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   Clásico 3 No.3

El Camino Del Arco Por Paulo Coelho Palabras: 7777

Actualizado: 2018-11-14 00:03


Tienes que entender el blanco. Debes preguntarte constantemente: "si yo soy el blanco, ¿dónde estoy? ¿Cómo puedo ser alcanzado de modo que dé al arquero la honra que merece?"

Porque un blanco sólo existe en la medida en que existe el arquero. Lo que justifica su existencia es el deseo del arquero de alcanzarlo. Sin él, sería una cosa muerta, un pedazo de papel o madera al que nadie prestaría atención.

Así, de la misma manera que la flecha busca el blanco, el blanco también busca la flecha, porque es ella la que da sentido a su existencia: ya no es un pedazo de papel, sino el centro del mundo de un arquero.

6. LA POSTURA

Una vez se ha entendido el arco, la flecha y el blanco, hay que tener serenidad y elegancia para aprender la práctica del tiro.

La serenidad viene del corazón. Aunque muchas veces lo atormenta la inseguridad, el corazón sabe que, a través de una postura correcta, conseguirá dar lo mejor de sí.

La elegancia no es algo superficial, sino la manera que encontró el hombre para honrar la vida y el trabajo. Por eso, cuando a veces sientes que la postura te incomoda, no debes pensar que es falsa o artificial: es verdadera porque es difícil.

Hace que el blanco se sienta honrado por la dignidad del arquero.

La elegancia no consiste en la postura más cómoda, sino en la más adecuada para que el tiro sea perfecto.

La elegancia se logra cuando se descarta todo lo superfluo y el arquero descubre la simplicidad y la concentración: cuanto más simple y sobria sea la postura, más bella será.

La nieve es bonita porque tiene un solo color, el mar es bonito porque parece una superficie plana. Pero tanto el mar como la nieve son profundos y conocen sus cualidades.

7. CÓMO SUJETAR LA FLECHA

Sujetar la flecha es estar en contacto con su intención.

Hay que mirarla en toda su longitud, ver si las plumas que guían su vuelo están bien colocadas, verificar la punta y cerciorarse de que está afilada, y comprobar que está recta y no quedó curvada o dañada en un tiro anterior.

La flecha, con su simplicidad y liviandad, puede parecer frágil, pero la fuerza del arquero consigue que pueda llevar consigo la energía de su cuerpo y de su mente.

Cuenta la leyenda que una simple flecha fue capaz de hundir un navío: el hombre que la disparó sabía dónde se hallaba la parte más delgada de la madera, con lo que abrió un agujero que permitió que entrara el agua en la bodega sin hacer ruido y acabó así con la amenaza de invasión que pendía sobre su aldea.

La flecha es la intención que deja la mano del arquero y parte en dirección al blanco. Por lo tanto, es libre en su vuelo, y seguirá el camino que le fue destinado en el momento del tiro.

Será tocada por el viento y por la gravedad, pero eso es parte de su recorrido: una hoja no deja de ser hoja porque una tormenta la arranque del árbol.

Así es la intención del hombre: perfecta, recta, afilada, firme, certera. Nadie la puede detener cuando cruza el espacio que la separa de su destino.

8. CÓMO SUJETAR EL ARCO

Ten calma y respira profundamente.

Todos tus movimientos son percibidos por tus aliados, que te ayudarán en lo que sea necesario.

Pero no olvides que también el adversario está observando, y conoce la diferencia entre la mano firme y la mano trémula: por lo tanto, si estás tenso, respira hondo, pues eso te ayudará a concentrarte en todas las etapas del tiro.

En el momento en que sujetas el arco y lo colocas, con elegancia, delante del cuerpo, repasa mentalmente cada etapa que te llevó a preparar el tiro.

Pero hazlo sin tensión, pues es imposible tener todas las reglas en la cabeza. Y con el espíritu tranquilo, a medida que repases cada etapa, te darás cuenta de cuáles fueron los momentos más difíciles, y de cómo los superaste.

Eso te dará confianza, y tu mano dejará de temblar.

9. CÓMO TENSAR LA CUERDA

El arco es un instrumento de música y es en la cuerda donde se manifiesta su sonido.

La cuerda es grande, pero la flecha la toca sólo en un pequeño punto, y es en este punto donde debe concentrarse toda la sabiduría y experiencia del arquero.

Si este punto se inclina un poco a la derecha, o un poco a la izquierda, si está por encima o por debajo de la línea de tiro, nunca se alcanzará el objetivo.

Por lo tanto, al tensar la cuerda, sé como el músico que toca su instrumento.

En la música, el tiempo es más importante que el espacio: un conjunto de notas colocadas en línea no quiere decir nada, pero quien lee lo que allí está escrito es capaz de transformar esta línea en sonidos y compases.

Así como el arquero justifica la existencia del blanco, la flecha justifica la existencia del arco: puedes lanzar una flecha con la mano, pero un arco sin flecha no tiene ninguna utilidad. Por lo tanto, cuando abras los brazos, no pienses que estás estirando el arco.

Piensa que la flecha es el centro, inmóvil, y tú estás haciendo que arco y cuerda se le aproximen por los extremos hasta tocarla con cuidado y pedirle que cooperen contigo.

10. CÓMO MIRAR EL BLANCO

Muchos arqueros se quejan de que, a pesar de haber practicado el arte del tiro durante años, aún sienten que el corazón se les dispara de ansiedad, que les tiembla la mano, que les falla la puntería.

Tienen que entender que aunque un arco o una flecha no pueden cambiar nada, el arte del tiro hace que nuestros errores sean más evidentes.

El día que no sientas amor por la vida, tu tiro será confuso, complicado.

Verás que estás sin fuerza suficiente para estirar al máximo la cuerda y que no consigues hacer que el arco se curve como debe.

Esa mañana, cuando veas que tu tiro es confuso, intenta descubrir qué provocó tal imprecisión. Ello hará que tengas que enfrentarte a un problema que te incomoda, pero que hasta entonces estaba oculto.

También sucede lo contrario: tu tiro es seguro, la cuerda suena como un instrumento musical, los pájaros cantan alrededor. Entonces te darás cuenta de que estás dando lo mejor de ti mismo.

Mientras tanto, no te dejes llevar por los tiros de la mañana, sean éstos precisos o inseguros. Te quedan aún muchos días por delante, y cada flecha es una vida en sí misma.

Aprovecha los malos momentos para descubrir qué te hace temblar.

Aprovecha los buenos momentos para encontrar el camino que ha de llevarte a la paz interior.

Pero que ni temor ni alegría te detengan: el camino del arco es un camino sin fin.

11. EL MOMENTO DE DISPARAR

Existen dos tipos de tiro.

El primero es aquél que se da con precisión, pero sin alma. En este caso, aunque el arquero tenga un gran dominio de la técnica, se concentra exclusivamente en el blanco, y por eso no ha evolucionado, se ha vuelto repetitivo, no ha conseguido crecer, y un día dejará el camino del arco, pues siente que se ha convertido en una rutina.

El segundo tiro es el que se da con el alma. Cuando la intención del arquero se transforma en el vuelo de la flecha, su mano se abre en el momento justo, el sonido de la cuerda hace que los pájaros canten, y el gesto de disparar a algo en la distancia provoca, paradójicamente, un retorno y un encuentro con uno mismo.

Tú sabes el esfuerzo que costó abrir el arco, respirar hondo, concentrarte en tu objetivo, tener clara tu intención, mantener la elegancia de la postura, respetar el blanco.

Pero también debes comprender que nada en este mundo permanece con nosotros por mucho tiempo: en algún momento tu mano tendrá que abrirse y dejar que tu intención siga su destino.

Por lo tanto, la flecha tiene que partir, por más amor que sientas por cada paso que te llevó a la postura elegante y a la posición correcta, y por más que admires sus plumas, su punta, su forma.

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