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   Chapter 5 -Capítulo 4

Holt Por Elizabeth R Palabras: 6390

Actualizado: 2021-01-05 04:29


Alexa POV

Con un vaso de whisky en la mano, escruto meticulosamente a los clientes del bar. A esta hora son solo un pequeño puñado, la mayoría clientes habituales, pero no puedo evitar pensar que el Sr. Holt podría ser uno de ellos.

Con los ojos arrugados por la concentración, miro a cada uno de los hombres sentados en las diferentes mesas, lista para encontrar a mi futuro empleado.

Demasiado gordo.

Demasiado delgado.

Demasiado mayor.

Demasiado joven.

No, no hay rastro del hombre grosero.

Pero, después de todo, ¿cómo puedo estar segura de quién es él? No sé cómo puede verse un mercenario. Hasta ahora, mi investigación se ha basado solo en mi angustia secreta y en la media docena de películas de acción que he visto.

Sí, un cliché medir a personas reales con actuaciones inverosímiles… Pero es lo que hay.

Espero a un hombre gigante con rasgos toscos, con cicatrices desde la punta de la cabeza hasta la punta de los pies, una gran barba y un aspecto oscuro.

Estoy avergonzada de mi ideal de mercenario.

Decido que debo dejar de preocuparme y tratar de pensar un poco más metódicamente. Pero, sobre todo, tengo que desahogarme antes de empezar a correr como un pollo sin cabeza.

Con dedos temblorosos, me llevo el vaso a los labios, jurando entre los dientes mientras un fino chorro de líquido ámbar rueda por mi barbilla.

Rápidamente deslizo mi dedo índice por la garganta, recuperando el exceso antes de meterlo en mi boca.

Pero, miro más abajo, y veo que mi imagen perfecta, ya es un fracaso. Una multitud de pequeñas manchas colorean el cuello blanco nacarado de mi traje.

No es que me imaginara que podría impresionarlo con unas pocas telas lujosas, solo que no sabía qué ponerme y me puse esto. Por lo poco he reunido sobre él, el Sr. Holt es un antiguo SAS, una fuerza especial militar particularmente feroz en Inglaterra. Él no es del tipo que reconoce un Chanel a simple vista, y peor aún de llevar traje.

A pesar de mi investigación, no logré encontrar ni una foto suya, lo que ha alimentado mi angustia a niveles estratosféricos. ¿Es siquiera real? ¿O Sebastian Holt es solo un falso, listo para extorsionarme por unos cuantos millones?

Mi frustración aumenta un poco cuando miro mi reloj.

13:29pm.

¿No se supone que un soldado es puntual? Con un gesto de enojo, golpeo con mis uñas la madera lacada del bar, atrayendo los ojos negros de dos o tres clientes habituales.

¡Al diablo con ellos!

Tengo mejores cosas que hacer que jugar a la mujer sumisa y disculparme. Me quedan aproximadamente cuarenta segundos antes de que llegue mi salvador o destructor, y tengo que prepararme psicológicamente para eso.

La campana que cuelga sobre la puerta del restaurante suena cuando se abre la puerta. Me doy la vuelta en mi silla como un adolescente demasiado curioso, pero lo que veo es a una pareja de ancianos que entran en el restaurante. Una mirada más a mi reloj me baja el ánimo al piso: 1:30pm, nadie vendrá.

Con un suspiro, me instalo correctamente en mi mesa y tomo un sorbo de whisky, y veo que estoy a punto de terminar mi bebida, por lo que decido que cuando la acabe me iré a casa.

Después de todo

, no fue tan malo después de todo venir aquí…, me digo en mis adentros.

No es como si esperaba que apareciese, todo sonrisas y listo para ayudarme.

—Hola, Sra. Carson.

Sorprendentemente, escupo todo lo que tengo en la boca, rociando generosamente al hombre que se ha sentado frente a mí.

¡Mierda!

Holt tiene la palabra "mercenario" grabada en su frente, pero "mercenario divino"; es enorme y llena todo mi campo de visión con sus amplios hombros.

No, su piel bronceada está marcada, pero con pocas cicatrices, unas cuantas en sus manos y una en su mejilla izquierda que parece que fue un corte profundo, parcialmente oculta por su gruesa barba café oscuro.

El contorno de sus ojos azules se arruga cuando aprieta los dientes, debido a que su cara está cubierta de gotas de whisky. Algunas de ellas incluso corren a través de su barba estilo medio.

Es el cliché perfecto y divino de mercenario.

—Tenía razón —susurro, con los ojos bien abiertos.

Sebastian Holt levanta una ceja antes de pasarse el antebrazo por la cara. Aparentemente, las toallas no son lo suficientemente varoniles. Ante su mirada amenazadora, me acurruco ligeramente en mi asiento. Solo me toma un segundo para recomponerme y levantar con orgullo mi barbilla, pero veo que se dio cuenta de mí quebrante momentáneo.

De hecho, parece ser el tipo de hombre que no se pierde nada, el tipo que puede derribar a un enemigo sin pestañear mientras el mundo explota a su alrededor.

De repente, la diferencia entre él y Finn me golpea. Pero decirlo obviarlo. De todos modos, lo necesito para encontrar a mi marido.

—¿Así que soy lo que esperaba?

Sábanas de seda, silenciosos murmullos de amantes, cuerpos resbaladizos, placer delicado… No, su voz ronca, tan profunda resuena en mí como los tambores de guerra, evoca en mí una cogida tórrida y rápida, y un orgasmo de increíble intensidad.

Por una vez, bendigo mi rígida educación y la facilidad con la que puedo permanecer impasible. Desafortunadamente, no puedo controlar completamente las reacciones de mi cuerpo, y siento que mis mejillas arden horriblemente.

—Yo, eh… yo, eh… ¡Tengo que ir al baño!, si me disculpa.

—Ok —susurra Holt, detallando mi cuerpo mientras me pongo de pie con una sonrisa burlona en mi cara.

Los baños no están lejos de la cocina, y lo que es más importante, están al lado de la puerta trasera, donde los empleados se escabullen para fumar en secreto. Con el bolso al hombro, intento mantener una apariencia natural y un andar fluido, pero tan pronto como estoy fuera de alcance, me apresuro a la salida secreta, respirando el aire caliente de la costa australiana.

Con los dedos sobre las rodillas, me enderezo lo suficiente para abrir mi blusa, con la espalda apoyada en la puerta. Como si unos pocos botones menos ayudaran a mis pulmones a absorber más oxígeno.

—¿Qué le pasa, Sra. Carson?

Me doy la vuelta, para enfrentarme a un tranquilo Sebastian Holt tirado contra la pared, a unos pasos de mí, y no lo vuelvo a escuchar. Obviamente llegó aquí en segundos y sigilosamente porque no escuché sus pasos.

¿Qué demonios es todo esto?

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Se está prendiendo esto😊

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