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   Capítulo 30 ¿Has tomado una decisión

Antes Que Salga El Sol Por Débora Peron Palabras: 8254

Actualizado: 2021-04-06 04:55


Jean durmió durante casi tres horas.

En un momento determinado, la azafata comenzó a empujar el carrito de la cena por el pasillo y se detuvo en su fila. "Señor, señorita, ¿qué desean?".

Aunque la mujer habló en voz baja, Jean se despertó y se dio cuenta inmediatamente de que había estado apoyada en el hombro del pasajero que estaba a su lado. Entonces, se incorporó de golpe y se apresuró a disculparse antes incluso de quitarse el antifaz. "Lo siento mucho. No quise molestarlo".

Cuando al fin se quitó el antifaz, se encontró con un rostro muy familiar sentado junto a ella y sus ojos se abrieron de par en par. "¡Stark! ¡Tú otra vez!".

Este, por su parte, no le hizo caso y miró a la azafata. "Dos porciones de arroz con pollo y dos botellas de agua".

La mujer sonrió y asintió con la cabeza. Luego colocó el pedido en la bandeja del hombre y siguió empujando el carrito.

Stark abrió una de las loncheras y la puso frente a Jean. "Come, tienes hambre, ¿no?".

Ella seguía en estado de shock. "¿Qué se supone que haces en este vuelo? ¡Me estás acosando!".

"Déjate de tonterías. Tengo que volver a A City. Mañana es el cumpleaños de mi abuela". El hombre hizo una pausa y la miró enarcando una ceja. "Parece que eres tú quien me acecha".

"¿Disculpa? ¿Estás loco? Tengo cosas que hacer en A City...".

Ella observó su expresión de suficiencia y dejó de hablar. ¡No tenía la obligación de darle explicaciones!

Después frunció los labios con desdén y se alejó de él, tratando de mantener la mayor distancia que sus asientos le permitían. Su intención era fingir que no se conocían de nada.

A Stark no le ofendió su actitud. Es más, sonrió y se volvió para continuar disfrutando de su comida.

"Eres una persona muy voluble. Primero, te apoyas en mí y me babeas la ropa, y después me hablas con total desprecio".

La chica se giró rápidamente hacia él e inspeccionó su hombro izquierdo. No había nada, excepto unas arrugas en el traje.

Ella estaba a punto de decírselo cuando se encontró con su mirada, burlona y juguetona. ¡Maldita sea, había caído en otro de sus trucos! Jean cerró los ojos y apretó los dientes con frustración antes de darse la vuelta de nuevo.

El avión aterrizó en el aeropuerto internacional de A City. Stark había estado de buen humor durante todo el vuelo y su sonrisa no desapareció ni un segundo de su rostro.

Jean, por su parte, había estado ignorándolo. Cuando desembarcaron, ella fue a recoger su equipaje y luego se dirigió a la salida sin mirar atrás ni una sola vez.

A mitad de camino, se paró para revisar su celular, preguntándose si debería llamar a Andy.

"¿Dónde vives? Te llevaré a casa", intervino Stark.

Al levantar la mirada, ella lo vio parado detrás de sí y le dio una respuesta fría e inmediata. "No, gracias, señor Lu. Van a venir a recogerme".

"No has llamado a Andy todavía, ¿verdad? No hay necesidad de molestarlo. Yo puedo llevarte".

Haciendo la vista gorda a su obvia desgana, el hombre tomó su maleta y se dirigió a la salida.

"¡Stark, devuélveme mi equipaje!", exclamó la chica de inmediato.

"Solo si vienes conmigo".

La joven lo fulminó con la mirada, deseando quitárselo de encima cuanto antes. La realidad, no obstante, era que tenía que seguirlo, así que fue tras él a regañadientes.

El hombre se detuvo en uno de los autos estacionados frente al aeropuerto. Su asistente salió del vehículo al instante y lo saludó haciendo una reverencia. "Señor Lu".

Stark asintió brevemente y luego miró a Jean. "Dirección".

"¡Devuélveme mi maleta!".

Él la ignoró y repitió: "Dime tu dirección".

Jean apretó los puños y los labios.

Ninguno de los dos se movía; el pobre asistente se llevó la peor parte de esa disputa, pues percibía la pesada y sofocante tensión en el aire, y tragó saliva.

Una pelea en toda regla estaba destinada a estallar en cualquier momento. De repente, una suave voz se entrometió, haciendo que se sintiera más tenso el ambiente.

"Jean, llegaste antes de lo esperado. ¿Por qué no me llamaste? Pensé que habías perdido el vuelo".

Con una sonrisa despreocupada, Nico

las se acercó y le pasó el brazo por el hombro.

Los ojos de Stark se oscurecieron. Afortunadamente, ella apartó a toda prisa la mano de Nicolas. De no haberlo hecho, Stark le habría roto el brazo sin pensarlo.

Nicolas echó un ojo a la maleta que Stark había arrastrado junto a su coche y extendió una mano. "Te pido disculpas, señor Lu. Veo que tuviste que ayudar a Jean con su equipaje. Te invitaré a cenar la próxima vez para expresar mi gratitud".

Stark no le prestó atención y miró a la chica con una expresión siniestra en su rostro.

"Jean, vamos. Te llevaré a casa", se ofreció Nicolas.

Aunque confundida por su repentina aparición, la joven prefería la compañía de Nicolas, de modo que asintió con la cabeza.

Cuando se disponía a marcharse con él, el otro la agarró por la muñeca y tiró de ella hacia atrás. Aquello la pilló tan por sorpresa que acabó estallando.

"Suéltame la mano, señor Lu, por favor. La persona que se suponía que iba a recogerme está aquí".

"¿Has olvidado lo que te dije en B City?".

"¿Has olvidado tú que no hay nada entre nosotros, señor Lu?", replicó ella. "No tengo por qué escucharte", añadió.

"¡Jean!". Él tiró nuevamente de la joven, esta vez más fuerte.

Entonces Nicolas intervino dando un paso al frente y lo agarró del brazo para detenerlo. "Aprecio tu amabilidad por querer llevarla a casa", expuso él con una leve sonrisa. "Pero será mejor que la dejes ir ahora. No querrías que ella apareciera en los titulares de mañana, ¿verdad?", agregó el hombre.

Por la mente de Stark pasó la voz de su amigo Joe: "Tras la publicación de la noticia hace dos días, muchas personas la han ridiculizado a sus espaldas en A City".

Stark no tuvo más remedio que soltarla y se quedó observando cómo se alejaban.

Al cabo de un rato, su asistente le preguntó en voz baja: "Señor Lu, ¿volvemos nosotros también?".

Este respiró hondo y subió al auto con el rostro frío y sin expresión.

El aire dentro del vehículo era tan denso y deprimente como en el aeropuerto. El asistente sintió que cada vez le costaba más respirar, y trató por todos los medios de encontrar un tema de conversación sobre el que hablar con el hombre melancólico sentado atrás.

"Señor Lu, tal y como usted me pidió hace dos días, he despejado su agenda para los próximos dos meses. Puede permanecer en la filial de B City con total tranquilidad".

"Olvídate de eso. Mantén mi agenda de antes. Se suspende temporalmente el plan de quedarse en B City".

"Está bien", respondió el otro. La respuesta de su jefe lo desconcertó, pero no se atrevió a preguntar por las razones.

Mientras tanto, en el auto de Nicolas...

"¿De verdad viniste al aeropuerto a recogerme?", le preguntó la chica directamente. "No recuerdo haberte contado nada de mi viaje de hoy".

El hombre le sonrió. "No me resulta difícil enterarme de estas cosas. Tengo conexiones con las personas que te rodean. El día que fui al Wonder Hotel, la recepcionista me dio tu cuenta de WeChat".

"Eres un auténtico don Juan, señor Shen. Nunca dejas de coquetear con las chicas donde quiera que vayas, ¿eh?".

Él sonrió, percibiendo claramente la ironía de esas palabras.

"Para el coche ahí más adelante. Quiero bajarme".

"¿Por qué te molestas? Ya que estás aquí, déjame que te lleve a casa, ¿no?". Luego agregó: "No te preocupes. Te dejaré en la intersección más cercana a tu casa. No me voy a presentar a tu familia".

Jean lo miró con los ojos entrecerrados mientras él levantaba el dedo índice y le hacía un gesto para que no le continuara discutiendo.

Al final, Nicolas paró el lugar que le había prometido y luego se volvió hacia ella. "¿Has tomado una decisión con respecto a lo que hablamos la última vez?".

La chica se mordió los labios y contestó: "Este...".

"Bueno, de todos modos, no tengo prisa. Tómate tu tiempo para pensarlo".

Él, con una sonrisa en sus labios, se quedó mirando cómo bajaba del auto y caminaba hacia su casa.

Fue culpa de Stark que Nicolas tuviera que regresar a A City con tanta prisa. De modo que esa pequeña escena en el aeropuerto fue solo una venganza.

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