ManoBook > Moderno > Otoño Bajo La Nieve

   Capítulo 3 Callar

Otoño Bajo La Nieve Por Rose Butterfly Palabras: 9268

Actualizado: 2021-02-15 12:04


La mujer elegante no dejaba de mirar por la ventana del auto, estaba completamente absorta. “Señora, por favor, no me haga daño.” Suplicó mía en voz baja sacando a la mujer de su trance. “No sé quien sea, pero por favor no me haga daño.” Se secó levemente las lágrimas que no dejaban de caer por su pálido rostro. “Le agradezco todo lo que hizo por mí, incluso puedo trabajar y pagar los gastos de la clínica. Por favor, no me haga daño.” Suplicó. La señora asombrada la miró con compasión. “No pretendo hacerte daño, pero el que sufras es un efecto colateral.” Dijo con desdicha. Mía aclaró su voz, en su mente tenía la intención de negociar. “¿A dónde me lleva?” Preguntó nuevamente. La dama suspiró “Fraich, por favor detenga el auto.” Ordenó. El hombre bajó del automóvil al estacionarse junto a la carretera, de inmediato la señora tomó las manos de Mía: “Sé muy bien que soy soberbia, pues me gusta que las cosas se hagan a mi modo, puedes culpar a mi esposo por eso.” Dijo con una leve sonrisa. “Realmente la razón por la que vas conmigo es porque soy yo quien necesita de ti.” Suspiró con amargura. La mandíbula de Mía no pudo tocar el piso porque anatómicamente está sujeta a los demás huesos. Después de un segundo la mujer retomó con desdicha. “Tengo un hijo, su nombre es Frank, es muy apuesto.” Dijo con una sonrisa. “Es la luz de mis ojos, por esa razón le he mimado de forma exagerada, debes saber que mi esposo me lo advirtió…” Mientras la mujer hablaba de las bondades de aquel hijo Mía no pudo evitar echar un vistazo al sinnúmero de escenarios que se le venían a la mente. ´Seré aún más desdichada. ´ Afirmó para sí. “Verás, mi hijo ya es un adulto y quiero que siente cabeza, pero no con cualquier mujer…” Hizo silencio por un segundo buscando entender la expresión de la pequeña Mía. “Necesito que siente cabeza con una mujer que yo pueda ser capaz de controlar, y tú, cariño, ahora estás en deuda conmigo.” Concluyó la dama. La expresión de Mía permaneció inerte, esperando, tal vez, que fuese toda una broma, que la mujer solo estuviese jugándole una mala pasada. “No necesitas decir sí o no, como te dije ahora me perteneces.” La mujer hizo una señal al conductor y este volvió al auto. Después de unos segundos puso el auto en marcha. Mía no podía evitar el mar de pensamientos y emociones que estaba azotando en su interior. ´Jesús, ¿podrías por favor, por primera vez en mi vida hacer algo por mí? ´ imploró con sinceridad. Sentía incertidumbre, desdicha y desilusión; maldijo internamente a los tipos del parque, los culpo por toda su desdicha. Tragó saliva grueso un par de veces para evitar llorar. Sentía tanto dolor en su corazón que hasta el hermoso día soleado de la ciudad le parecía inerte. Pensó en lo mucho que sufrió su madre. Se recostó en el asiento del auto y cerró los ojos para intentar calmar sus emociones y pensamientos. Cuando tuvo consciencia el auto se había detenido frente al aeropuerto, Mía nunca había estado allí antes, sin darse cuenta ya se había embarcado en el avión, al momento del despegue recordó las palabras del hombre mayor que conducía el auto de la señora elegante. “Señorita, sé que esto parece malo per en realidad es lo mejor para usted, por favor haga lo que la señora le diga, y, por cierto, al momento de despegar respiré profundo. Todo estará muy bien.” Concluyó con una sonrisa calurosa que Mía nunca olvidaría. Así fue, al momento del despegue ella tomó aire hasta que prácticamente sus pulmones no podían recibir un poco más. La dama le había ordenado dormir mientras llegaban a la ciudad capital, Mía lo intentó, pero sus pensamientos se lo impidieron. Observó por la ventanilla del avión la vista hermosa de la ciudad capital, esa que había imaginado solo en sus sueños más lejanos, no pudo evitar derramar una lágrima pues con lo que un día había fantaseado feliz hoy era motivo de tristeza e incertidumbre. Al bajar del avión les recibió un nuevo auto de apariencia lujosa, esta vez un hombre más joven y de buen aspecto les recibió, a diferencia de el hombre mayor, este joven solo se limitó a saludar. Mía, se dedicó solo a observar vagamente el paisaje capitalino, los parques con los que un día soñó se tornaron grises, recordó lo muy infeliz que era al ver a una chica sostener unos globos de colores junto a sus padres, sintió mucho más dolor en su corazón. ´Jesús, ¿Alguna vez hice algo que te desagradara? ´ preguntó internamente. ´ ¿Acaso yo no soy digna de tu misericordia? ¿Qué no merezco entrar en tu estúpido reino? Suspiró al instante buscando consuelo en las nubes. Se repetía una y otra vez que Jesús no iba a escucharla

. ´No sé en realidad por qué siempre te busco o te llamo, al final no tengo la menor idea de si eres real, nunca te he visto ni sentido como dicen los otros. ¡Eres una farsa Jesús! ´ Concluyó. El auto se detuvo frente a una gran casa en lo que parecía ser un complejo habitacional muy hermoso, Mía descendió del auto con temor, esperando a que las palabras de aquel hombre mayor fueran reales. Se limitó a seguir a la mujer elegante hacia el interior de la casa, observó con detenimiento cada detalle del lugar, sin deseo alguno, solo con admiración. Pudo ver al final del corredor una gran piscina en la terraza. ´Jesús, líbrame de caer en tentación. ´ Elevó una plegaria mental. “Lía te mostrará tu habitación.” Dijo la dama. “Recuerda que solo estás aquí de paso. Arréglate para cenar, mi esposo y mi hijo llegarán pronto.” Lía parecía tener un poco más de la edad de Mía, le indicó que debía subir las escaleras y avanzar por el corredor, siempre con un gesto amable. “Esta es su habitación, señorita Mía.” Dijo la muchacha con voz dulce. Mía se sintió apenada por tanto formalismo. “Por favor, Lía, llámame Mía, sin formalismos.” Le indicó. Lía le sonrió con timidez y asintió. “En el armario podrá encontrar algunas prendas para vestir, espero que sean de su agrado, la señora Nebahar prefiere que use el vestido azul al lado izquierdo del armario.” Dijo con una sonrisa. Mía se aclaró la voz y preguntó: “¿Quién es la señora Nebahar?” Con una sonrisa Lía le respondió: “Es la mujer con la que llegaste.” Mía al fin pudo conocer el nombre de aquella mujer, aunque al principio había querido preguntárselo, sintió miedo todo el tiempo, ella realmente había conseguido intimidarla. Mía asintió con desilusión e intentó ir en busca del vestido azul que había mencionado la chica anteriormente. Se duchó con mucha vergüenza, cuidando de no usar demasiado producto pues entonces la deuda con la mujer elegante sería más grande. Buscó en el armario el vestido azul, sin embargo, no lo halló, cuando se giró para darse por vencida un hermoso vestido formal estaba dispuesto en la cama para ella, zapatos y hasta unos pendientes muy bonitos. El vestido era azul celeste, ajustado hasta la cintura y luego era holgado, llevaba unos detalles en piedras ligeramente llamativas en el cuello, sus mangas eran hasta la mitad del brazo y también tenían adornos de piedras en los dobladillos. Mía miró el vestido con desprecio, sin embargo, lo tomó para ponérselo en vista de que le había sido ordenado.Cuando estuvo lista, torpemente caminó hacia el espejo que estaba en una esquina de la habitación, miró su apariencia. Había lavado su cabello y lucía atractivo, lo había cortado antes de empezar su último trabajo. El vestido parecía haber sido diseñado para ella, se ajustaba perfectamente a su cuerpo y los zapatos eran muy de su talla. Había en la mesa del tocador había unos productos de maquillaje y cuidado facial, Mía tuvo temor de tomarlos, por lo cual pellizcó levemente sus mejillas para darle color a su pálido rostro, sonrió levemente para practicar, sin embargo, no pudo convencerse de su falsa sonrisa y se dio por vencida. Se sentó en el borde de la cama mirando todavía su reflejo en el espejo, parecía estar inmersa en sus pensamientos, dos toques en la puerta la sacaron de su trance. “¿Sí?” Preguntó. De inmediato la dama elegante abrió la puerta con una sonrisa, “Querida, ya llegaron, por favor, ven conmigo.” La mujer parecía verdaderamente alegre. Al ver su reacción Mía se puso de pie al instante y le preguntó: “¿Le gusta como me veo?” La mujer rompió en carcajadas, respondiendo: “Querida si hubiese sabido que no te ibas a ver hermosa jamás hubiese comprado ese vestido. ¡Date prisa!” Añadió.

Cuando llegaron al salón, había tres hombres hablando de números frente a una chimenea de estilo moderno, uno de ellos era un hombre mayor, Mía de inmediato identificó que ese hombre era el esposo de la señora elegante. “Querido, esta es Mía.” Expresó la mujer, todos los hombres voltearon a verla. Mía no supo identificar cual de los dos hombres restantes era Frank, sin embargo, saludó a todos de forma amable y sincera. De repente uno de ellos con una voz tosca y poco amable le dijo: “No vales el escándalo que han armado por ti.” Y se giró para caminar hacia el comedor. El rostro de Mía palideció al igual que el de todos los presentes. Ella siguió la silueta de aquel hombre sin poder todavía asimilar lo que acababa de escuchar. Tragó saliva intentando recoger su dignidad ´Señor Jesús, soy tu hija, ayúdame a superar estas pruebas ya que te encanta que esté llena de ellas. ´ Rogó en su interior.

(← Acceso rápido del teclado) Anterior Contenidos (Acceso rápido del teclado →)
 Novels To Read Online Free

Escanea el código para descargar la aplicación Manobook.

Subir

Compartir