ManoBook > Cuentos > Holt

   Capítulo 1 Sinopsis y capítulo 0

Holt Por Elizabeth R Palabras: 4344

Actualizado: 2021-01-03 09:32


***SINOPSIS***

Alexa Carson, heredera del imperio creado por su padre, se encuentra frente a una muralla como obstáculo cuando su marido desaparece misteriosamente, en circunstancias poco claras, dejándola a cargo del negocio familiar.

Acosada por sus accionistas y denigrada por sus pares, sabe que algo anda mal; ¡un avión no puede desaparecer del radar tan fácilmente!

Cuando sus dudas la llevan a sospechar de una desaparición voluntaria, Alexa decide contratar a la única persona capaz de ayudarla: Sebastian Holt; un mercenario de las Fuerzas Especiales Británicas.

⚜⚜⚜⚜⚜⚜Mi mente está luchando, pero yo ya me he rendido físicamente en sus brazos; me he doblegado bajo el agresivo e incesante asalto de Sebastian Holt, gimiendo en su boca. Sus grandes manos están rodeando mi cuello y mi cintura, quitándome cualquier escape mientras me dobla a su gusto. Mis curvas están apretadas contra los ángulos duros de sus firmes músculos.

Pronto me inmoviliza contra una pared fría, y su poderoso cuerpo se presiona contra el mío. Su palma ardiente se eleva sobre mi vientre hasta que me agarra un seno, y al retroceder para mirarme, lo tanteo largamente, él está totalmente impasible mientras yo jadeo.

Un fuego líquido se derrama en mis venas cuando pasa mi pezón entre sus dedos. Un destello de deseo me retuerce desde dentro. Sin aliento, me inclino hacia adelante, con ruegos escarbando en mis labios.

Holt se burla, sacudiendo la cabeza. Me estremezco. Mi piel arde bajo el peso de su mirada ahora oscura. Contengo la respiración, esperando el próximo toque. Pero nada viene, peor aún, el mercenario da un paso atrás, y sus dedos dejan mi carne. ⚜⚜⚜⚜⚜⚜

Esta historia es un romance oscuro militar de tono SUPER maduro. Espero que la disfrutes u.u

***CAPÍTULO 0***

Alexa POV

Alexa POV

Estando al borde del abismo, me agarro del filo del fregadero, y sostengo un grito de rabia; los vecinos no deben oírme. Alteraría sus pequeñas y ordenadas vidas. ¡Dios, cómo los envidio!

De pie frente al espejo, se encuentra la catastrófica caída de mi supuestamente perfecto matrimonio. Perfecto, toda mi vida está marcada por esa palabra: uñas perfectamente a

rregladas, maquillaje perfectamente ordenado, traje perfectamente planchado…

Esta perfección me enferma.

Es un recordatorio constante de las elecciones que he tomado, y que me han traído hasta aquí.

Cuando finalmente levanto la cabeza, suspiro largo y tendido, mientras veo que se han formado ojeras bajo mis ojos, y mis prolijos rasgos están desdibujados. ¿Cómo podría ser esto de otra manera?

Durante tres semanas he estado haciendo el papel de viuda afligida mientras manejo el bebé de mi difunto padre: Carson Enterprise.

Bueno, no soy una viuda afligida totalmente…

Mi matrimonio ha estado en la cuerda floja durante varios meses, y mi esposo, el CEO de mi compañía, no ha hecho nada en estos meses para mejorar la situación. Y ahora no da ninguna señal de vida después de la misteriosa desaparición de su vuelo comercial a Cuba.

Deja de pensar en él, Alexa. No es momento de flaquear…, me dice una voz en mi cabeza y decido hacerle caso.

Me ato mi cabello rojo en un moño bajo y apretado, y observo que maquillarme el rostro hoy va a ser más que necesario si quiero verme perfecta a los ojos de los accionistas. Estos buitres no andan con rodeos, y tengo que estar preparada para recibir sus golpes sin vacilar. Como lo haría un CEO decente. Pero… usar esta máscara una y otra vez me agota y me hace sentir hastiada.

Cuanto más tiempo pasa, más ganas tengo de tirarla al suelo y pisotearla.

Pero tengo que seguir usándola, por la prosperidad de la Empresa Carson, por mi padre, por el honor de mi familia. Así que me pellizco los labios antes de aplicarme un pintalabios rosa, "el tono perfecto para una perfecta empresaria", dijo la vendedora.

¡Qué tontería! Esta empresaria solo quiere encontrar al hombre que le puso el anillo en el dedo y darle muchas bofetadas, o incluso, un buen derechazo…

En cuestión de minutos, me he puesto el traje y me veo impecable, ideal para la reunión que estoy a punto de enfrentar. Me tomo unos momentos más, con la mano en el pomo de la puerta, para recuperar el control completo de mí misma y adoptar una actitud adecuada a mi papel.

Doy una última mirada al espejo antes de tirarme a la boca del lobo.

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