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   Capítulo 2 Huir de casa

Enséñame a quererte Por Torres Palabras: 4215

Actualizado: 2021-01-12 06:01


En la estación de policía de Detroit:

Eran aproximadamente las ocho de la noche cuando Lulú entró en el edificio de la estación de policía.

Se acercó al primer escritorio que se cruzó en su camino y dijo al joven oficial que ahí se encontraba:

"Hola, soy Lulú Landon. Hace un par de horas recibí una llamada del comandante Lewis". "Buenas noches, señorita Landon. Acompáñeme, por favor", respondió el oficial al tiempo que se levantaba de su silla.

Posteriormente guio a Lulú a través de un pasillo abarrotado de escritorios, hasta la oficina del comandante.

El oficial tocó a la puerta y solo unos segundos después escuchó la voz de su superior:

"Pase, por favor".

Lulú y el oficial se dispusieron a entrar en la oficina del comandante, la cual era muy espaciosa y tenía una ventana enorme que daba a la avenida principal de la ajetreada ciudad de Detroit.

El comandante Lewis, quien era una hombre de mediana edad, alto, castaño y fornido, se encontraba sentado en su silla ejecutiva de cuero, revisando algunos documentos. Pero cuando su subordinado y Lulú entraron en su oficina dejó los papeles sobre el escritorio y se dispuso a encender un habano.

"Disculpe que lo interrumpa, comandante. La señorita Landon desea hablar con usted", informó el oficial. "Gracias. Ya puedes retirarte", respondió el comandante Lewis después de expulsar una bocanada de humo.

Al escuchar la indicación de su superior, el oficial se dio la media vuelta, salió de la oficina y cerró silenciosamente la puerta detrás de él.

Con una expresión solemne en el rostro, el comandante dijo a Lulú:

"Señorita Landon, tome asiento, por favor".

Al escuchar la indicación del hombre, Lulú se sentó en la silla blanca de cuero que se encontraba frente al escritorio.

"Comandante, ¿qué sucede con mis padres?", preguntó la mujer con voz entrecortada. "Esta mañana recibimos una llamada del comandante del aeropuerto del Condado de Wayne para informarnos que el avión con destino a Paris que abordaron sus padres ayer por la noche desapareció mientras volaba en su espacio aéreo", respondió el hombre sin preám

bulos.

En una fracción de segundo los ojos de Lulú se llenaron de lágrimas y un nudo se instaló en su garganta, impidiéndole pronunciar palabra alguna.

El comandante Lewis levanto el auricular de su teléfono de escritorio y marcó el número de extensión de su asistente.

"A sus órdenes, mi comandante", dijo una voz femenina al otro lado del teléfono. "Traiga un vaso de agua a mi oficina, por favor", respondió el hombre después de dar una calada a su habano. "¡Entendido, comandante!".

Un par de minutos después una mujer rubia de aproximadamente veinticinco años de edad, enfundada en un uniforme policial azul marino y con el cabello atado en una cola de caballo, entró en la oficina del comandante y colocó una vaso de cristal sobre el escritorio.

"Gracias. Ya puedes retirarte", dijo el hombre. "A la orden, mi comandante", respondió la mujer solemnemente y se retiró. "Señorita Landon, beba un poco de agua", dijo el hombre a Lulú.

La mujer tomó el vaso de agua del escritorio y cuando lo acercó a su boca para beber un sorbo, el vaso se resbaló de su mano y se estrelló en el piso al tiempo que su cuerpo se desvanecía sobre la silla blanca de cuero.

En el jardín de la mansión de la familia Smith:

John sacó su celular de su bolsillo, abrió la lista de contactos y buscó el número telefónico de George.

Después de tres timbrazos una voz grave respondió:

"Mi querido, sobrino! ¡Vaya sorpresa!". "Hola, tío". "¿A qué se debe el honor de tu llamada?". "¿Aún está en pie tu propuesta?", preguntó John, titubeante. "¡Desde luego que sí!". "Tío, no quiero pasar el resto de mi vida encerrado entre las cuatro paredes de una oficina. Ahora que me gradué de la universidad mi padre quiere que de inmediato me haga cargo de Smith Group". "Comprendo. Pero, ¿estás seguro de lo que quieres hacer?" preguntó George con voz seria. "Sí, tío. No me importa perder mi herencia y mi apellido. Estoy dispuesto a todo por hacer realidad mis sueños". " De acuerdo. Sabes que puedes contar conmigo, pero también debes recordar que una vez que abandones tu casa no habrá marcha atrás...".

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