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   Capítulo 29 Regresar juntos a A City

Antes Que Salga El Sol Por Débora Peron Palabras: 8219

Actualizado: 2021-04-06 04:45


Temprano en la mañana, Jean fue a contarle su plan a Chris, a quien no le pilló por sorpresa.

De hecho, le prometió que buscaría a una persona de otro hotel para que ocupara su puesto lo antes posible.

Después de hacer las averiguaciones correspondientes, la chica se tomó un minuto para reunir fuerzas y luego se puso a trabajar. Si no lo daba todo en su trabajo, no se lo perdonaría a sí misma.

Stark iba saliendo cuando se cruzó con ella en el vestíbulo del hotel. Ambos se quedaron mirándose hasta que cada uno siguió su camino. La chica fingió estar calmada y evitó su mirada mientras seguía con su trabajo.

Jean tuvo la sensación de que Stark se había quedado un buen rato en el vestíbulo antes de marcharse.

Ella se mordió el labio, diciéndose a sí misma que lo más importante en ese momento era que regresara a A City. Una vez que lo hiciera, se quitaría a Stark de encima.

En el transcurso de los siguientes dos días, este se percató de que la chica lo estaba evitando a propósito. Mientras ese pensamiento lo devoraba por dentro, caminaba de un lado a otro en su habitación.

El ochenta cumpleaños de su abuela era en tres días y tenía que estar en A City un día antes. Eso significaba que solo tenía dos días para hacer algo.

Antes de sentarse a hacer una llamada, estuvo reflexionando.

"Soy yo. Necesito que hagas algo por mí", expuso mientras su asistente le contestaba al teléfono.

"Dígame, señor Lu. ¿Qué quiere que haga?".

"Me di cuenta de que la sede de B City tiene buenas perspectivas. Por eso he decidido hacerme cargo personalmente de la filial durante dos meses después del cumpleaños de mi abuela y dirigir su futuro desarrollo", manifestó con autoridad.

El otro vaciló por un momento antes de decir con torpeza: "Pero su padre... no creo que quiera abandonar la sede central durante tanto tiempo".

"Tú ocúpate de mi agenda y yo haré el resto".

"Está bien, señor Lu. Yo me hago cargo".

Tras esa breve conversación, Stark colgó y miró por la ventana con sentimientos encontrados. Solo él sabía por qué había elegido quedarse en B City.

El hotel era pequeño y el trabajo de Jean requería que ella supervisara todo el establecimiento. Por eso, por mucho que lo estuviera esquivando, terminaría encontrándose con él en algún lugar y en algún momento.

La chica estaba en el piso 11, a punto de bajar en el ascensor. Cuando se abrió la puerta, levantó la mirada y vio a Stark con una expresión de sorpresa igual que la suya.

Jean se recuperó rápidamente y entró, dándose la vuelta para mirar al frente al mismo tiempo que esperaba a que él saliera. No obstante, él extendió la mano para presionar el botón del vestíbulo y ella lo miró confundida.

¿No quería ir a su habitación?

El ascensor comenzó a bajar, demasiado lento para su gusto. Los dos permanecieron en silencio, sintiendo la tensión en el ambiente.

Cuando la chica salió, el hombre seguía callado.

Con la sensación de que algo andaba mal, Jean volvió a mirar a Stark con el ceño fruncido. Este, por su parte, no salió del ascensor. En lugar de eso, subió al undécimo piso otra vez.

¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué subía y bajaba si no tenía intención de salir?

Una vez que Jean asumió que, definitivamente, no lo entendía, dejó de darle vueltas a la cabeza. "Es un bicho raro", murmuró antes de volver al trabajo.

Stark volvía a A City en un vuelo que salía al medio día, de modo que hizo las maletas y después se fue al restaurante a desayunar.

Allí se encontró nuevamente con Jean, sin el uniforme del hotel, desayunando en una mesa de la esquina.

Cuando el hombre se le sentó enfrente, ella se puso tensa, dejó los palillos sobre la mesa y se dispuso a levantarse, pero él le dijo:

"Detente. Tengo que decirte algo".

"A partir de hoy, ya no soy...", comenzó a decir ella. No obstante, pensó que no debía dejarle la tarea tan difícil de Stark al nuevo gerente del vestíbulo.

Por ello, se tragó sus palabras y expuso con indiferencia: "Señor Lu, ¿qué puedo hacer por ti?".

Stark simplemente lanzó una mirada al asiento que acababa de dejar

libre Jean, quien comprendió de inmediato el gesto. Estaba que echaba humo, pero se acabó sentando nuevamente.

"Me iré por unos días, pero volveré pronto", manifestó él con frialdad.

La chica se quedó atónita y lo miró confundida. Él era solo un cliente del hotel. ¿Por qué le contaba eso? No tenía que informarle cada vez que se fuera, ¿o sí?

El hombre se sintió incómodo bajo su mirada y agachó la cabeza. Se percibía claramente que estaba tratando de mostrarse impasible. Entonces, dijo: "Sé que te hace feliz y que te estás riendo por dentro. Si me voy, nadie te molestará".

"Señor Lu, aprecio que seas tan consciente de que tu existencia es molesta", intervino Jean sin rastro de emoción en su rostro.

Stark, por su parte, hizo un gesto con la boca, pero se mantuvo tranquilo.

Esa reacción le pareció aún más extraña a ella, que mirando su reloj, le dijo: "Tengo que irme. Disfruta de tu desayuno".

La chica llevaba puesto unos pantalones holgados y unas sandalias con tiras, las cuales no se dio cuenta de que se le habían desabrochado. Cuando apenas dio un par de pasos, se tropezó.

Antes de caerse al suelo, Stark se levantó y la agarró.

Permaneciendo en sus brazos en estado de shock, Jean trató de recobrar el sentido. La situación hizo sonreír al hombre, que declaró:

"Parece que no quieres que me vaya".

El tono burlón de su voz la hizo volver a la realidad, y se apartó rápidamente. Después, apretó los dientes con molestia y le respondió: "El exceso de autoconfianza es una especie de enfermedad mental. Te aconsejo que consultes a un psicólogo".

La chica miró por última vez al sonriente Stark antes de darse la vuelta y marcharse.

Cuanto más pensaba en ello, más se enojaba. Al final, se quitó las sandalias, las recogió del suelo y subió las escaleras descalza.

Él la siguió con la mirada al mismo tiempo que los gestos de ella suavizaban su frío rostro.

Después del desayuno, el hombre salió del hotel y tomó un taxi. Justo cuando se fue, Jean salió también con su equipaje.

"Gerente Jian, vuelva a visitarnos cuando tenga tiempo, por favor. La extrañaré mucho", dijo Lina con lágrimas en los ojos.

Jean sonrió y le dio un abrazo: "No se preocupen. Vendré a verlos. Pero recuerden llamarme si vienen a A City. Los invitaré a cenar".

Chris cargó su equipaje en el maletero del taxi y se acercó a ellas con una sonrisa. "Se hace tarde, Lina. Si la gerente Jian no se va ya, perderá el avión".

La chica soltó a su superior a regañadientes, frunciendo los labios mientras lo hacía.

Jean se subió al auto y se despidió de ellos mientras se alejaba del hotel y se dirigía al aeropuerto.

Cuando llegó, se registró, abordó el avión y se instaló en su asiento, preparándose para un cómodo viaje. Entonces, se puso el antifaz para dormir.

Mientras tanto, Stark abordó el mismo avión y se sentó en la fila de la derecha de Jean. El hombre se puso a mirar por la ventanilla y una tormenta de sentimientos se desató en su interior.

Mientras sus ojos se movían sin rumbo por la cabina, se sorprendió al descubrir que la persona que ocupaba su mente estaba sentada a solo unos metros de él. ¿Qué clase de manifestación extraña era esa?

Una vez que se recuperó de su asombro, llamó a la azafata y le susurró algo al oído. Esta asintió con la cabeza, sonriendo, y un minuto después, el pasajero sentado al lado de Jean se levantó.

Stark cambió su asiento por el de él.

Jean aún no se había quedado dormida, de modo que sintió los movimientos de al lado mientras el pasajero se acomodaba. De hecho, pensó que quizá volvía del baño, y no le prestó atención. Lo que no sabía era que esa persona no era la misma de antes.

El avión estaba despegando. La chica no había descansado bien la noche anterior y cuando se quedó dormida, su cuerpo comenzó a sacudirse por el despegue. Su cabeza estaba a punto de caerse cuando Stark se inclinó y la colocó gentilmente en su hombro.

Apoyándose en el cómodo "cojín", en el que pensaba que reposaba su cabeza, Jean se durmió profundamente sin percatarse de la afectuosa mirada de Stark.

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