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   Clásico 2 No.2

El Camino Del Arco Por Paulo Coelho Palabras: 7781

Actualizado: 2018-11-14 00:03


Y en cuanto hubieron bajado de la montaña, Tetsuya le explicó el camino del arco.

2. LOS ALIADOS

El arquero que no comparte con otros la alegría del arco y de la flecha, jamás conocerá sus propias cualidades y defectos.

Por lo tanto, antes de ponerte a buscar nada, búscate aliados: gente que se interesa por lo que estás haciendo.

No digo: "busca otros arqueros." Digo: encuentra personas con diferentes habilidades, porque el camino del arco no es diferente de cualquier otro camino que se sigue con entusiasmo.

Tus aliados no serán necesariamente aquellas personas a quienes todos miran, ante quienes se deslumbran y de quienes afirman: "no hay nadie mejor." Muy al contrario: serán aquéllos que no temen errar, y sin embargo yerran. Por ello, su trabajo no siempre es reconocido. Pero es esa clase de persona la que transforma el mundo, la que, tras muchos errores, consigue acertar en algo que marcará un antes y un después en su comunidad.

Son personas que no pueden quedarse esperando los acontecimientos para después tomar la mejor decisión: ellos deciden a medida que actúan, aun sabiendo los riesgos que con ello corren.

Convivir con estas personas es importante para un arquero, porque éste necesita entender que, antes de colocarse frente al blanco, debe ser lo bastante libre para cambiar de dirección a medida que lleva la flecha hacia delante de su pecho.

Cuando abre la mano y suelta la cuerda, debe decirse a sí mismo: "mientras abría el arco, recorrí un largo camino. Ahora suelto esta flecha con la conciencia de que he arriesgado lo suficiente y he dado lo mejor de mí."

Los mejores aliados son aquéllos que no piensan como los demás. Por eso, cuando busques compañeros para compartir con ellos el entusiasmo del tiro, sigue tu intuición y no te dejes llevar por los comentarios ajenos. Las personas siempre juzgan a los demás poniendo como modelo sus propias limitaciones, y a veces la opinión de la comunidad está llena de prejuicios y temores.

Únete a los que experimentan, arriesgan, caen, se hieren y vuelven a arriesgar.Apártate de quienes afirman verdades, critican a quienes no piensan como ellos, jamás dan un paso sin tener la seguridad de que se les respetará por ello, y prefieren tener certezas a tener dudas.

Únete a los que se exponen y no temen ser vulnerables: ellos entienden que las personas sólo podemos mejorar cuando vemos lo que hace el prójimo, no con el fin de juzgarlo sino para admirarlo por su dedicación y coraje.

Tal vez pienses que el tiro con arco no puede interesar a un panadero o a un agricultor, pero yo te digo: ellos ven, aprenden, y ponen lo que aprenden en aquello que están haciendo.

Tú harás lo mismo: aprenderás como el buen panadero a usar las manos y a saber la mezcla exacta de los ingredientes.Aprenderás como el agricultor a tener paciencia, a trabajar duro, a respetar las estaciones, y a no blasfemar contra las tormentas, pues ello sería una pérdida de tiempo.

Únete a los que son flexibles como la madera de tu arco y entienden las señales del camino. Son personas que no dudan en cambiar de rumbo cuando se topan con un obstáculo insalvable, o cuando vislumbran una oportunidad mejor.

Tales son las cualidades del agua: pasar entre las rocas, adaptarse al curso del río y transformarse a veces en un lago hasta que la depresión está rebosando y puede seguir su curso. Porque el agua no olvida que su destino es el mar, y que tarde o temprano deberá llegar a él.

Únete a los que jamás dijeron: "se acabó, aquí me detengo". Porque así como al invierno le sigue la primavera, nada termina: después de alcanzar tu objetivo hay que comenzar de nuevo, empleando en todo momento lo que aprendiste en el camino.

Únete a los que cantan, cuentan historias, disfrutan la vida, y tienen alegría en los ojos. Porque la alegría es contagiosa, y siempre consigue evitar q

ue nos dejemos paralizar por la depresión, la soledad y las dificultades.

Únete a los que hacen su trabajo con entusiasmo. Pero para poder serles útil como ellos te son útiles a ti, debes saber cuáles son tus herramientas, y cómo puedes perfeccionar tus habilidades.

Por tanto, ha llegado el momento de conocer tu arco, tu flecha, tu blanco y tu camino.

3. EL ARCO

El arco es la vida: dale toda tu energía.

La flecha partirá un día.

El blanco está lejos.

Pero el arco permanecerá siempre contigo, y hay que saber cuidarlo.

Necesita períodos de inactividad: un arco siempre armado, en estado de tensión, pierde su potencia. Por tanto, déjalo que repose y recupere su firmeza.Así, cuando estires la cuerda, estará contento y con su fuerza intacta.

El arco no tiene conciencia: es un prolongamiento de la mano y el deseo del arquero. Sirve para matar o para meditar. Por ello, sé siempre claro en tus intenciones.

Un arco tiene flexibilidad, pero también tiene un límite. Un esfuerzo más allá de su capacidad lo romperá, o dejará exhausta la mano que lo sostiene. Por lo tanto, procura estar en armonía con tu instrumento y no le exijas más de lo que te puede dar.

Un arco o bien reposa o bien se tensa en la mano del arquero. Pero la mano no es sino el lugar donde se concentran todos los músculos del cuerpo, todas las intenciones del tirador, todo el esfuerzo para el tiro. Por lo tanto, para mantener con elegancia el arco abierto, haz que cada parte dé sólo lo necesario, y no disperses tus energías.

De este modo, podrás disparar muchas flechas sin cansarte.

Para entender tu arco, es preciso que se convierta en parte de tu brazo y sea una extensión de tu pensamiento.

4. LA FLECHA

La flecha es el intento.

Es lo que une la fuerza del arco con el centro del blanco.

El intento tiene que ser cristalino, recto, bien equilibrado. Una vez haya partido no volverá, por lo que, si los movimientos que llevaron hasta el tiro no fueron precisos y correctos, es mejor interrumpirlo que actuar precipitadamente sólo porque el arco ya estaba tenso y el blanco, esperando.

Pero jamás dejes de soltar la flecha si lo único que te detiene es el miedo a errar. Si has hecho los movimientos correctos, abre la mano y suelta la cuerda. Aunque no des en el blanco, sabrás afinar la puntería la próxima vez.

Si no te arriesgas, nunca sabrás qué cambios eran necesarios.

Cada flecha deja un recuerdo en tu corazón, y es la suma de estos recuerdos lo que te hará disparar cada vez mejor.

5. EL BLANCO

El blanco es el objetivo a alcanzar.

Fue escogido por el arquero, pero está lejos, y no podemos jamás culparlo si no lo alcanzamos. En eso reside la belleza del camino del arco: nunca puedes disculparte diciendo que el adversario era más fuerte.

Tú escogiste tu blanco y eres responsable de él.

El blanco puede ser mayor o menor, estar a la derecha o a la izquierda, pero tú siempre tienes que colocarte frente a él, respetarlo y hacer que se aproxime mentalmente. Sólo cuando se encuentre en la punta de tu flecha debes soltar la cuerda.

Si ves el blanco como enemigo, podrás quizá acertar el tiro, pero no conseguirás mejorarte en nada a ti mismo. Te pasarás la vida intentando colocar una simple flecha en el centro de una cosa de papel o madera, lo que es absolutamente inútil. Y cuando estés en compañía, te quejarás de que no haces nada interesante.

Por eso, debes escoger tu blanco, dar lo mejor de ti para alcanzarlo, y mirarlo siempre con respeto y dignidad: sé consciente de lo que significa, y de cuánto esfuerzo, entrenamiento e intuición has necesitado.

Cuando mires al blanco, no te concentres sólo en él, sino en todo lo que sucede a tu alrededor, porque la flecha, al ser disparada, se encontrará con factores con los que tú no cuentas, como el viento, el peso o la distancia.

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