleras del Subway. Camino por los pasillos de la universidad buscando el salón que me correspondía, al igual que el día de ayer todos me miraban y murmuraban cosas, hoy me había decido por un atuendo más sobrio, un Jean que era dos tallas más grandes que la mía dejándome la libertad de caminar con comodidad, no podían faltar mis camisas, hoy opte por una blanca que al igual que el pantalón me quedaba ancha, en mis pies llevaba unas converse desgastadas y el mismo abrigo de ayer, hoy mi cabello si estaba desenredado y un poco húmedo porque decidí lavarlo por la mañana. Yo me sentía absolutamente cómoda con mi forma de vestir y mis padres nunca me obligaron a cambiarlo, sé que ellos respetan mis opiniones y mi actuar ya que nunca les he fallado como hija. Entro en al auditorio y esta vez me siento en unos de los puestos de adelante, el recinto lugar solo tenía tres personas contándome, me coloco los audífonos y espero por la llegada del profesor. Los minutos pasaron y poco a poco el lugar se fue llenando, las mismas caras de ayer entraban mientras le comentaban algo a sus compañeros, mientras yo, era aquella chica solitaria que nunca logro hacer amigos en el curso. Apenas esta primera clase termino, tuvimos que buscar otro salón en donde ese daría la segunda clase del día, el reloj marcaba las 10:00am, eso quiere decir que después de esta hora estaré completamente libre, y dispuesta a buscar un empleo para ayudar a mis papas con mis gastos. Ellos no deben porque saber que estoy trabajando, igual es algo que me beneficia a mí, porque así no tendré que estar pidiéndoles dinero para cosas que quiero comprar. Mis padres siempre han sabido que soy así, cuando era más pequeña le pedía a mi madre que prepara galletas para yo poder venderlas en la escuela, aquel negocio fue un rotundo éxito, los profesores me pedían galletas para sus hijos, en el recreo los niños me compraban galletas para y me resulto muy rentable hasta que entramos en secundaria, allí mi método fue diferente, aproveche el potencial que tenía para escribir, y comencé a producir ensayos, también hacia todo tipo de tareas pero lo mío siempre fue escribir. Hasta que mis padres se dieron cuenta de lo que hacía y me prohibieron hacer eso y ese fue el fin de mi negocio rentable, estoy segura de que muchos me odiaron después de eso. - Es la segunda vez que te veo en la semana y tu vestimenta de hoy está un poco más aceptable que la de ayer- era el chico que se había sentado a mi lado ayer, hoy su vestimenta no era para nada gótica, tenía una camisa blanca como la mía y un pantalón junto con unos caquis negros, no lucia para nada mal si les soy sincera. - deja de mírame así feíta y acomoda tus lentes que están a nada de caerse. Hago lo que él dice, muchas veces he pensado en colocarme lentes de contacto, pero les tengo un pavor, por temor a que se me queden detrás del ojo, también pensé en la cirugía, pero ¿y si quedo ciega? Mejor opto por mis gafas y no me molesta estar acomodándolas constantemente. - Mi día se acaba de dañar por completo- le digo, el chico rompe en carcajadas ante mi comentario. - En cambio, yo me alegro de verte, haces mis días más amaneo cuando te veo vestida como un payaso. - A lo largo de mi vida he aprendido a ignorar a personas como tú, que se creen superiores solo porque tienen un rostro bonito, pero por dentro tienen el alma podrida. - Lo siento me dormí a la mitad de tu discurso de superación personal. - bosteza como si se hubiera quedado dormido. - Contigo no se puede hablar- bufo. - por personas como tu es que esta sociedad no progresa. - No me interesa lo que digas, esa es mi forma de ser y no la cambiare nunca. - Gracias por dejarlo claro, aunque tampoco me interesaba saberlo. - ¡Dalton! – ambos subimos la mirada para ver quien lo llamaba. Era aquel chico con el que me choque ayer en los pasillos. - ¡No sabía que ahora te juntabas con vagabundos! - bajo la mirada de inmediato

- Es un programa de caridad que me encuentro haciendo- responde entre risas. Me alejo de él dejándolo completamente solo. No sabía porque as personas eran así conmigo, si me conocieran como lo hizo Joey se darían cuenta que soy una gran persona, que soy chistosa, amable, incluso hasta un poco fiestera, pero nadie me da la oportunidad de demostrárselo y debo vivir con esa visión que tienen. Entro al salón en el que tenía clase, quería salir lo antes posible de este lugar que cada vez me decepciona más. Esta vez me siento en uno de los asientos de adelante para estar más atenta al profesor y no perderme ningún detalle de lo que mostrara en la presentación y de lo que decía. - Sabes que no era necesario que te enojaras- coloco los ojos en blanco cuando lo escucho, el tal Dalton caminaba con elegancia hasta donde yo me encontraba. - Si sigues siguiéndome creeré que me estas acosándonos- respondo. - Ya quisieras tú, pero para tu suerte también estaremos juntos en esta materia- se sienta a mi lado. - Sabes- me remuevo en la silla para mirarlo frente a frente. - el auditorio es bastante grande en donde te puedes sentar en cualquier lugar. - Lo sé, y escojo sentarme a tu lado- sonríe- el profesor que dicta esta materia le gusta que sus alumnos trabajen en parejas, tú serás la mía. - Pues yo no quiero ser tu pareja, hay más de 40 estudiantes de donde escoger. - y ¿con cuántas hablas? A parte de mi claro. - Es el segundo día del semestre, todos apenas se están conociendo. - Te aseguro que desde las inducciones que impartió la universidad los grupos de amigos están formados y tu...pues no te veo con nadie más. - Yo no vine a las inducciones- respondo. Si lo que él dice es real lo más probable es que pase un semestre o el resto de mi carrera universitaria sola. - Ese fue tu primer error, pero aquí estoy yo para salvarte de la miseria. - Tú no estás en nuestro semestre, solo eres un repitente de materias. - Tienes razón, pero este repitente tiene una buena reputación y te puede ayudar a formar un círculo social. - No te necesito Dalton- no quería volver a repetir lo que sucedió en la escuela, muchas chicas se acercaban a mí con el fin llegar a Joey, era simplemente un objeto del que después desechan como si nada hubiera sucedido. - Esta bien- levanta sus manos al aire- no insistiré más, pero déjame decirte que mi propuesta seguirá en pie. El profesor entra con imponencia al auditorio, donde antes había un bullicio todo quedo en silencio al verlo de pie frente del podio en donde miraba todo el lugar como si estuviera escaneando los rostros de cada quien, hasta detenerse en Dalton, el chico levanta una de sus cejas cuando profesor no deja de verlo. Definitivo era un petulante de primera mano. - Me llamo James Smith y seré su profesor de literatura clásica 1 y en total son 4, eso quiere decir que si llegan a pasar esta materia nos seguiremos viendo 4 semestres más, será normal que les caiga mal, tengo ese efecto en las demás personas y déjenme decirles que me da absolutamente igual. Segundo día de semestre y ya sé quién es el profesor que se hace tomar fastidio, pero a decir verdad el lucia bastante joven, le colocaba unos 30 años, era alto y diría que medía 1.90, era guapo con un perfil bastante simétrico sin rozar lo perfecto, no alcanzaba a divisar el color de sus ojos, pero parecían ser café y ni hablar del porte de elegancia que maneja el profesor James. - Estas babeando- escucho como susurran a mi lado- deja de hacerlo o inundadas el auditorio. Llevo mi mano a la boca para evitar que Dalton me siguiera viendo, pero cuando la coloque sentí algo húmedo, lo que decía el maldito era real, estaba babeando por el profesor James. - Deja de ver cada error que cometo- Susurro mientras retiro la mano de mi boca. - Es inevitable, eres un desastre andante. - No me interesa, solamente déjame en pa... - Señor Pierre y compañía ¿tienen algo que aportar? ¿Quién era Pierre? y porque el profesor le llamaba la atención, volteo con cautela para ver quién era el sujeto, pero todos miraban en nuestra dirección- también es con usted señorita... - Bundy- respondo con timidez, aquel hombre emanaba terror.

- Señorita Bundy, ¿tiene algún aporte para la clase? - No era mi intensión interrumpir su discurso. - Es que nunca es la intensión de nadie hacer nada, pero aquí estamos hablando de su interrupción. - Le prometo que no volverá a suceder de nuevo. - Claro- responde sarcástico- siguiendo con lo que les estaba diciendo antes de la interrupción de la señorita Bundy es que estos son los porcentajes con lo que los evaluare. - Dejo de escuchar al profesor para mirar enojada a Dalton Pierre, por su culpa me habían regañado delante todo el auditorio y ahora el profesor me odiaba con todo su ser. Puede que exagere, pero es así como se siente. La clase se da por finalizada, el día de hoy solo se dedicó a darnos una introducción al contenido de las unidades que veremos durante cinco meses. Salgo disparada como una bala fuera del auditorio, no quería ver a Dalton ni en pintura. Coloco mis audífonos y le doy reproducir a mis canciones, iba rumbo a la salida de las grandes instalaciones cuando tocan mi hombro, me doy la vuelta para encontrarme con Millie. Ella era una chica baja, de cabellera larga y de tez trigueña, sus ojos eran grandes y mieles que la hacían lucir adorable, pero lo que más llama la atención de ella es su hermoso acento británico, podía escucharla hablar durante horas solo por su acento. - ¡Hola Rachel! Te estábamos gritando desde lejos hasta que notamos que tenías los audífonos puesto y pues como no teníamos tu numero corrí hasta aquí- habla tan rápido que no alcance a comprender lo que me quiso decir. - Tranquila Millie, respira que estas un poco agitada. - Con esta maratón me di cuenta que debo comenzar hacer ejercicio. Rio ante su comentario, no la conozco muy bien, pero a simple vista ella no necesita hacer ejercicio porque tiene un cuerpo de muerte. - Las chicas y yo queremos que te nos unas a nosotras para ir a tomar un café ¿Quieres? Ellas eran las únicas que se me habían acercado a mi sin tener ningún propósito en manos, o eso creo yo. - Me encantaría- una sonrisa ilumina su rostro ante mi respuesta. - Entonces vamos, las chicas nos esperan en el estacionamiento- Millie me lleva casi que arrastras por toda la universidad, no muy lejos pude divisar a las chicas hablando acerca de algo. Aiko nos ve y agita sus manos al aire para saludarme. - Caminas muy rápido mujer- dice la asiática. - Lo siento estaba ansiosa por alejarme de uno de mis compañeros de clase. - ¿Te está acosando? -esta vez habla Eva, ella era la más alta de nosotras, sus piernas largas eran hermosas y eran dignas de una portada de revista, Eva es blanca, muy blanca con ojos color aceituna y una hermosa cabellera ondulada rojiza. Toda una belleza exótica, lucia como la princesa Mérida de Valiente. - Diría que sí, él no está en nuestro semestre, es repitente de dos materias, pero cada vez que me ve se ríe de mi vestimenta. - ¿Cómo se llama? - la que pregunta esta vez es Alexandra, ella luce muy... gótica, las dos veces que la he visto su ropa siempre es negra, y de compañía su cabellera igual de negra, su tez también era blanca pero no tanto como la de Eva y sus ojos eran café oscuro. - Dalton Pierre. - Claro que debía ser el-Bufa Millie.- Dalton es un abusivo junto con su grupito de mami y papi. - Es cierto- dice Eva-absolutamente todas hemos recibido críticas de su parte y la de sus amigos de pacotilla. - Y según ellos nosotras somos el cuartel de las renegadas adineradas. - informa Aiko- Lo peor de todo es que mi padre es socio del padre de Dalton y siempre lo tengo que ver en los eventos sociales. - No te quejes, la única que se salva de no verlo en los eventos es Rachel ya que es nueva-le dice Alexandra. - Pues yo ya estoy harta de verlo en clases. - Creo ya me rasque el odio lo suficiente- las 5 nos asustamos al ver a Dalton. - ¡¿Eres acaso un maldito ninja?! - pregunta Aiko llevándose las manos a su pecho- perdí 10 años de mi vida en menos de un segundo. - Pero miren nada mas- a nuestra derecha viene el chico de ayer junto con dos chicos más. -el Cuartel de las renegadas y su nueva integrante. - ¿No tienen nada mejor que hacer? - les pregunta Millie enojada. - Para tu suerte y para descansar nuestros ojos de tanta fealdad ya nos vamos. - La de mora los perjudica hermanito- Abro los ojos sorprendida al escuchar aquella confesión por parte de Millie. - Tu y yo no somos hermanos, el hecho de que mi padre se haya casado con tu madre no quiere decir que tengo que tolerarte. - ¿Entonces qué haces aquí? - casi me rio a carcajadas ante aquella derrota, pero tape mi boca a tiempo para no explotar

- Lo dejaste tendido en la lona, ya no lo golpees más, tu eres la ganadora-Eva abraza a su amiga como si eso evitara una pelea. - No quiero seguir perdiendo mi tiempo, tenemos muchas cosas que hacer para la fiesta de viernes, ahora, si ustedes me dan permiso yo puedo sacar mi auto del estacionamiento. - Dalton se notaba un poco cabreado. Las cinco nos hacemos a un lado y dejamos que Dalton saque su hermoso auto del estacionamiento, no sabía que marca era, pero lucia bastante lujoso. Sus tres amigos suben al auto dejándonos completamente solas. - No sabía que él era tu hermano, me tropecé con el ayer y terminé en el suelo mientras él estaba enojado por haberle tirado café en su suéter de mil dólares. - Justin McGregor es un estirado de la clase alta, y no es mi hermano, es mi hermanastro. - Mejor dejemos de hablar de ellos y vayamos a Starbucks por café- interviene Eva. - Eva tiene razón, ahora suban al auto. - nos subimos al auto de Millie y emprendemos el viaje hacia la cafetería. - Dinos Rachel ¿de qué parte del mundo vienes? Se nota que no eres estadounidense- pregunta Aiko desde el asiento del copiloto. - Soy de Colombia- trato de vocalizar bien el nombre del país, ya que muchas veces tienden a confundirla con Columbia. - ¿Por qué lo dijiste de esa manera? - pregunta Eva, la chica tenía en ceño fruncido. - Muchas veces tienden a confundir Colombia con Columbia. - Tiene razón, suenan muy parecido y cualquiera puede confundirse- dice Millie mientras gira por una calle. - ¿Qué opinaron tus padres cuando les dijiste que te vendrías a NY? - ayer cuando vi a Alexandra se notaba muy silenciosa y calculadora, pero ahora estaba muy interesada por platicar. - Nunca me visione estudiando en mi país, aunque hay universidades buenas, yo sentía que mi destino era estudiar otro país, cuando me gane la beca para estudiar en la universidad fue el día más feliz de mi vida, y cuando le conté a mis padres, al principio dudaron, pero al poco tiempo entendieron que era lo mejor para mí. - Eso es genial, mis padres solo pagan el semestre y listo, no les interesa como voy o si perdí alguna materia- soltó Aiko, mientras se gira para veme. - Aun no entiendo porque tus padres pasan todo el tiempo en el trabajo. - habla Eva haciendo movientes en sus manos- si son los multimillonarios más grandes de toda Nueva York- fue inevitable no abrir los ojos como un búho ante aquella confesión. - Ya sabes cómo son los japoneses, la disciplina es una de sus leyes de vida, si algo sale mal sienten que perdieron todo el trabajado de su vida. - Aquello no tiene coherencia si tienen para vivir esta vida y la otra- sigue comentando Eva. - Pues son cuestiones de ellos, yo si gozare mi juventud y no matare mi cabeza en la empresa familiar. - ¿Cuál es la empresa de tus padres? - la curiosidad mato al gato y realmente quiera saber cuál era la empresa. - ¿Ubicas el Bitcoin? - Santa madre de Dios- solo logro murmurar eso, estaba en frente de la hija de uno de los hombres más poderos del mundo y no lo podía creer. - La misma reacción tuvieron ellas- señala a la chicas- nunca me ha gustado decir quien es mi padre porque siempre se acercan a mi porque creen que tendrán dinero virtual, las chicas se enteraron dos años después. - Esperen- no tenía ni la más remota idea de cuantos años tenían- ¿Cuántos años tienen? - Yo tengo 21- responde Millie. - Yo igual- le sigue Aiko. - Y nosotras dos- señala a Alexandra y luego a ella- tenemos 20, ¿tu cuantos tienes? - Dios, soy la menor de todas- solté- tengo 18 pero dentro de tres meses cumplo los 19 años

- Llegamos. El auto se detiene en frente de un lujoso Starbucks, descendemos del auto y entramos al local, en el lugar solo había gente ejecutiva, con sus trajes impecables sin ninguna arruga o mancha. - ¡Chicas! – del otro lado del mostrador se encontraba un chico con una enorme sonrisa dibujada en su rostro. - Vamos Rachel- había quedado tan embelesada con el lugar que me quedo pegada al suelo, sus pisos se veían tan limpios que me dio miedo ensuciarlo. - Es hermoso- susurro, mientras camino hasta donde se encontraban las chicas. - Es uno de los Starbucks más lujosos de Nueva York- me informa Eva, tomando mi brazo para cruzarlo con el de ella- y él es Donovan, nuestro mejor amigo- dice cuando estamos en frente del chico. - Hola, supongo que tú eres Rachel la nueva integrante del clan- su sonrisa no se había borrado por nada del mundo. - las chicas ya me dijeron que fuiste a la guarida. - Sí, soy Rachel- respondo con amabilidad, el chico lucia muy tierno y no quería ser fría como un Iceberg

- Hasta ahora me entero de que en Starbucks atienden forasteros- coloco los ojos en blanco al reconocer aquella voz que ya me estaba comenzando a fastidiar, se nota que carece de modales cuando esta con otras personas. Ni siquiera volteare a ver su estúpida cara porque también ya me estaba cansado de verla a cada lugar al cual voy.

(← Acceso rápido del teclado) Anterior Contenidos (Acceso rápido del teclado →)
 Novels To Read Online Free

Escanea el código para descargar la aplicación Manobook.

Subir

Compartir