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   Capítulo 5 Pánico

El Ceo que no quería amar Por Ana Martinez Palabras: 8523

Actualizado: 2021-01-06 23:54


Seis de la mañana, suena el despertador. Camino hacia la habitación y lo apago, no sé porqué la sigo programando si siempre me despierto antes de que suene. Me visto con ropa deportiva, bajo al gym hoy tocan pesas. Mientras hago mi rutina escucho las noticias, financieras, internacional y nacionales, llegan los espectáculos, he terminado.

Tomo el móvil y veo los correos, los ordeno por importancia, luego paso al calendario veo lo que tengo que hacer hoy y la leyenda "Comida con los Carter Blossom" es lo único que hay en el calendario, lo demás, ofician. Paso a los mensajes y veo los de Vivianne.

VIVIANNE: Buenos días Señor Valois. El señor Carter Blossom acaba de llamar para posponer la comida de hoy, él y su esposa deben viajar a Nueva York. Programarán a su regreso.

―Seguro debe ser por su hijo, es una pesadilla.― Murmuro.

VIVIANNE: ¿Latte o Espresso?

VIVIANNE: La junta con los socios se programó para mañana a las 9:00 am ¿lo cambio en su agenda?

―De pronto mi día cambió por completo, me molesta un poco.― Digo en voz alta mientras entro a mi piso y las luces se encienden.

QUENTIN VALOIS Dile a los Carter Blossom que los veo en Nueva York, me urge cerrar ese contrato, que te digan día y fecha y ahí estaré, programa el avión, espresso ya no deberías preguntar eso y dile a los socios que es hoy a las 4:00 pm o nada, no tengo tiempo para regalarles. Contesto rápido, aviento el móvil a la cama, me desvisto entro a la ducha. El chorro de agua caliente quema mi piel, no me importa, me gusta sentir el mismo calor de el infierno en el que estoy viviendo mientras me enjabono. Aguanto lo más que puedo hasta que siento el dolor de cabeza y la quemazón en mi piel, cuando sé que es suficiente salgo de ahí, me envuelvo la toalla en la cintura voy al espejo y me arreglo la barba.

―Soy un idiota.― Vuelvo a murmurar y esta vez me quedo pesando frente al espejo―¿Yo insistí?

Termino de arreglarme, voy al armario y saco un traje negro, lo pongo sobre la cama tomo el móvil y vuelvo a leer el mensaje que dejé pendiente ayer.

NÚMERO DESCONOCIDO: Y ahora ¿Quién es el que insiste?

―Deja de jugar el adolescente.― Me regaño.― Ni siquiera sabes quién es.― Borro el mensaje y vuelvo a poner el móvil sobre la cama, me visto, me echo loción, tomo mi cartera, mi móvil y salgo de la habitación. Me encuentro a Nora de frente.

―Buenos días Señor Valois.

―Buenos días, te pido que me hagas una pequeña maleta con dos cambios y la dejes lista al lado de la puerta, viajaré a Nueva York.

―Sí señor Valois.― Contesta y sin decir nada más se va a hacer sus deberes. Bajo al lobby y en seguida mi chofer abre la puerta de la camioneta.― Buenos días, señor. ―Buenos días, a la oficina. ― Sé que todos los días le digo lo mismo pero me gusta tener Constancia y me subo para seguir viendo los correos en mi móvil.

Unos momentos después, bajo en frente de mi edificio y sin decir ni una palabra entro. Subo solo en el elevador y llego al último piso donde al abrirse las puertas de éste Vivianne me espera con un el espresso en las manos y un croissant. ―Quédate el croissant, no sé porque insistes en traerme uno siempre.

―Porque quiero que desayune señor, un espresso en ayunas le pasará factura pronto.

―A ti no te importa si me pasa factura o no... no vuelvas a traerlo.― Expreso en un tono de amargura.

Ella sonríe y tira el croissant a la basura.― La junta con los socios se pudo cambiar a las dos de la tarde ¿está bien?

―Da igual, con que sea hoy.― Le comento y entro a mi oficina, me tomo de un sorbo el café y tiro el vaso. Me siento y prendo el ordenador, Vivianne sigue de pie frente a mi.― Continúa.

―Es que ya no tiene nada más en su agenda.

―¿Cómo?

―Pues, ya no tiene nada más en su agenda, básicamente era todo.

De pronto un ataque de ansiedad empieza en mi, pero me controlo. Soy el CEO De una gran empresa no puedo dejar que mis empleados me vean cayendo el pánico.

―Vete, si te necesito te llamo.―Le digo y ella se da la vuelta y sale del lugar

Me pongo de pie inmediatamente y me desato el nudo de la corbata, me volteo hacia los ventanales, recargo mi mano sobre uno mientras trato de respirar. Mi rutina se ha salido de control, necesito una rutina para sobrellevar el día.

―Respira,

respira, respira.― Me repito mientras siento que pierdo el control. Cierro los ojos y el accidente vuelve a pasar por mi mente, Nadine, mis hijos, la nieve, todo vuelve y yo sólo quiero tirarme al suelo y llorar. ― Vamos Quentin, vamos, vamos vamos ¡Contrólate carajo! ― Grito y recargo mi otra mano sobre el ventanal para aferrarme al vidrio resbaladizo.

Poco a poco se va pasando, tiemblo como un niño asustado pero logro sentarme de nuevo y recargarme sobre la silla. La imagen de mi esposa y mis hijos aparece.

― Buenos días mi amor... hoy es otro día de mierda.― Le hablo y después acaricio a mis niños con las manos sudorosas de lo que acaba de pasar.

Tomo un sorbo de agua y cuando sé que todo pasó me pongo a trabajar. Veo los resúmenes, las anotaciones, los cambios y reviso los correos ya clasificados, los contesto y cuándo me doy cuenta es hora de ir a la junta directiva. Me pongo de pie, tomo mi móvil y me dirijo hacia allá, al llegar sólo veo a Vivianne y a uno de los asistentes de abajo coqueteando en la entrada.

―¡Señor Valois!― Expresa alarmada.― Se ve pálido... ¿se siente bien?

―Sólo dile al chofer que se prepare para salir cuando termine esto ¿Quieres? Hoy me iré temprano a mi piso.

―Sí señor.

Ella se va, entro a la sala y me siento en el lugar de siempre. Abro la carpeta con la orden de la junta y luego saco mi móvil, voy hacia los mensajes borrados y leo.

NÚMERO DESCONOCIDO: Y ahora ¿Quién es el que insiste?

Me quedo viendo a la pantalla como si estuviera hipnotizado y con precaución comienzo a mover mis dedos.

QUENTIN VALOIS : Buenas tardes, si quieres ya no insisto.

Pero no presiono el botón de enviar―¡Qué idiota! ― Murmuro y dejo sin enviar el mensaje.

Todos mis socios entran y guardo el móvil en la bolsa adentro de mi saco y me dedico a lo mío, a mis cuarenta años no tengo tiempo de mensajitos como si estuviera en el bachiller, ni cuando estudiaba lo hice.

Termina todo, me levanto sin decir más, escucho que mis socios murmuran atrás de mí. Lo sé, he cambiado y me creen loco y amargado, no me importa, desde hace cuatro años no presto atención. Vivianne se acerca.

―Hasta mañana Señor Valois cualquier cosa me quedo al pendiente.

―Eso espero, no permitas más cambios.― Hablo y me subo a la camioneta para regresar a mi piso, algo muy raro porque no suelo hacerlo tan temprano, pero no quiero tener otro ataque de ansiedad en mi oficina y que todos los noten.

Entro al edificio, veo a Nora que corre a su habitación tan solo me ve entrar y cuando cierro la puerta de mi habitación me aflojo de nuevo la corbata y comienzo a respirar agitado. La ansiedad llega, y esta vez me puedo dejar llevar porque no tengo a nadie alrededor. Mi cuerpo tiembla, mis manos sudan, ciento que el corazón se me sale del pecho y esta vez siento que si voy a morir, por lo que me tiro sobre la alfombra y dejo que todo fluya.

―Voy Nadine, ya voy.― Murmuro mientras mi brazo izquierdo se entume.― Un poco más, un poco más... ― cierro los ojos para sentir todo.

Quiero sentir, hace mucho que no siento nada, quiero sentir algo, dolor, angustia, algo... quiero sentir algo. Abro los ojos y mi habitación está a obscuras, me levanto, el pánico se fue y yo me quedé dormido. Tengo la boca seca, la camisa empapada de sudor y el estómago revuelto. Me pongo de pie para cambiarme e ir a la cocina por agua. Veo el montón de correspondencia y papeles que hay sobre la mesa de la sala. Vivianne ya estuvo aquí y como todas las tardes hizo su trabajo. Es buena, la aprecio, debería ser mejor jefe, pero no lo soy.

Me sirvo un vaso con agua, me siento en la sala y prendo la televisión en las noticias para que haga ruido. Tomo el primer sobre, lo abro y lo leo, hago lo mismo con el segundo hasta que llego al tercero y me pongo de pie por un vaso con whisky. Sí lo sé, alcohol y los ataques de pánico no van juntos, pero no me interesa, lo necesito. Regreso hacia el sofá tomo el cuarto sobre y de pronto veo mi móvil, lo levanto y voy hacia el mensaje y lo leo en voz alta.

QUENTIN VALOIS: Buenas tardes, si quieres ya no insisto.

Suspiro. Lo vuelvo a dejar. Tomo otro sorbo veo el sobre lo dejo y vuelvo al móvil. Borro el mensaje y sintiéndome como un idiota escribo.

QUENTIN VALOIS: ¿Hola?

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