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Cafuné Por Mari Palabras: 11733

Actualizado: 2021-01-15 17:47


Otra noche sin poder dormir — Maldita sea, ¿por qué me tiene que pasar esto a mí—. Gritó Ezra, mirándose en el espejo las marcas negras bajo sus ojos, esas huellas que demostraban los rastros de una mala noche.

En la clínica Richard abrazaba a su hija, contándole historias de cuando era pequeña, lo traviesa que era y lo sobre protector que era su hermano, desde que aún estaba en la barriga, ya se encargaba de ella, de los antojos y berrinches de su madre a pesar de que solo tenía 3 años.

— Lo extraño mucho papá—. Sollozó Rachel, para ella hablar de su hermano era un tema muy sensible, aun sentía que no había superado su muerte, no pudo ni siquiera verlo en el ataúd para darle su último adiós, ya que cuando despertó en la clínica ya le habían dado santa sepultura, fue tan desgarrador para ella, que al darle la noticia, la chica entró en crisis y tuvieron que sedarla.

— Lo sé, mi niña, yo también lo extraño, pero sé, que donde quiera que esté, nos está cuidando junto a tu madre—. Richar besó su frente a la vez que se perdía en sus pensamientos. '¿estaré tomando la decisión correcta?, ¿podrá Rachel estar bien sin mí?.

Los pensamientos de Richard, fueron interrumpidos por el tono de llamada del teléfono de su hija:

¡Tananan, tananan! — ¡Hola! ¿Quién habla?—. Contestó Rachel con confusión en su rostro, no tenía ese número en su agenda y no acostumbraba a recibir llamada de desconocidos:

— !Hola! Rey, Rey, soy Ezra, ¿estás ocupada? —. Preguntó el hombre tentativo.

— No, no lo estoy, ¿puedo saber cómo conseguiste mi número?—. Preguntó Rachel intrigada.

— ¡Ja, ja, ja! soy el CEO de Techno Smith, ¿crees que se me haría difícil conseguirlo?, además, usas uno de nuestros equipos, conseguir tu número fue lo más fácil para mí, ahora, lo difícil es saber si, ¿quisieras almorzar conmigo hoy?—. Preguntó Ezra. ¡Tum, tan! ¡Tum, ta!, sonaba el corazón de Rachel a toda velocidad, se sentía en un sueño, miles de preguntas corrían por su mente, '¿por qué me está invitando a almorzar?, ¿será que siente lástima por mí?'.

—¡Hola! ¡hola! ¿Rachel sigues en la línea?—. Preguntó Ezra al no escuchar ningún sonido del otro lado.

—Sí, sí, aquí sigo.— Respondió tocandose el pecho y mirando a su padre con los ojos de par en par. — ¿Y?, ¿qué me dices?, ¿aceptas?—.

— Sí, acepto, ¿donde nos veremos?—. Preguntó la chica llena de entusiasmo.

— No te preocupes, yo pasaré por ti a la clínica, ¿te parece bien?—.

— Claro, nos vemos más tarde, adiós—. La mujer se despidió y colgó el teléfono aturdida por lo que había sucedido.

—¡Ayyyy por Dios!, no lo puedo creer, papá pellizcame—. Dijo Rachel acercando el brazo hacia su padre para que la pellizcara.

—¡Ayy! papá, eso duele—. Se quejó, mientras masajeaba su brazo magullado.

—¡Ji, ji! tú me pediste que te pellizcara mi niña, solo cumplo órdenes—. Objetó Richard entre dientes para evitar reírse de su hija.

— Papá, ¿puedes creer que Ezra me invitó a salir?, aún estoy sorprendida, aunque solo es a almorzar, pero el nunca me había invitado nada—. Rachel comenzó a saltar de la emoción y a lanzar preguntas al aire, — ¿será que me cambio de ropa?, ¿qué color de labial le gustaría que usara?, ¿a dónde me llevará?—.

Al ver la felicidad en el rostro de su hija, Richard disipó todas las dudas que le quedaban acerca de la operación y llegó a la conclusión de que estaba haciendo lo correcto, con solo ver su radiante sonrisa y la emoción en sus ojos se sintió satisfecho.

La mañana pasó volando, los autos se trasladaban sin cesar por todo Miami beach. Por ser medio día, hacia un calor desesperante, Ezra, estaba atrapado en el tráfico, impaciente por salir de allí, comenzó a tocar el claxon con impotencia, aunque, él sabía que no iba a apresurar el tráfico, pero aprovechó la oportunidad para sacar un poco la frustración que sentía en ese momento, aún no se había recuperado de la ruptura con Carla y hoy ya tenía que actuar como si estuviera enamorado de Rachel, lanzó un suspiro al aire para calmarse antes de entrar a la clínica.

— Papá ¿cómo me veo?—. Preguntó Rachel nerviosa. La mujer lucia un vestido blanco de tirantes, con flores azules, ajustado hasta la cintura y suelto en la parte posterior que le llegaba un centímetro antes de la rodilla, su cabello lo llevaba suelto y se había aplicado un maquillaje ligero. En Miami era común vestirse con estampados por ser una zona de playas, en donde su clima es mayormente caluroso, sus habitantes se vestían de forma muy ligera.

— Te ves hermosa mi niña, ya hasta me está dando celos que salgas así—. Contestó entre risas su padre.

—No seas tonto papá, siempre voy a ser tu niña lo sabes ¿verdad?—. Musitó la chica de manera cariñosa.

— Lo sé cariño, ven aquí, déjame darte un abrazo—. Murmuró Richard, aguantando las ganas de llorar, tenía que aprovechar los últimos momentos que le quedaban con su bella hija.

La puerta se abrió lentamente y Ezra se encontró con la escena de padre e hija abrazados, al verlos, un atisbo de culpa cruzó por su mente, trató de ocultar lo que había pensado y camino hacia ellos.

— ¡Ejem, Ejem!, disculpe por interrumpir— mencionó Ezra al mismo tiempo que soltaba una sonrisa.

—No te preocupes, pasa, mi hija ya está lista, ya pueden irse a almorzar—. Contestó Richard haciéndole señas con la mano, en señal de que se podían irse.

Rachel caminó hacia Ezra, saludandolo con una radiante sonrisa, tratando de ocultar los nervios y la emoción que sentía, Ezra mostró su brazo haciéndole seña de que se agarrara de él, Rachel estaba anonadada, se preguntaba, qué pasaba con Ezra, sin embargo; dejó su pregunta aun lado y se agarró de su brazo, mientras se dirigían al Lamborghini rojo que atraía la mirada de todos los transeúntes.

— Te ves hermosa Rey, Rey—. Ezra aprovechó la oportunidad para hablar, porque no habían dicho nada desde que se subieron al auto.

Gracias—. Respondió Rachel ruborizándose automáticamente.

Ezra esbozó una sonrisa de medio lado y pensaba 'se ve tierna cuando se avergüenza, ¿siempre se ha puesto así cada vez que le digo algo así?, no recuerdo, creo que no le prestaba mucha atención, siempre la he visto como parte de la familia. No me había fijado que tenía unas lindas piernas, ¿siempre ha usado ese perfume? huele tan bien. ¡Maldición! en que demonios estoy pensando'.

El auto se detuvo frente a un restaurante en la playa, todos los restaurantes de esa zona eran muy sofisticados y servían una excelente y deliciosa comida, muchos de ellos pertenecían a la familia Smith, el padre de Ezra, aprovechó cada oportunidad que tenía para invertir.

—Llegamos, ¿te gusta?.— Preguntó Ezra, agarrando la mano de Rachel para evitar que se bajara del auto.

— Si, ya había venido antes, la comida es muy buena, gracias por invitarme—. Respondió la chica con nerviosismo, el hecho de que él agarrara su mano la hacía sudar y ponerse muy nerviosa.

Ezra se acercó lentamente a su oído y susurró, — Rachel, me gustas, me gustas mucho, me has gustado desde siempre, pero como nuestras familias son amigos, no quería arriesgarme a que si nuestra relación no funcionaba, quedaramos como extraños—.

Los ojos de Rachel se abrieron de par en par, dejando al descubierto el brillo y el hermoso color gris de su iris. Al verla tan sorprendida una ola de sentimientos corrieron por el cuerpo de Ezra, culpa, ansiedad, lástima, asombro, ternura. Entrelazó sus manos en el cuello de Rachel, ella solo se quedaba mirándolo fijamente con los ojos muy abiertos, aún no había procesado la información.

— Yo, yo...—. Tartamudéo Rachel a la vez que Ezra se le acercaba.

— Perdóname por lo que voy a hacer, si quieres, después puedes abofetearme, pero ahora solo permíteme probarte—.

Ezra la haló hacia su cuerpo mientras posaba sus labios sobre los de ella. 'sus labios se sienten tan dulces, no pensé que se sentirían así'. Pensó Ezra al mismo tiempo que introducía su lengua para hacerse paso, la movía con suavidad y mordía sus labios carnosos, comenzó a jugar con su cabello mientras la besaba, era tan suave, poco a poco empezó a bajar lentamente hacia su cuello, pasando su lengua y dándole más y más besos, la respiración de los dos comenzó a agitarse, por los apasionados besos.

—¿Alguna vez te dije que hueles muy bien?—. Susurró Ezra en el oído de la mujer, colocando su mano en sus piernas. No podía negarlo, ya estaba excitado y quería más, se supone, que el plan era almorzar y actuar como enamorado, el beso fue algo totalmente improvisado que ahora se estaba saliendo de control.

—Ezra no, detente, aquí no—. Murmuró Rachel agarrando su mano para que se detuviera. —¿Quieres que vayamos a otro lugar princesa?—. Susurró nuevamente en su oído, no sabía porqué decía eso, él era hombre de seguir un plan al píe de la letra, no sabía que le estaba pasando ahora, no había cumplido ni con el 20% del plan, ni siquiera, había entrado al restaurante, estaban estacionados en la playa.

— Ezra no, creo que es muy pronto, hay muchas emociones de por medio, aún estoy muy sorprendida, te juro que esperé cualquier cosa menos una confesión así—. Respondió Rachel, en su interior no quería parar, jamás pensó tener esa oportunidad, besarlo era un sueño frustrado y ahora se estaba cumpliendo, se estaría mintiendo así misma si se atreve a decir que no lo quería, pero su mente le dice que no era el momento.

—¿No me crees?—. Preguntó Ezra ya un poco calmado.

— Sí, si te creo. De igual manera no tendrías porqué mentirme ¿o sí?—. Habló la chica. —No, no tengo porque hacerlo—. Respondió Ezra.

—Tu también me gustas—. Confesó Rachel nerviosa.

— Si, lo sé—.

— No respondas así, por favor, es algo incómodo.—. Espetó la mujer avergonzada.

—¡Ja, ja, ja! incomodo me sentía yo cada vez que me comías con la mirada—. Bufó Ezra en carcajadas.

—¡Ezraaa! ¿cómo puedes decirme eso? no ves que me estoy muriendo de la vergüenza—. Contestó Rachel poniéndose roja como un tomate y bajando la mirada.

'¿Que demonios me sucede?, cada vez que se sonroja siento ganas de besarla, ¿que diablos me está pasando?'. Pensó Ezra, mirándola fijamente.

— Rey, Rey ¿cásate conmigo?—. Preguntó el hombre sin pensar.

— ¡cof, cof!—. Rachel comenzó a toser, dándose golpes en el pecho, la mujer lo miró confundida y le Contestó —¿Es una broma cierto?—.

—No, no lo es—. Respondió Ezra sinceramente.

— Hoy me confesaste que te gusto y también me pides matrimonio. ¿cuéntame qué está pasando?—. Preguntó Rachel, observándolo detenidamente.

— No pasa nada, es solo que a mi papá no se cuanto tiempo le queda, su mayor deseo es verme feliz, casado y con familia. Pronto tendrá una operación y no se si salga vivo del quirófano. Quiero que vea mi acta de matrimonio antes de entrar al quirófano para que le dé fuerzas de vivir—. Dijo Ezra, mostrándose lo más convincente posible.

— ¡Mmmm!, entiendo, déjame pensarlo ¿si?, que te parece si mañana te doy una respuesta sobre eso, ahora vamos a comer que a eso vinimos—. Propuso Rachel aún con la vergüenza en su rostro.

— Esta bien, solo diré una última cosa para cerra el tema. Decidí confesarte lo que siento porque de verdad quiero casarme con la mujer que deseo, pero si me dices que no, tendré que hacerlo con otra, necesito darle fuerzas a mi padre así sea por medio de un acta—. Informó Ezra, pero mentalmente estaba rogando que al sentir la presión de imaginarlo con otra, Rachel aceptaria su propuesta, él sabia que era descabello que alguien aceptara algo así pero no le quedaba de otra.

Ambos tuvieron un almuerzo tranquilo, charlando de una que otra cosa, sin tocar el tema del matrimonio, como lo había prometido, Ezra, esperaría el día de mañana para una respuesta, de recibir un no, Tendría que buscar otra forma de convencerla.

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