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   Clásico 6 No.6

El profeta Por Kahlil Gibran Palabras: 7656

Actualizado: 2018-11-14 00:03


El músico tal vez te canta sobre el ritmo que está en todo espacio, pero él no puede darte el oído que capta el ritmo ni la voz que lo repite.

Y él que es versado en la sciencia de los números puede hablar de las regiones de la pesa y la medida, pero no puede conducirte allá.

Porque la visión de uno no le da prestados sus alas a otro.

Y mientras cada uno de Uds. está solo en el conocimiento de Dios, así cada uno tiene que estar solo en su conocimiento de Dios y su conocimiento de la tierra.

La Amistad

Y un mozo dijo, «Háblenos de la Amistad».

Tu amigo es tu necesidad resuelta.

Él es tu campo, el cual sembras con amor y cosechas con agradecimiento.

Y él es tu mesa y tu chimenea.

Porque a él vienes con tu hambre, y lo buscas para la paz.

Cuando tu amigo dice lo que piensa no tienes miedo del «no» en tu propia mente, ni ocultas el «sí».

Y cuando él está callado, tu corazón no deja de escucharle a su corazón;

Porque sin sus palabras, en la amisatad, todos los pensamientos, todos los deseos, todas las expectativas se nacen y se comparten, con alegría que no está retenida.

Cuando le despides a tu amigo, no te apenas;

Porque lo que quieres más en él puede ser más despejado en su ausencia, como la montaña para el alpinista es más nítida desde la llanura.

Y que no haya ningún propósito de la amistad salvo profundizar el espíritu.

Porque el amor que busca algo salvo la revelación de su propio misterio no es el amor sino una red echada: y sólo lo infructuoso es cogido.

Y que lo mejor de ti sea para tu amigo.

Si él tiene que saber el reflujo de tu marea, que él sepa su flujo también.

Porque, ¿qué es tu amigo que debes buscarlo con horas para matar?

Búscalo siempre con horas para vivir.

Porque es suyo llenarte tu necesidad, pero no tu vacío.

Y que en la dulzura de la amistad haya la risa, y el intercambio de placeres.

Porque en el rocio de las cositas el corazón halla su madrugada y es refrescado.

Hablando

Entonces un erudito dijo, «Háblenos de Hablando».

Y él contestó, diciendo:

Hablas cuando dejas de estar en paz con los pensamientos;

Y cuando jamás puedes vivir en la soledad de tu corazón vives en tus labios, y el sonido es una diversión y un pasatiempo.

Y en mucho de tu hablando, pensando está medio asesiando.

Porque pensando es un pájaro del espacio, que en una jaula de las palabras muchas sí desplegan las alas pero no pueden volar.

Hay algunos entre Uds. que buscan lo hablador por el temor de estar solo.

El silencio de la soledad les revela a los ojos sus mismos desnudos y quieren escaparse.

Y hay los que hablan, y sin conocimiento o pensamiento revelan una verdad que ellos mismos no entienden.

Y hay los que tienen la verdad adentro, pero no la dicen en palabras.

En el pecho de este tipo el espíritu vive en silencio rítmico.

Cuando te reunes con tu amigo junto a la calle o en el mercado, deja que el espíritu dentro de ti te mueva los labios y te dirija la lengua.

Deja que la voz dentro de tu voz le hable al oído de su oído;

Porque su alma guardará la verdad de tu corazón como el sabor de vino que se recuerda

Cuando se olvida el color y la vasija jamás existe.

El Tiempo

Y un astrónomo dijo, «Maestro, ¿qué del Tiempo?»

Y él contestó:

Medirías el tiempo, el sin límite y el inconmensurable.

Ajustarías tu comportamiento y hasta dirigir el rumbo de tu espíritu según horas y las estaciones.

Del tiempo harías un arroyo en cuya orilla te sentarías y mirarlo fluyendo.

Pero lo eterno dentro de ti es consciente de la eternidad de la vida,

Y sabe que ayer sólo es la memoria de hoy y mañana es el sueño de hoy.

Y lo que canta y considera dentro de ti todavía habita dentro de los bordes de ese primer momento q

ue salpicó las estrellas en el espacio.

Y, ¿quién de Uds. no se siente que su poder de amar es sin límite?

Pero, ¿quién no se siente ese mismo amor, aunque es sin límite, contenido en el centro de su ser, y no moviéndose de pensamiento del amor a pensamiento del amor, ni de acto del amor a otro acto del amor?

Y, ¿el tiempo no es como el amor, íntegro y sin ritmo?

Pero, si en tu pensamiento tienes que medir el tiempo por estaciones, que cada estación rodee todas las otras estaciones,

Y que hoy abrace al pasado con recuerdo y al futuro con anhelo.

El Bien y el Mal

Y uno de los ancianos de la ciudad dijo, «Háblanos del Bien y el Mal».

Y él contestó:

Del bien en ti puedo hablar, pero no del mal.

Porque, ¿qué es el mal sino el bien torturado por su propia hambre y sed?

Sí, cuando el bien tiene hambre, busca comida aun en cuevas oscuras, y cuando tiene sed, bebe aun de aguas muertas.

Eres bueno cuando estás unido a ti.

Pero cuando no lo estás no eres malo.

Porque una casa desavenida no es un antro de ladrones; sólo es una casa partida.

Y una nave sin timón puede vagar sin rumbo entre islas peligrosas mas sin hundirse en el fondo.

Eres bueno cuando te esfuerzas en dar de ti.

Pero no eres malo cuando buscas ganar algo para ti.

Porque cuando te esfuerzas por obtener no eres sino una raíz que se aferra a la tierra y mama de su pecho.

Claro que la fruta no puede decirle a la raíz, «Sé como yo, madura y completa y da siempre de tu abundancia».

Pues para la fruta dar es una necesidad, como recibir es una necesidad para la raíz.

Eres bueno cuando eres lúcido en tu hablar,

Pero no eres malo cuando duermes mientras tu lengua se tambalea sin propósito.

Y aun un habla tambaleante puede fortalecer una lengua débil.

Eres bueno cuando avanzas a tu meta, firme y con pasos valientes.

Pero no eres malo cuando te diriges cojeando hacia ella.

Aun los que cojean no retroceden.

Pero Uds. que son fuertes y rápidos, cuídense de no cojear ante los cojos, creyendo que eso es amabilidad.

Eres bueno de innumerables maneras, y no eres malo cuando no eres bueno,

Sólo andas holgazán y perezoso.

Qué lástima que los ciervos no puedan enseñarles rapidez a las tortugas.

En tu anhelo por tu yo más elevado se halla tu bien: y ese anhelo está dentro de todos Uds.

Sin embargo en algunos ese anhelo es un torrente que se precipita con fuerza hacia el mar llevando los secretos de las colinas y las canciones del bosque.

Y en otros es un arroyo tranquilo que se pierde y se detiene en ángulos y curvas antes de alcanzar la orilla.

Pero no vaya a decirle el que anhela mucho a quien anhela poco: «¿Por qué eres tan lento y vacilante?»

Pues el bueno de verdad no le pregunta a los desnudos, «¿Dónde están tus prendas?», ni a los sin techo, «Qué ha pasado con tu casa?»

El Rezo

Entonces una sacerdotista dijo, «Háblenos del Rezo».

Y él contestó, diciendo:

Rezas en tu angustia y tu necesidad; que pudieras rezar también en la plenitud de tu alegría y en tus días de abundancia.

Porque, ¿qué es el rezo sino la expansión de tú mismo en el éter vivo?

Y si es para tu comodidad que vertes tu oscuridad en el espacio, también es para tu alegría que vertes el almancer de tu corazón.

Y si no puedes sino llorar cuando tu alma te convoca a rezar, ella debe espolearte vez tras vez, aunque llores, hasta que vengas riendo.

Cuando rezas ascendes para conocer en el aire a ellos que rezan en esa misma hora, y a quienes salvo en el rezo tal vez no conocerás.

Por eso, que tu visita a ese templo invisible no sirva para nada sino el éxtasis y la comunión dulce.

Porque si entras el templo con ninguna intención salvo pedir no recibirás.

Y si entras para hacerse humilde no serás ascendido:

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