MoboReader> Historia > Cuentos amatorios

   Clásico 5 No.5

Cuentos amatorios By Pedro Antonio de Alarcón Palabras: 8222

Updated: 2018-11-14 00:03


Por aquí iba Alejandro en sus cavilaciones, cuando se abrió la puerta de la casa de Elisa, dando paso a una criada que salía y al aguador que entraba.

Nuestro joven giró sobre los tacones y emprendió el camino de su casa.

Al pasar por las Cuatro Calles, fijaban los carteles de los teatros, y leyó en uno de ellos:

Teatro Real. -Saffo.

-¡Me alegro! (pensó, olvidándose de Elisa). ¡Es función par! Les toca a las del Embajador de Tres Estrellas y llevarán a Mariana.

Aquí miró el reloj. Eran las ocho.

Tomó un coche, y se dirigió a su casa.

En ella le aguardaba un billete muy perfumado que acababan de llevar…

Era de la Baronesa.

-¿Qué habrá ocurrido? -pensó Alejandro con cierta alarma. -Hace una hora que nos separamos…

Decía el billete:

«Antes de acostarme necesito repetirte mil veces que… ».

-¡Adelante! -exclamó el joven, volviendo la hoja.

«Esta noche voy al teatro del Príncipe. Federico tiene junta, y no me acompaña. ¡Que no dejes de ir, y a sitio donde yo te esté viendo toda la noche. Después tomaremos el té juntos en casa… ».

-¡Pues es una friolera! (murmuró Alejandro, arrojando la carta y empezando a desnudarse). -Oye, Bautista(dijo luego a un criado). Esta tarde a las tres vas en casa de la señora Baronesa, y le notificas que estoy malo; y si viene a verme esta noche -(que vendrá)- dile, a fin de que no entre, que mi tío está conmigo. -Ahora manda por una butaca al teatro Real. -Cierra el balcón. -Que no me despierten. -¡Ah! Si viene mi tío, dile que estoy en Aranjuez. A las dos me entras el almuerzo, y luego me llamas a las seis. -No como en casa. -Buenas noches.

Dijo, y se durmió, aborreciendo a la Baronesa, balbuceando el nombre de Elisa, y deseando soñar con Mariana.

No acabaré, empero, este primer capítulo sin advertir a mis lectores que ninguna de estas tres mujeres es la heroína de la presente historia.

- II - Complot

Terminaba el primer acto de Saffo.

Era la noche de Santa Lucía de 1852.

La Novello estaba sublime.

Alejandro se hallaba en un palco de platea con sus amigos Luis y Cipriano, partidarios acérrimos de la D'Angri, que cantaba la parte de Faon.

-¡Quién fuera amado de esa manera! -exclamó Alejandro durante aquella magnífica escena en que la poetisa derriba el ídolo.

-¡Ya no se ama con tanto empuje! -dijo Cipriano.

-¡Saffo es un mito! -repuso el primero, recostándose en un sillón.

¡Amar hasta el suicidio! ¡Eso es imposible!

-¡Eso sólo lo hace una poetisa!

-¡Oh! ¡Ser amado de ese modo! (continuó Alejandro). ¡Ser adorado, idolatrado, canonizado, divinizado! ¡Eso fuera el cielo! Nuestras mujeres de hoy no aman: a mí no me han amado nunca. ¡No bien he faltado en algo a una mujer, cuando ya me ha sustituido con otro amante!… Por consiguiente, todas se amaban a sí mismas, en lugar de amarme a mí…

-Permíteme que te interrumpa… (exclamó Luis, que hasta entonces había callado). -¿Te ha amado alguna mujer de cierta edad?

-Ya sabes… -dijo Alejandro con cierto rubor.

-Bien: la Baronesa del Cedro: treinta y cinco años… ; tipo fané… La acepto. -¿Y no has encontrado en ella ese amor rabioso, encarnizado, indestructible, que deseas?

-¡Qué disparate! En esa menos que en ninguna. ¡Y cuidado, que se muere por mí! Pero las mujeres de cierta edad… , no lo dudéis no aman tanto como parece. El último amor de las mujeres, su verano de San Martín, es un egoísmo, de su vanidad o de su temperamento, que no puede halagar a ningún hombre bien organizado. Notad, por de pronto, que en esos amores vespertinos siempre figura, un pollo, un adolescente, un colegial ¿Qué significa esto, sino que lo que ellas aman es el amor que se va, la belleza que se extingue, la juventud que desaparece? -¡Pero todo a costa del infeliz catecúmeno! -¡Ah!… no: ¡yo quiero una mujer que me dé su alma para pasto de mi vida; no un vampiro que chupe la sangre de mi corazón! Antes que amar, quiero ser amado. Quiero, en fin, ser lo que Faon para la poetisa de Lesbos, lo que Felipe el Hermoso para doña Juana la Loca, lo que Endymion fue para la Luna.

-¡Vamos! ya sé lo que ne

MoboReader, bring tons of novels with you.
Free toDescargar Manobook

cesitas (dijo Luis). -Consuélate, mi buen Alejandro. Una mujer como la que buscas no es difícil de encontrar. ¡Casualmente, o, por mejor decir, desgraciadamente, es el género que más abunda! Ni una idólatra de la materia como doña Juana, ni una poetisa sin suscritores como Saffo, ni una virgen clorótica como la Luna, puede ofrecerte el tesoro de amor que encontrarás en una fea.

-¡En una fea!

-¡Sí! ¡Adoración, sacrificios, holocaustos, rabiosos celos, hambres infinitas, apoteosis, canonizaciones y saltos de Leucades, todo, todo te lo ofrece la hijastra de la naturaleza! Figúrate lo que sería el mar, recibiendo todos los ríos de la tierra, si no emplease su caudal en alimentar las nubes.

- ¡Oh! ¡qué plétora de agua! -dijo Cipriano.

-¡Un Océano pletórico! Eso es una fea. -Ámala y verás. ¡Tendrás amor de sobra, amor de todas clases, amor a toda prueba! -Añade a estas ventajas la de que nadie te disputará su corazón; la de que, muerto tú, no se casará en segundas nupcias, y la de que, por el contrario, se comerá tus huesos, cómo Artemisa los de su marido…

-¡Basta! ¡basta! (gritó Alejandro, riéndose a más no poder).-¡Estoy convencido! -Mañana emprendo la conquista de… de…

-¡Procura que sea bastante fea!

-De… de Casimira Fernández.

-¿Cómo? ¿De la prima de Matilde?

-¿De la que la acompaña a todas partes?

-¡Precisamente!

-¡Jesús! ¡Esa es demasiado!

-Y demasiado recelosa…

-Y demasiado discreta…

-¡Nada! Lo he dicho.

-Pues no sabes lo que has dicho (repuso Luis).-Casimira es inexpugnable.

-¿Cómo?

-Lo que estás oyendo.

-¡Hombre! Siendo tan fea…

-¡Pues por eso mismo! -¿Cuál crees tú que es la mujer más difícil de la tierra?

-¿Cuál ha de ser? ¡Elisa! -suspiró Alejandro melancólicamente.

-¿Quién? ¿La de la calle del Príncipe? ¡Qué disparate! Ninguna mujer hermosa es inexpugnable. ¡Cuanto más bella, más cree en la verdad del sentimiento que la persigue; y la fe, como es ciega, suele tropezar y romperse la crisma! No, Alejandro: el Sebastopol de las mujeres no es, como se ha creído hasta aquí, una de esas reinas de la hermosura, a cuyo corazón no llega ni el grito de muerte de sus víctimas. La verdadera mujer inconquistable es aquella que nació y se crió fea; que sabe que lo es y vive encastillada en su propia desesperación; que tiene el bastante talento para comprender que no puede inspirar deseos, y la bastante dignidad para no mentirse a sí misma fingiendo creer la mentira ajena; que ansía el verdadero amor, y ya que no sacerdotisa, aspira a ser mártir de ese sentimiento; que poseedora, en fin, de un rico diamante envuelto en áspera corteza, prefiere encerrarlo consigo en la tumba a verlo brillar en el pecho de un libertino. -Tal es Casimira. Por eso creo que no la conquistarás.

-¡Te digo que la conquistaré!

-Creerá que te burlas de ella, y te dará calabazas…

-¡Calabazas de Casimira!

-Y tus amigos te silbarán cuando lo sepan…

-Y las muchachas te pondrán la cruz, como a un energúmeno…

-¡Repito que conquistaré a Casimira! -replicó Alejandro.

-¿Cómo?

-¡No sé!

-Necesitas convencerla de que te gusta…

-¡La convenceré!

-De que la crees hermosa…

-¡Se convencerá!

-¡Apuesto a que no!

-Lo que tú quieras.

-Mira que tiene muchísimo talento…

-Yo tengo mucha práctica.

-Pues apostemos tu cochecillo contra mi caballo inglés.

-Apostado.

-¿Qué tiempo te tomas?

-Ocho días (dijo Alejandro después de una pausa). -Dentro de ocho días hay baile en casa de la Baronesa del Cedro. ¡Allí os convenceré de que Casimira me ama!

- ¡No basta eso!

-¡De que Casimira es mi novia! ¡de que cree en mi amor! ¡de que lo acepta!

-Convenido.

-¡Ah! (exclamó nuestro héroe, restregándose las manos). -¡Cómo voy a humillar a la Baronesa, a Elisa y a Mariana! ¡Cuánto voy a divertirme! ¡Y qué hermoso caballo voy a ganar!

Y, diciendo esto, se encaminó al palco de Mariana, que estaba con las hijas del Embajador de… Tres Estrellas.

- III - El campo de batalla

Han pasado los ocho días del plazo de la apuesta. Estamos en casa de la Baronesa del Cedro.

Free toDescargar Manobook
(← Keyboard shortcut) Previous Contenidos (Keyboard shortcut →)
 Novels To Read Online Free

Escanea el código para descargar la aplicación Manobook.

Back to Top