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   Capítulo 2 Regreso a casa

Como En Los Tiempos De Antes Por Sancha Capistran Palabras: 10364

Actualizado: 2021-03-19 00:17


Seis años después...

En la oficina del CEO de una empresa francesa, un hombre gordo de mediana edad estaba sentado en el escritorio y miraba con ojos lujuriosos a la mujer que tenía delante.

Los labios rojos de esta se fruncieron ligeramente en un gesto de desprecio mientras le entregaba una carta de renuncia. Ella no quiso decir nada más de lo necesario. "Señor, no puedo seguir trabajando en esta empresa, porque no puedo aceptar las condiciones que usted plantea. Nunca venderé mi cuerpo por dinero. No nos volveremos a ver".

"¿Estás segura de ello? ¿No te preocupa no poder conseguir trabajo en Francia después?", preguntó él con los ojos entrecerrados.

Marina se burló en su corazón de su amenaza apenas disimulada y pensó: '¿Por qué habría de preocuparme?'. Entonces lo miró y le respondió en un francés fluido: "Nunca me arrepiento de mis decisiones".

Tras entregar su carta de dimisión, salió del edificio y respiró profundamente. Era la quinta vez que renunciaba a un trabajo por el acoso sexual de su jefe. Su hijo siempre había bromeado diciendo que ella no podía mantener un trabajo por más de tres meses. No obstante, esta vez, se había ido antes de ese tiempo.

Mirando el edificio de la empresa, recordó de repente los versos del poema de Hamilton Hsu, 'Saying Goodbye to Cambridge Again': "Me despido en silencio, tan silenciosamente como vine. Me despido de las nubes rosadas del cielo occidental". Se iría tan fácilmente como había llegado.

Luego regresó a su casa alquilada. Hacía seis años que se había quedado sin hogar, y los acontecimientos de aquella noche seguían frescos en su mente, como si hubieran ocurrido ayer. Su padre le había gritado: "¿No sabes que has deshonrado a nuestra familia al haber hecho algo semejante? ¡A partir de ahora, no eres mi hija!".

La reciente vez que llamó, su madre le dijo: "Marina, deberías volver. Tu padre solo estaba enojado en ese entonces. Pero todos estos años, desde que no estás aquí, suele pasar tiempo a solas en tu habitación".

Con solo imaginarlo, a la chica se le estrujó el corazón, pues siempre deseó regresar, pero no se atrevía a hacerlo. Si lo hacía, ¿cómo confrontaría a sus padres? Ya era tarde y tenía que recoger a su hijo en la escuela.

La maravillosa puesta de sol marcaba el final del día. Marina tomó a su hijo de la mano mientras lo conducía por la concurrida calle, y temiendo que la gente lo golpeara, lo puso sobre su espalda y así lo llevó el resto del camino.

Cuando llegaron a su casa, que era un minúsculo apartamento que solo ocupaba decenas de metros cuadrados, ella le dijo al pequeño: "Mike, te llevaré al lugar donde viven tus abuelos. Puedes vivir allí. ¿Qué piensas?".

El niño parpadeó con sus grandes ojos brillantes, y respondió: "Mami, ¿de verdad vamos a ver a mis abuelos? ¿Y qué pasará con tu trabajo? ¿No vas a trabajar?".

Ella ya había presentado su renuncia, por lo que podía ir a visitar a sus padres.

"Mami, ¿tu jefe te despidió esta vez? ¿O simplemente te has cansado de tu trabajo y lo has dejado?".

Ella pellizcó la carita de su hijo, sonrió y le dijo: "Esta vez me fui voluntariamente. ¿Te has portado bien en la escuela estos días?".

"Mami, no sigas pellizcándome la cara. Ya no seré guapo. No te dejaré ir si arruinas mi imagen".

"Mmm, solo eres un chiquillo, ¿qué imagen crees que tienes? Supéralo", replicó su madre en tono de broma.

"Mami, tú no entiendes. Mucha gente en la escuela me ha dicho que soy un joven guapo. ¿Soy solo un niño para ti?".

Durante los últimos seis años, las desavenencias con su hijo se habían convertido en algo habitual para Marina. Pero ella era muy feliz. Era una persona muy espontánea, así que después de contarle a Mike que volverían a casa de sus padres, empezó a buscar vuelos en Internet. Luego comenzó a empacar sus cosas. Después de todo, habían pasado seis años, y ella no tenía más remedio que regresar.

Le había dicho a su mejor amiga que se iba de Francia, pero no le especificó cuándo, porque no quería que esta fuera a despedirla para que no fuese muy doloroso.

En el aeropuerto, Mike frotaba la mano de su madre para consolarla. "Mami, sé que no te gusta que la gente se despida de ti porque no quieres separarte de ellos. Pero no llores, porque me harás llorar".

Una vez que llegaron a su país de origen, Marina arrastró su maleta hasta conseguir un taxi. En el camino, jugueteó nerviosamente con sus dedos, pensando en lo que pasaría. Solo esperaba que la familia pudiera hablar tranquilamente. Habían pasado seis años, así que todos debieron haber aprendido ya a dejar de lado muchas cosas. Nadie podía predecir lo que iba a suceder en el futuro, por lo que era mejor resolver los problemas en ese momento.

Tiempo después, el vehículo se detuvo frente a la casa de su infancia. Había muchas villas nuevas alrededor de esta que hacían la zona ligeramente irreconocible, pero la puerta de su casa se veía exactamente igual. Al mirarla, tuvo mucha emoción dentro de su corazón y no pudo evitar preguntarse si su padre la había perdonado después de todos estos años.

De este modo, su corazón latía con fuerza cuando tocó el timbre, no sabía qué ib

a a decir cuando viera a sus padres. Al fin y al cabo, todo había sido su culpa. Ella no quiso abortar al bebé, a pesar de que no conocía la identidad de su padre. Esa noche, el hombre en la habitación le había susurrado al oído: "Jessica, llámame Michael".

Aunque perdió su virginidad con él, no pudo verle bien a la cara. Solo sabía que su nombre era Michael, por eso llamó a su hijo Mike.

Como había pasado tanto tiempo, Marina estaba segura de que las cosas debieron haber cambiado, y se preguntaba de cómo estaría su padre.

Mientras estaba perdida en sus pensamientos, una mujer vestida de sirvienta abrió la puerta, la miró y le preguntó: "¿Puedo saber a quién está buscando?".

"Yo...", después de dudar un momento, continuó: "Estoy aquí por el señor Phillip Mu".

"Espere un minuto. Le diré al señor Phillip".

"Claro, gracias".

Ella miró a su alrededor. Habían pasado años, pero este seguía siendo el hogar que ella conocía. De repente, le dolió el corazón. No sabía si su padre seguía enojado con ella. Hace seis años, este había perdido completamente los estribos con ella e incluso le había dicho que ya no era su hija y que no debía volver a aparecer ante él.

Sin embargo, ella se tragó su orgullo y volvió para ver a su madre, así como para darle a él la oportunidad de ver a su nieto.

Una vez más, la puerta se abrió. Pero en esta ocasión, había otra mujer delante de ella. Era su madre, Briana, a quien no había visto desde que se fue. La mujer tenía el cabello lleno de canas y, al ver a su hija, no pudo contener las lágrimas. La tomó en sus brazos y sollozó: "Marina, por fin has vuelto. ¿Sabes cuánto te he extrañado todos estos años?".

A la chica siempre le costó contener las lágrimas, por eso, en cuanto vio a su madre, no pudo evitar llorar. "¡Mamá, yo también te extrañé!".

Al mirar a las dos mujeres abrazadas, Mike dejó escapar una ligera tos, luego miró a su madre y le dijo con una sonrisa: "Mami, estás tan emocionada que te olvidaste de mí".

No fue hasta ese momento que Briana se dio cuenta del niño. Se veía muy lindo y familiar, como si se hubieran visto antes.

"Hola, abuela. Mi mamá está llorando de nuevo. Nunca puede contenerse las lágrimas", dijo el pequeño sacudiendo la cabeza y suspirando de impotencia.

Briana sonrió, se volvió hacia su hija y le dijo: "Bueno, tu hijo ya tiene cinco años. Marina, entremos primero".

La muchacha se secó las lágrimas y siguió a la mujer, seguida de su hijo. Después de dejar su equipaje, miró a su padre, que estaba sentado en el sofá, y dijo suavemente: "Papá, he vuelto".

No había expresión en el rostro de Phillip, quien simplemente dijo con frialdad: "Es bueno tenerte de vuelta".

A pesar de su tono de voz, Marina sabía que él se preocupaba mucho por ella. Después de todo, era la única hija de la familia Mu, y era imposible que su padre no la quisiera. De hecho, él se arrepintió de haber echado a su hija de casa hace seis años, y ahora que había regresado, la familia podría estar junta.

Briana miró a su esposo y le dijo enfadada: "¡Eres muy terco! Ni siquiera cambiaste la puerta de nuestra casa porque creías que nuestra hija volvería algún día".

Cuando escuchó lo que ella dijo, Marina sintió un poco de alivio en su corazón y dijo emocionada: "Mamá, no digas eso. Todo fue mi culpa. De todos modos, si realmente hubieran cambiado la puerta, no habría podido encontrar el camino a casa".

Mike vio que los ojos de su madre estaban llenos de lágrimas, sabía que no podía contenerse en tal situación.

Asomó su cabecita, miró al anciano que tenía delante y, con los ojos iluminados, dijo amablemente: "Abuelo, es la primera vez que nos vemos. Pero mamá solía mostrarme fotos tuyas y de la abuela".

Al mirar a la pequeña figura que estaba frente a él, Phillip sintió una oleada de alegría en su interior. ¡Ese niño era su nieto! Aunque había estado en contra de que su hija lo tuviera, ahora estaba feliz de verlo.

Después de ordenar su equipaje, la chica escuchó sonar su teléfono, así que lo tomó para ver quién era. Cuando contestó, la persona al otro lado de la línea le dijo: "Marina, ¿por qué no me dijiste que volverías a casa?".

Al escuchar su tono molesto, ella respondió a modo de disculpa: "Lo siento, Albert. No quería acabar llorando en el aeropuerto. Ya he vuelto a casa y mis padres me han perdonado. Me voy a quedar aquí a partir de ahora".

Albert Yan quiso decir algo al respecto, pero al final se arrepintió y solo manifestó: "En el futuro, ¿puedes al menos decirme a dónde vas? Quería llevar a Mike al parque de atracciones después de mi viaje de negocios".

Más tarde esa noche, durante la cena, todos se sentaron alrededor de la mesa como una familia feliz. Phillip y Briana estaban encantados de ver a su pequeño nieto.

El hombre tampoco podía dejar de admirar lo mucho que había crecido su hija en los últimos seis años. "Marina, debió haber sido difícil para ti todos estos años", le dijo.

Ella negó con la cabeza, y afirmó: "No fue tan difícil, papá. De cualquier modo, fue mi culpa, pues no debí haberme ido. Si hubiéramos hablado al respecto, tal vez las cosas no habrían terminado así".

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