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   Clásico 4 No.4

El profeta Por Kahlil Gibran Palabras: 7637

Actualizado: 2018-11-14 00:03


Pero la vergüenza fue su telar, y el ablandar de los tendones su hilo.

Y cuando su trabajo se acabó él se rió en el bosque.

No olvides que la modestia es un escudo contra el ojo del no limpio.

Y cuando jamás hay los no limpios, ¿qué será la modestia sino un grillete y un ensuciamiento de la mente?

Y no olvides que la tierra se goza de sentir tus pies descalzos y los vientos añoran jugar con tu pelo.

Comprando y Vendiendo

Y un comerciante dijo, «Háblenos de Comprando y Vendiendo».

Y él contestó y dijo:

A ti la tierra cede su fruta, y nunca te faltará si sabes cómo llenarte las manos.

Es por intercambiar los regalos de la tierra que hallarás la abundancia y estarás satisfecho.

Pero a menos que el intercambio sea con el amor y la justicia amable, los llevará a algunos a la avaricia y a otros al hambre.

Cuando están en el mercado y Uds. los trabajadores del mar y del campo y de las viñas se reunen con los tejedores y con los alfareros y con los recogedores de especias,

Invoquen entonces el espíritu maestro de la tierra, para que venga entre Uds. y bendiga las escalas y los cálculos que comparan valor con valor.

Y no dejen que los con manos baldías participen en sus trueques, los que venderían sus palabras por el trabajo de Uds.

A tal hombre debes decir:

«Ven con nosotros al campo, o ve con nuestros hermanos al mar y echa tu red;

Porque la tierra y el mar serán generosos a ti como lo son a nosotros».

Y si vienen los cantantes y los ballarines y los tocadores de flauta - compra también los regalos suyos.

Porque ellos también son recogedores de fruta y de incienso, y lo que ellos traen, aunque fabricado por sueños, es ropa y comida para tu alma.

Y antes de salir del mercado, ve que nadie ha salido con manos vacías.

Porque el espíriu maestro de la tierra no dormirá tranquillamente en el viento hasta que las necesidades de los menos de Uds. estén satisfechos.

El Crimen y el Castigo

Y uno de los jueces de la ciudad hizo paso adelante y dijo, «Háblenos del Crimen y del Castigo».

Y él contestó diciendo:

Es cuando tu espíritu vaga en el viento,

Que tú, solo y sin protección, les cometes un mal a otros y por eso a ti mismo.

Y por ese mal cometido tienes que tocar a la puerta de los bendichos y esperar por un rato sin que te hacen caso.

Como el océano es tu dios-mismo;

Se queda siempre no profanado.

Y como el éter levanta sólo a los alados.

Hasta como el sol es tu dios-mismo;

No sabe las formas del topo ni busca los agujeros del serpiente.

Pero tu dios-mismo no habita solo en tu ser.

Mucho que está adentro de ti todavía es hombre, y mucho adentro de ti ya no es hombre,

Sino un pigmeo amorfo que anda dormido en la neblina buscando su propio despertar.

Y acerca del hombre dentro de ti ahora hablo.

Porque es él y no tu dios-mismo ni el pigmeo en la neblina quien sabe el crimen y el castigo del crimen.

Muchas veces les he oído hablar de uno que comite un mal como no fuera uno de Uds., sino un desconocido y un intruso en su mundo.

Pero digo yo que aun como los santos y rectos no pueden subir más allá de lo más alto que está dentro de cada uno de Uds.,

Tampoco los malvados y los débiles pueden caerse más bajo que lo más bajo que está dentro de Uds.

Y como una hoja sola no se vuelve amarillo sin el conocimiento silencioso de todo el árbol,

También él que hace mal no puede hacerlo sin la voluntad oculta de todos de Uds.

Como un desfile Uds. andan juntos hacia sus dios-mismos.

Uds. son el camino y los caminantes.

Y cuando uno de Uds. se caye él se caya para los detrás de él, un aviso de la piedra tropezadora.

Sí, él se caye para los enfrente de él, quienes son más rápidos y más seguros en caminar, pero no quitaron la pi

edra.

Y esto también, aunque la palabra yace pesadamente en sus corazones:

El asesinado no falta responsabilidad por su propio asesino,

Y el robado no falta totalmente la cupla por ser robado.

El recto no está inocente de los actos del malvado,

Y él con manos blancas no está limpio de los actos del criminal.

Sí, el culpable muchas veces es el víctima del lastimado,

Y con aun más frequencia el condenado lleva la carga de él sin culpa.

No puedes separar los justos de los no justos y los buenos de los malvados;

Porque se quedan juntos antes de la cara del sol como el hilo negro y el blanco son tejado juntos.

Y cuando se rompe el hilo negro, el tejedor mirará en la tela blanca, y exminará el telar también.

Si uno de Uds. le echaría la culpa a la esposa no fiel,

Que también pese el corazón del esposo en las escalas, y mida el alma de éste con medidas.

Y que él quien lo azotaría al delincuente mire el espíritu del ofendido.

Y si uno de Uds. castigaría en nombre de rectitud y darle con hacha al árbol malo, que vea las raíces del árbol;

Y en verdad él hallará las raíces de lo bueno y lo malo, del provechoso y del infructuoso, todos entrelazados en el corazón silencioso de la tierra.

Y Uds. los jueces que quieren ser justos,

¿Cuál juicio le dictan Uds. a él que, aunque ser honesto con la carne es un ladrón con el espíritu?

¿Cuál pena le dan Uds. a él que mata físicamente pero es matado él mismo en el espíritu?

Y, ¿cómo lo procesan Uds. a él que por acción es mentiroso y oprimirador,

Pero quien también es apenado y víctima de atrocidad?

Y, ¿cómo castigarán a ellos cuyo remordimiento ya es más grande que sus actos malos?

¿El remordimiento no es la justicia que es administrado por esa misma ley que Uds. con ganas sirven?

Pero no pueden ponerles el remordimiento a los inocentes ni quitárselo del corazón del culpable.

Sin ser pedido el remordimiento llamará en la noche, para que las personas puedan despertarse y mirarse a sí mismas.

Y tú quien intentas entender la justica, ¿cómo la entenderás a menos que veas a todos los actos con toda luz?

Sólo entonces sabrás que los erugidos y los caídos son sólo un hombre de pie en el crepúsculo entre la noche de su pigmeo-mismo y el día de su dios-mismo,

Y que la piedra angular del templo no es más alta que la piedra más baja de sus cimientos.

Las Leyes

Entonces un abogado dijo, «¿Pero qué de nuestras leyes, maestro?»

Y él contestó:

Te encanta establecer las leyes,

Pero te encanta más romperlas.

Como niños jugando al lado del océano que construyen torres de arena con constancia y después las destruyen con risa.

Pero mientras construyes tus torres de arena el océano trae más arena a la orilla,

Y cuando las destruyes, el océano se ríe contigo.

En verdad el océano se ríe siempre con el inocente.

Pero, ¿qué de los para quienes la vida no es un océano, y las leyes de los hombres no son torres de arena,

Sino para quienes la vida es una piedra, y la ley un cincel con el qual cincelarían en ella sus propios parecidos?

¿Qué del lisiado que los odia a los bailadores?

¿Qué del buey a que le encanta su yugo y que los estima los alces y ciervos del bosque perdidos y vagabundos?

¿Qué del serpiente viejo que no puede mudar de su piel, y les llama a los otros desnudos y sinverguenzas?

Y, ¿de él que llega temprano a la fiesta de boda, y cuando se está hartado y cansado se va dijiendo que todas las fiestas son violaciones y que todos que asisten a ellas quebrantan la ley?

¿Qué diré acerca de éstes salvo que ellos también se hallan en la luz del sol, pero con las espaldas hacia el sol?

Ellos ven sólo sus sombras, y sus sombras son sus leyes.

Y, ¿qué es el sol para ellos sino algo que proyecta sombras?

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