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   Capítulo 1 ¿Cómo pudiste

Cafuné Por Mari Palabras: 8707

Actualizado: 2021-01-15 14:24


—¡Papá, papá! ¿cómo pudiste hacer esto?— Gritó Rachel Miller en medio de la desesperación, mientras sostenía en brazos a su padre cubierto de sangre, sus muñecas desbordaban ese líquido rojo, que todos tenemos, pero al que al mismo tiempo, todos le tememos, el rostro de Richard estaba completamente pálido y por más que su hija lo llamaba, éste no contestaba.

En medio de la desesperación, la chica sacó su celular e hizo una llamada al 911 —Hola, necesito que envíen una ambulancia urgente a la calle 158 de Roosevelt, por favor, mi padre se ha cortado las venas y no responde, no sé cuánto tiempo ha pasado, necesito su ayuda rápido, por favor, por favor—. Sollozó la mujer, mientras miraba a su padre que yacía inconsciente en el suelo.

— Trate de calmarse señorita, la ambulancia va en camino—. Contestó la operadora, tratando de calmar a la preocupada y desesperada chica.

'¿Cómo no me di cuenta?, ¿Cómo pude haberlo dejado solo?, ¡maldición!, yo sabía que él estaba mal, ¿cómo pudo haber atentado contra su vida y dejarme sola?, ¿cómo paso esto?'. Pensó Rachel, mientras se arrodillaba alado de su padre y lloraba sin parar.

La ambulancia no tardó mucho en llegar, los paramédicos se acercaron y comenzaron a hacer su trabajo, subieron a Richard a la camilla y caminaron hacia la ambulancia, la angustiada chica, siguió a los paramédicos y se subió junto a su padre. En el camino, Rachel solo podía sostener la mano de su padre y rezar en silencio para que pudiera salir vivo de esa infortunada situación.

'¿que habría pasado si no llego a casa?, ¿qué voy a hacer si me deja sola?, ¿cómo me voy a hacer cargo del negocio?, ¡no, no, no!, saca esos pensamientos de la cabeza Rachel Miller, él va a estar bien, se recuperará pronto y volverá contigo a casa'. Se dijo la chica mentalmente para darse ánimos y tranquilizarse, necesitaba darse ánimos, su padre solo contaba con ella.

Al llegar a la clínica, Richard fue llevado a emergencias y como Rachel lo suponía, ella tuvo que quedarse en la sala de espera. La angustia la estaba consumiendo lentamente, así que para calmar su ansiedad, empezó a caminar de un lado a otro, sin prestar atención a donde iba y mucho menos a las personas que pasaban a su alrededor.

—¡Maldición! ¿eres ciega o qué?, pon cuidado por donde caminas—. Resonó la voz molesta de un hombre, pero por alguna razón a Rachel le parecía haberla escuchado antes.

La chica levantó la mirada para pedir disculpas y lo vio, frente a ella se encontraba él, el amor de su vida, el hombre que había amado desde los 16años, estaba parado frente a ella justo en el momento que más lo necesitaba.

'¿Pero qué hace aquí?, ¿cómo supo lo de mi padre?, yo aún no le he dicho a nadie'. Pensó la mujer algo confundida.

Por otro lado; él también se le quedó mirando con la misma expresión de sorpresa que ella, por lo que Rachel supuso que en ese preciso instante, él también se estaría haciendo la misma pregunta que ella hace unos segundos atrás.

—Hola Ezra, mil disculpas, de verdad no te vi, pero... ¿y eso?, ¿qué haces aquí?—. Preguntó algo temerosa, cada vez que estaba frente a él se ponía excesivamente nerviosa.

Ezra era muy guapo, media aproximadamente 1.80 metros de estatura, fuerte, cabello liso y castaño, ojos café, piel clara, labios sensuales, todo de él, transmitía un gran porte de elegancia y masculinidad, Rachel se quedó un buen rato viéndolo embelesada, hasta que se dio cuenta de lo que estaba haciendo y se reprendió mentalmente. 'En que demonio estoy pensando, cálmate Rachel, no es ni el momento, ni el lugar, concéntrate en su respuesta'.

— Que casualidad, te iba a hacer exactamente la misma pregunta, no te importará responder primero, ¿verdad?—. Respondió Ezra, acercándose al oído de la chica con coquetería, él sabia que ella estaba loca por él, para nadie era un secreto. Rachel era tan obvia, que en las pocas oportunidades que él necesitaba algo de ella, solo le coqueteaba y ella hacía todo lo que él le pidiera sin titubear, aún sabiendo que a él no le gustaba, luego de caer en la trampa se reprendia por ser tan débil, sin embargo; cuando volvía a pasar, ella volvía a caer sin pestañear.

—¿Me vas a decir o no?—. Habló nuevamente Ezra.

—¡Eh! si, si—. Respondió la chica apresuradamente, a la vez que agitaba su cabeza, por un momento se había olvidado de el incidente que la

había llevado hacia la clínica.

— Mi padre—. Dijo la chica, tragando saliva con dificultad, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas, aunque trató de contener sus emociones, cuando recordó lo que había sucedido, no pudo hacerlo y contestó entre sollozos, al mismo tiempo que bajaba la cabeza para ocultar sus lágrimas. — Mi padre trató de quitarse la vida—.

— Lo siento mucho, ¿cómo se encuentra Richard?, ¿has recibido alguna noticia desde que llegaste?—. Preguntó Ezra algo preocupado, era normal que se preocupara por el papá de Rachel, ya que éste y su padre eran amigos desde la infancia, fue así, como Rachel y él se conocieron.

La primera vez que se vieron, Rachel tenía 8 años de edad y Ezra 11, luego él se fue a estudiar a Cambridge y no lo vio más, hasta que ella cumplió sus 16 años, ambos se volvieron a reencontrar en su celebración de cumpleaños, en ese momento ya él tenía 19 años y se veía tan impactante que ella quedó deslumbrada, desde ese instante, Rachel sintió que estaba enamorada, pero Ezra nunca le prestó atención, por lo que a la chica no le quedo más opción que guardar su amor en la friedzona, luego de eso, se veían en ocasiones esporádicas, ya que él estudiaba en Harvard, por lo que vivía más tiempo en Cambridge que en Miami.

Ahora ella tenía 20 años y el 23, sin embargo; el amor que Rachel sentía por él nunca había cambiado, pero como a él no le gustaba ella, solo le quedaba admirarlo de lejos.

— No sé, nadie ha salido a darme respuesta desde que entró a emergencias, estoy muy preocupada, la verdad no sé que voy a hacer si algo le sucede, yo no conozco nada sobre los negocio, mi padre no se molestó en enseñarme a fondo, ya que mi hermano sería el que heredaría la presidencia—. Habló la mujer en llanto, al mencionar el nombre de su hermano, no pudo contener la tristeza y comenzó a llorar.

Hace dos años, la familia de Rachel estaba completamente tranquila y feliz, como todas las familias del mundo, tenían sus problemas pero siempre lo solucionaban, su hermano mayor era extrovertido, inteligente y muy atractivo, sus ojos grises llamaba la atención de casi todas las mujeres, tanto así, que ella tenía que quitárselas a sombrerazos.

Una noche, ambos salieron a celebrar el cumpleaños de uno de sus amigos, Rachel fue con él, ya que casi siempre la llevaba a todos lados, decía que prefería tenerla cerca para que ningún hombre se le acercara y que si lo hacía, primero debería pasar por su aprobación, ambos se llevaban muy bien, más que un hermano, Rachel lo veía como a un amigo. Ese día, ambos salieron temprano de la fiesta, cuando iban en el auto, Rachel notó a su hermano algo nervioso pero no supo el porqué, de un momento a otro, la chica solo sintió un golpe al costado del auto y perdió la conciencia, no se despertó hasta dos días después del accidente, encontrándose con la desgarradora noticia de que su hermano había fallecido.

— ¡Ya, ya! no llores más, Richard estará bien y te necesita fuerte—. Dijo el hombre mientras secaba las lágrimas de la mujer con los dedos. Rachel comenzó a sentirse nerviosa y apenada por lo que se disculpó — Lo siento, debo ir al baño—.

En cuanto terminó de hablar, salió como una bala en dirección a los sanitarios, en su mente solo pensaba que seguramente su apariencia estaba fatal, había pasado horas llorando por todo lo que había pasado.

La chica lavó su rostro y se miró un buen rato en el espejo, — Ezra tiene razón, mi padre va a estar bien y debo estar fuerte para él—. Se dijo así misma para darse valor.

—Te sientes mejor—. Preguntó Ezra al verla salir del baño.

— Si gracias, ¿ahora me puedes decir por qué estás aquí?—. Preguntó con un poco de temor, no quería que él se sintiera incómodo por la pregunta.

— Mi padre también está aquí, hace tres días sufrió un infarto, ha estado aquí desde entonces—. Respondió el hombre con tranquilidad, se veía tan tranquilo, que por un momento, Rachel deseo tener esa misma calma para afrontar las cosas.

—Lo siento, yo aquí llorando y contándote mis problemas cuando tú tienes tus preocupaciones, ¿cómo se encuentra el señor James?—. Murmuró algo avergonzada.

Antes de que Ezra pudiera responder, se escuchó la voz de una enfermera llamando el nombre de Rachel, ésta salió corriendo hacia donde se encontraba la mujer y dijo agitada, — Soy yo, ¿cómo está mi padre?—.

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