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   Clásico 5 No.5

El profeta Por Kahlil Gibran Palabras: 7681

Actualizado: 2018-11-14 00:03


Y, ¿qué es reconocer las leyes sino agacharse y calcar sus sombras en la tierra?

Pero tú que andas con frente al sol, ¿cuáles imagenes dibujadas en la tierra pueden detenerte?

Tú que viajas con el viento, ¿cuál veleta te dirige el rumbo?

¿La ley de cuál hombre te ata si rompes tu yugo pero no en la puerta de cárcel de nadie?

¿De cuáles leyes tendrás miedo si bailas pero no tropezas contra las cadenas de hierro de nadie?

Y, ¿quién es él que te trae a juicio si te quitas tu ropa pero no la dejas en el paso de nadie?

Gente de Orfalese, pueden amortiguar el tambor y pueden aflojar las cuerdas del laúd, pero, ¿quién le mandará la alondra que no cante?

La Libertad

Y un orador dijo, «Háblenos de la Libertad».

Y él contestó:

En la puerta de la ciudad y al lado de tu chimenea te he visto postrarte y adorar tu propia libertad,

Mientras esclavos se humillan ante un tirano y lo alaban aunque los mata,

Sí, en la arboleda del templo y en la sombra de la ciudadela he visto los más libres de Uds. llevar su libertad como yugo y esposas.

Y mi corazón se sangró adentro; porque sólo se puede estar libre cuando el deseo de buscar la libertad se vuelve en arnés, y cuando se deja de hablar de la libertad como meta y realización.

Estarás libre de verdad no cuando tus días sean sin preocupación y tus noches sin deseo o pena,

Sino cuando éstos te ciñen la vida, pero subes encima de ellos desnudo y desatado.

Y, ¿cómo subirás más allá de tus días y noches a menos que rompas las cadenas que tú, en el almancer de tu entendimiento, te has sujetado a tu mediodía?

En verdad lo que tú llamas la libertad es la más fuerte de estas cadenas, aunque sus eslabones brillan en el sol y te deslumbran los ojos.

Y, ¿qué es sino fragmentos de ti mismo de que desharías para estar libre?

Si es una ley injusta que abolirías, esa ley fue escrita con tu propia mano en tu propia frente.

No puedes borrarla por quemar los libros de ley ni por lavarles las frentes de tus jueces, aunque viertas el mar en ellos.

Y si es el déspota que destronarías, asegúrate primero que su trono erigido dentro de ti esté destruído.

Porque, ¿cómo puede gobernar un tirano a los libres y los orgullos sino por una tiranía en la libertad propia de ellos y una vergüenza propia en su orgullo?

Y si es una preocupación de la cual te desharías, esa preocupación fue escogida por ti en vez de ser impuesta en ti.

Y si es un miedo que disiparías, la sede de ese miedo está en tu corazón y no en la mano de él a quien temes.

En verdad todo se mueve dentro de tu propio ser en medio-abrazo constante, lo deseado y lo temido, lo repugnante y lo querido, lo buscado y eso de lo que quieres escapar.

Estas cosas se mueven dentro de ti como luces y sombras en parejas que se agarran.

Y cuando la sombra se atenúa y no está jamás, la luz que se queda se vuelve en una sombra para otra luz.

Y así tu libertad cuando pierde sus grilletes se vuelve en grillete de una libertad más grande.

La Razón y la Pasión

Y la sacerdotista habló otra vez y dijo:

«Háblenos de la Razón y la Pasión».

Y él contestó diciendo:

Tu alma muchas veces es un campo de batalla, en el cual tu razón y tu juicio prosiguen la guerra contra la pasión y tu apetito.

Que pudiera yo ser un pacificsta en tu alma, que pudiera cambiar la discordia y la rivalidad de tus elementos en unidad y melodía.

Pero, ¿cómo puedo yo, a menos que Uds. mismos sean también los pacifistas, o mejor, quieran a todos sus elementos?

Tu razón y tu pasión son el timón y las velas de tu alma marinera.

Si o tus velas o tu timón esté roto, sólo puedes sacudir e ir a la deriva o pararte en el medio del mar.

Porque la razón, dictaminando sola, es una fuerza limitadora; y la pasión, desatentada, es una llama qu

e se quema hasta su propia destrucción.

Por eso deja a tu alma que exalte tu razón a la alteza de la pasión, para que cante;

Y que ella dirija tu pasión con razón, para que tu pasión viva por su propia resurreción diaria, y como el fénix suba arriba de sus propias cenizas.

Quiero que pienses en tu juicio y tu apetito como pensarías en dos huéspedes queridos en tu casa.

Claro que no lo honrarías al uno más que al otro; porque él que le presta más atención al uno pierde el amor y la fe de los dos.

Entre las colinas, cuando estás sentado en la sombra fresca de los álamos blancos, intercambiando la paz y serenidad de Zhu y prados distantes - entonces que tu corazón diga en silencio, «Dios se descansa con la razón».

Y cuando la tormenta viene, y el viento poderoso sacude el bosque, y trueno y relámpagos proclaman la majestad del cielo - entonces que tu corazón diga en sobrecogimiento, «Dios se mueve con la pasión».

Y porque eres un aliento en la esfera de Dios, y un hoja en el bosque de Dios, tú también debes descansarte con la razón y moverte con la pasión.

El Dolor

Y una mujer habló, diciendo, «Háblenos del Dolor».

Y él dijo:

Tu dolor es el romper del caparazón que encierra tu entendimiento.

Como la cáscara de la fruta tiene que romperse, para que su corazón pueda estar en el sol, también tienes que conocer el dolor.

Y si pudieras mantenerte el corazón con asombro acerca de los milagros diarios de tu vida, tu dolor no parecería menos maravilloso que tu alegría;

Y aceptarías las estaciones de tu corazón, como siempre has aceptado las estaciones que pasan sobre tus campos.

Y mirarías con serenidad por los inviernos de tu dolor.

Mucho de tu dolor es escogido por ti mismo.

Es la poción amarga que es usado por el médico adentro de ti para sanarte a ti mismo.

Por eso confía en el médico, y bebe su remedio en silencio y tranquilidad:

Porque su mano, aunque está pesada y dura, es guiado por la mano cariñoso del No Visto,

Y la taza que trae, aunque te quema los labios, está hecha de la arcilla que el Alfarero ha humedecido con Sus propias lágrimas sagradas.

El Conocimiento de Sí Mismo

Y un hombre dijo, «Háblenos del conocimiento de sí mismo».

Y él contestó, diciendo:

Sus corazones saben en silencio los secretos de los días y las noches.

Pero tus orejas anhelan el sonido del conocimiento de sus corazones.

Quieren saber en palabras lo que siempre han sabido en pensamiento.

Quieren tocar con los dedos el cuerpo desnudo de sus sueños.

Y es bueno que esto quieren.

El manantial escondido de tu alma tiene que levantarse y correr murmurando al mar;

Y el tesoro de tus profundidades infinitas te sería revelado a los ojos.

Pero que no haya escalas para pesar tu tesoro desconocido;

Y no busques las profundidades de tu conocimiento ni con bastón ni con plomada.

Porque el yo es un mar sin límite y sin medida.

No digas, «He hallado la verdad», sino, «He hallado una verdad».

No digas, «He hallado el camino del alma». Sino di, «He conocido al alma que anda en mi camino».

Porque el alma anda en todos los caminos.

El alma no anda en una línea, tampoco se crece como un junco.

El alma se desplega, como una loto de pétalos incontables.

La Enseñanza

Entonces dijo un maestro, «Háblenos de la Enseñanza».

Y él dijo:

Nadie puede revelarte nada sino lo que ya está medio-dormido en el amanecer de nuestro conocimiento.

El maestro que anda en la sombra del templo, entre sus seguidores, no les da su sabiduría sino su fe y su cariño.

Si él de veras es sabio, no te pide que entres a la casa de la sabiduría, sino te guía al umbral de tu propia mente.

El astrónomo tal vez te habla sobre su entendimiento del espacio, pero él no puede darte su entendimiento.

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